La revolución de Matías Almeyda
El 15 de septiembre de 2015, en uno de los momentos más complejos de su historia, Chivas oficializó a Almeyda como técnico; dos años más tarde recoge los frutos con cuatro títulos más en sus vitrinas

CIUDAD DE MÉXICO.
En medio del desconocimiento general, infinidad de críticas, con cuatro maletas de gran tamaño y dos mochilas, arribó hace dos años Matías Almeyda a Guadalajara. Según dijo, llegó sólo para platicar con la directiva rojiblanca de un club que en ese momento atravesaba una de las peores crisis de su historia, luchando por no descender.
Ante el descontento de gran parte de la afición y de algunos líderes del equipo, el argentino –el octavo en la historia tras José María Casullo, Héctor Rial, Miguel Ángel López, Osvaldo Ardiles, Ricardo Antonio La Volpe, Carlos Bustos y Óscar Ruggeri– fue presentado como el técnico 51 en la historia de Chivas, como el gran salvador del Rebaño.

Además de ofrecer trabajo, entrega y esfuerzo para sacar al conjunto tapatío de los problemas porcentuales, El Pelado prometió “despertar al gigante”. Asegura que lo logró.
Dos años después, Almeyda se ubica en el tercer puesto de los estrategas más ganadores del Rebaño con cuatro títulos (2 Copas, 1 Supercopa y 1 Liga MX), detrás del húngaro Árpád Fekete (2 Ligas y 2 Campeón de Campeones) y del mexicano Javier de la Torre (5 Ligas, 2 Copas, 4 Campeón de Campeones y 1 Copa de la Concacaf).
Aunque su inicio parecía de ensueño al debutar con triunfos ante Querétaro, América y Monterrey, cerró el torneo Apertura 2015 con tres partidos sin ganar, aunque, por contraparte, el 4 de noviembre alzó el título de la Copa MX ante el León en calidad de visitante. El gigante parecía despertar.
Con su primer título como rojiblanco, Almeyda comenzaba a gozar de la aprobación de su afición y del medio, pero un inicio incierto en el Clausura 2016, con seis empates y dos derrotas, abrió las heridas de un Rebaño aporreado que parecía estar condenado al descenso.
Fue ahí que la paciencia, poco antes vista en la directiva encabezada por Jorge Vergara, fue fundamental para la permanencia del timonel, quien con un gran verso y novedades en el trabajo diario fue cambiando la mentalidad del jugador rojiblanco. Por igual, fue contagiando a la directiva y a la afición al darle a Chivas un estilo de juego atractivo y eficaz que le permitió repuntar y meterse a la liguilla. Sin embargo, en los cuartos de final, fueron eliminado por el América, un nuevo golpe a su gestión.
Para el Apertura 2016 las cosas mejoraron. El Guadalajara tenía un estilo de juego definido, se había alejado de los puestos del descenso y Matías Almeyda ya tenía el control total del club, pues arriba de él sólo estaba Jorge Vergara. Ya no era únicamente el técnico del primer equipo, sino también el visor de las inferiores y el director deportivo. Todas las decisiones pasan por él.
Fue así que otra vez gozó las mieles de una liguilla, que rápidamente se amargó con una nueva eliminación ante el odiado rival: el América, otra vez en cuartos de final. Otro golpe fuerte que parecía derrumbar al gigante, el cual también cayó en la final de Copa MX ante el Querétaro. No obstante, dos meses después, el 10 de julio, le ganó el trofeo de la Supercopa MX, al Veracruz, para sumar su segundo título como rojiblanco.
Con la aprobación de su gente y ante el recelo de sus detractores, Almeyda abría el Clausura 2017 con la gran encomienda de ganar el título de Liga, la ansiada estrella 12.
10 años y cinco meses pasaron para que Chivas volviera a ser campeón de la Liga
Registró así su mejor arranque como técnico de las Chivas que rápidamente lo colocó como el máximo candidato al título, y entre los favoritos para llegar al banquillo de la Selección Mexicana.
En la Copa nuevamente encontró la fortuna y obtuvo el título, su tercero como pastor del Rebaño.


Sin embargo, cerró el torneo con cinco partidos sin victoria y en la liguilla eliminó al Atlas y al Toluca gracias a su posición en la tabla. Por fin, el Guadalajara estaba en la final de Liga ante unos Tigres que habían cerrado el torneo masacrando a todos sus rivales.
Jugando el papel de víctima, pero con un juego rápido y oportuno, el Rebaño sorteó 180 minutos angustiantes, emocionantes y no menos polémicos para alzar su título 12 y completar el doblete (Liga y Copa).
Matías Almeyda, aquel que llegó con grandes maletas cargadas de ilusión y con la promesa de despertar al gigante, ha cumplido. Sacó al equipo de los problemas porcentuales, reactivó las fuerzas básicas y le devolvió el brillo a la institución tapatía con la que cumple dos años de feliz matrimonio.
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