Pável Pardo, capitán sin memoria

El otrora volante del América dice que nada recuerda del duelo ante Necaxa, a causa de un golpe que recibió

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CIUDAD DE MÉXICO.

Minuto 12. Final de vuelta entre América y Necaxa, Verano 2002. Pável Pardo le gana la pelota con la cabeza a Luis Roberto Alves Zague, el pie de Duilio Davino golpea por accidente en la mandíbula del capitán del América, éste cae noqueado. El mediocampista termina el primer tiempo y después todo es como una hoja en blanco para él.

“Recibo un golpe de parte de mi compañero, Duilio Davino... era una pelota que le peleaba a Zague. Iba peleando el balón, me agacho un poco y Duilio, con el pie, me pega en la mandíbula, ahí tienes todos los nervios que llegan al cerebro y pues me noquea. De ahí, no me acuerdo absolutamente de nada. 

“Seguí jugando todo el primer tiempo. Duilio es el que se da cuenta de la situación. Empezó a notar que fallaba pases que normalmente no fallaba; y después yo le preguntaba en dónde tenía que jugar, que cuál era mi lugar, estaba perdido”, cuenta Pardo vía telefónica.

“En el mediotiempo (Manuel) Lapuente se me acerca y de ahí sí me acuerdo un poco; me preguntó: ‘¿Sí sabes dónde estamos?’, le respondía que estaba en el vestidor. Cerraba los ojos y miraba el techo, así me daba cuenta que estaba en los camerinos del Azteca. Me preguntó de nuevo: ‘¿Sí sabes qué estamos jugando?’ y le dije, no me acuerdo. Ahí Lapuente tomó la decisión de sacarme.

“Ya cuando estaba en el hospital, le dije a mi papá que mi idea era salir campeón y darle la Copa a Raúl Rodrigo Lara. Él era un americanista de hueso colorado, había salido del club, el más americanista de todos en el equipo. Mi intención era que Rodrigo recibiera esa copa. No sé si realmente lo hice”, relata Pável.

Cinco días después, Pardo despierta en un hospital del sur de la Ciudad de México, con sus papás al lado, y preguntando si aún está a tiempo de jugar la final de vuelta. Le enseñan los periódicos de la semana anterior, ahí se reconoce cargando la copa que terminaba con los 13 años sin título del América.

“Se jugó el segundo tiempo, se fue a tiempo extra y yo seguía en la banca, custodiado por el doctor del América. Salgo y recibo la Copa, pero de eso no me acuerdo. Lo que sí, es que me despierto y estoy en el hospital, ahí duré entre tres y cinco días, estaban mis papás. Mi papá me muestra el periódico y me dice que ya éramos campeones. Respondí: ‘¿cómo?, si no hemos jugado, perdimos 2-0 y falta la vuelta’. Él me contó que ya habíamos jugado, que ganamos el título y yo seguía aferrado que faltaba la vuelta.

“Los recuerdos que tengo son porque vi imágenes del partido, de la celebración. Es como una película, nada más recuerdo los ruidos de los doctores, las imágenes de cómo iba pasando a mi habitación, cómo me revisaban. Tenía inflamado el cerebro”, complementa el entonces capitán del América.

 “Mis compañeros fueron los que me llevaron porque yo no podía y nadie de las demás personas se dieron cuenta. Fue un gesto noble de todos ellos. En ese entonces yo era el capitán y cuando salí, (Iván) Zamorano se queda con el gafete. El equipo decide que yo tenía que recibir la Copa. Imagínate, después de una sequía de 13 años”.

Pardo había sido excluido por Javier Aguirre del Tricolor. Las Águilas se habían quedado sin seleccionados mexicanos, concentrados para el Mundial de Corea Japón 2002.

“Aguirre hizo una limpieza, porque estaba en una situación difícil tras el proceso con Enrique Meza; no me llama nunca más, me pierdo el Mundial, pero tenía la satisfacción de quedarme con un campeonato, que, aunque me acuerde poco, fue muy emotivo para mí. Fue mi oportunidad de ser campeón por primera vez en  mi vida”.