Fidel Castro, deporte olímpico
El comandante Fidel Castro Ruz dejó una huella profunda, inmarcesible, en la historia universal en los siglos XX y XXI. Influyó en la política internacional de América y del mundo. El triunfo del héroe con su ejército rebelde en Sierra Maestra inflamó el espíritu de ...
El comandante Fidel Castro Ruz dejó una huella profunda, inmarcesible, en la historia universal en los siglos XX y XXI. Influyó en la política internacional de América y del mundo. El triunfo del héroe con su ejército rebelde en Sierra Maestra inflamó el espíritu de la juventud latinoamericana y de otras partes del mundo. Igual el verbo de Raúl Roa incendió espiritualmente a los estudiantes mexicanos en su discurso en la Facultad de Medicina. Fidel Castro provocó la tensión con Estados Unidos y parecía precipitarse un enfrentamiento entre un David, apoyado por la URSS, contra Goliath, pero al recrudecerse la Guerra Fría se respiraba en la atmósfera política el sentimiento de que el choque no llegaría jamás a producirse, había más tensión por parte del mundo occidental. Fidel se fosilizó en el poder, cambió el rumbo y acaso el destino del pueblo antillano y su personalidad al girar de héroe-líder a dictador moldeó a un enfoque controvertido fuera y dentro de la isla. Queda el pensamiento si la dignidad y el orgullo, reflejado en pobreza, equivocado o no, era a lo que más aspiraba el pueblo cubano. El comandante fue un transformador en la educación, en la ciencia, en el arte, en la política, en el deporte. En esta actividad tomó el modelo del sistema soviético que con tanto éxito practicó la desaparecida República Democrática Alemana.
El pueblo de los regímenes políticos pobres debe ser altamente disciplinado. Bajo esas condiciones que imperaron desde 1959, el juego y el deporte fueron más que una actividad de tiempo libre, fue un complemento de la sociedad, como pueden ser la agricultura, la pesca. Con la disciplina y la aportación de conocimientos de rusos y alemanes Cuba creó en el deporte un producto de la más alta calidad olímpica e internacional. En la mayor de Las Antillas el sacrificio fue la regla, como aquí la norma es el relajo, el engaño, la simulación.
En la dureza del sistema de Fidel Castro Ruz el deporte fue uno de sus más difíciles aciertos. Como en la URSS y la RDA, lo utilizó como un instrumento de propaganda que con sus triunfos reclamaba el éxito del sistema político y social. Cada atleta fue en su mayoría un ejemplo de dignidad y orgullo de Cuba y su sistema. En materia de educación y principalmente en medicina suplieron la falta de recursos con conocimientos, entrega y acendrado nacionalismo, y alcanzaron altos niveles.
Antes de la revolución el deporte cubano se identificaba con dos o tres figuras legendarias, Ramón Fonst, ganador de cuatro oros olímpicos en París, entonces de 16 años, y Saint Louis; y los campeones mundiales, el ajedrecista José Raúl Capablanca y el pugilista Kid Gavilán.
En Tokio, Enrique Figuerola obtiene plata en 100 m ante Bob Hayes, el más grande sprinter de la época. En 1970 arrolla y se encumbra en los Centroamericanos de Panamá, excepto en natación.
En el firmamento olímpico aparecen astros de primera magnitud: Alberto Juantorena Danger, oro en 400 y 800 m lisos en Montreal; los boxeadores Teófilo Stevenson y Félix Savón, con tres oros cada uno; María Colón, oro en jabalina; los tres oros del voleibol femenino en Barcelona, Atlanta, Sidney; los siete oros en boxeo en Barcelona.
Posiciones cimeras 4º lugar en Moscú 80 con 8-7-5; 5º. en Barcelona, con 14-6-11.
Con la desaparición física de Fidel Castro Ruz, el sentimiento del atletismo y el deporte isleño debe colocar un crespón de luto en la bandera nacional de Cuba.
