El camino a Grandes Ligas; Urías y Osuna, compañeros en sus inicios

El entrenador Víctor Páez recuerda cuando dirigió a los ahora ligamayoristas en una Olimpiada Nacional, en la que ganaron medalla de oro

thumb
Ver galería
thumb
Monarcas. La selección de Sinaloa ganó la medalla de oro en la Olimpiada Nacional 2007 con Julio Urías y Roberto Osuna entre sus jugadores. Fotos: Cortesía Víctor Páez
Ver galería
thumb
Julio Urías esperando sus alimentos durante una concentración de un representativo nacional infantil.
Ver galería
thumb
Roberto Osuna ya suma 55 salvamentos en su carrera en la Gran Carpa. Foto: AP
Ver galería
thumb
Julio Urías (izq.) junto al entrenador Víctor Páez y otro seleccionado.
Ver galería
thumb
Roberto Osuna representó a México en un Mundial infantil.
Ver galería

CIUDAD DE MÉXICO.

En 2007, Roberto Osuna y Julio César Urías fueron parte de la selección de Sinaloa, que consiguió la medalla de oro en la Olimpiada Nacional. Sólo nueve años después, los dos ocupan roles protagónicos en las Grandes Ligas.

Víctor Páez, quien fuera entrenador de ese representativo, puede presumir que tuvo juntos a dos brazos, que actualmente destacan en el mejor beisbol del mundo.

“Roberto y Julio fueron muy importantes para conseguir esa medalla de oro. Ambos lanzaron muy bien, ya desde ese entonces se les veía futuro como lanzadores, pero también bateando lograron grandes cosas. Roberto jugaba la primera base y Julio nos ayudaba mucho también en el jardín central”, recordó Páez.

“Ese año me tocó traer a la Selección Nacional, llevé a Roberto al mundial de Japón, donde fue pieza clave ganando el partido final, y al siguiente año, Julio ya fue conmigo a la Olimpiada Nacional, y luego a un Panamericano en Colombia”.

Páez recuerda con mucho cariño a Urías, quien este año debutó en Ligas Mayores con los Dodgers de Los Ángeles, y está cerca de poder abrir un partido en los playoffs.

“Era un niño muy bueno. Le echaba muchas ganas y se veía cómo disfrutaba el juego. Muchos teníamos la duda, qué tanto le iba a poder afectar la cuestión de su ojo para seguir progresando, pero qué va, pudo más su entrega y dedicación que otra cosa.

“Hace poco me lo encontré en Culiacán y como si no hubiera pasado el tiempo, me saludó con mucho afecto y creo que eso es bien importante para él. Siempre saber quién es y de dónde viene”, explicó el manager, quien se desempeña como docente en la Universidad Autónoma de Sinaloa, en Mazatlán.

El hoy cerrador de los Azuelejos de Toronto, con una carrera de ya 55 salvamentos en Grandes Ligas, era un niño muy inquieto.

“¡Era tremendo! No se aguantaba, andaba todo el día de un lado para el otro, cotorreaba con todo mundo, era muy amiguero, pero muy travieso también.

“Cuando están tanto tiempo contigo, los ves como si fueran tus hijos. Para mí ahora verlos triunfar es muy emocionante y para todos los muchachos que compartieron con ellos, y los papás de esos muchachos deben de sentir una gran emoción cada vez que los ven lanzar, porque realmente todos éramos parte de una gran familia”, señaló el entrador.

Páez afirma que veía en ambos un gran potencial para llegar a jugar beisbol profesional, pero da la mayor parte del crédito a los padres de ambos.

“Yo en Roberto sí lo veía mucho más, ya desde entonces lanzaba lumbre. Julio tenía muy buenas cosas, pero fue hasta después, como a los 13 años, que se empezó a poner más fuerte y ahí fue cuando despegó.

“A esa edad había otros chamacos que también eran muy buenos, creo que la gran diferencia fueron sus papás, personas que sabían de beisbol y que los fueron llevando poco a poco, que no los dejaron que perdieran nunca el piso y que estaban conscientes de sus capacidades”, dijo el exitoso manejador.

Osuna, oriundo de la zona cercana a Los Mochis, y Urías, del área de Culiacán, además de ser compañeros, también se enfrentaron en varias ocasiones en torneos estatales y de ligas. Este otoño la suerte los podría volver a enfrentar, ahora, en el escenario de una Serie Mundial.