Murió João Havelange, 1916-2016

El que fuera presidente de la FIFA de 1974 a 1998 e hiciera del futbol un negocio multimillonario falleció en su natal Río de janeiro

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Foto: AP
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CIUDAD DE MÉXICO.

João Havelange, quien fuera presidente de la FIFA de 1974 a 1998 falleció ayer en Río de Janeiro, su ciudad natal, a los 100 años. Inventó el futbol moderno, cuando la pelota rodó a la par de la mercadotecnia. Le abrió las puertas a los más altos jerarcas del mundo y de los negocios, con lo que hizo de cada Mundial un negocio multimillonario.

Exjugador de waterpolo y nadador, Havelange, que compitió por Brasil en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 y Helsinki 1952, fue el primer presidente no europeo de la FIFA, entidad que lo nombró presidente honorario, cargo al que renunció en 2013 por una tormenta de denuncias  por corrupción.

Vio cumplido uno de sus últimos sueños: ser anfitrión de los Juegos Olímpicos en su ciudad natal el año de su centenario. Su deceso ocurre justo a la mitad de Río 2016.

Hay quien piensa que hizo un bien al arrebatar el futbol del control europeo, pues hasta antes de él, el séptimo presidente de la FIFA, habían pasado tres ingleses, dos franceses y un belga.

MÉXICO Y OTROS AMIGOS

Le arrebató el futbol a Europa para enseñárselo a América y después al mundo”, afirma Rafael del Castillo, presidente de la Federación Mexicana de Futbol en los años 80 que entabló una gran amistad con Havelange.

Lo vi en julio en Brasil, ya estaba muy enfermo de una neumonía que lo aquejaba. Tuve la oportunidad de darle las gracias por el apoyo que demostró con México en la realización de los Mundiales, el juvenil de 1983 y el mayor de 1986. Ahora no se puede hacer mucho, sólo estar cerca telefónicamente con su esposa Ana María para que sienta el respaldo tanto de mi esposa como el mío”, relata Del Castillo, quien lo reconoce como su amigo.

Cuando me abrazó para decirme que el Mundial venía a México, fue cuando se convirtió en algo más que un colega”, refiere.

Su primer puente al negocio vino con las alianzas. Se hizo amigo de Horts Dassler, dueño de Adidas (marca que fabrica los balones de cada Mundial). Y así, en los estadios se bebía Coca-Cola, se sacaban fotos con Kodak, se pagaba con Visa y las televisiones se disputaban los derechos de transmisión. La era Havelange en el futbol en pleno apogeo.

ACUSADO DE CORRUPCIÓN

Cuando vino a México proyectaba una FIFA al futuro. Desgraciadamente hubo gente que lo engañó. Lo cierto es que él ya era rico antes de llegar a la FIFA, no como otros”, relata Rafael del Castillo.

El Parlamento de Brasil lo citó para aclarar acusaciones de tráfico de armas y de drogas. Nunca pisó la cárcel. Le dio a Estados Unidos el Mundial de 1994 y, aunque se fue en 1998, dejó la orden para que Corea y Japón organizaran el de 2002 y África el de 2010.

Finalmente, el futbol alcanzó hasta el último rincón del mundo gracias a Havelange, pero todo se vino abajo. Sus predecesores, su yerno Ricardo Texeira y su brazo derecho, Joseph Blatter, a quien dejó la FIFA, cayeron en desgracia, también acusados de corrupción.

Havelange cambió el futbol. Permitió que el dinero dominara al deporte, pero el balón se manchó por actos ilegales.

El Estadio Olímpico de Río 2016 lleva su nombre

Nadie parece extrañar al viejo João Havelange en el Estadio Olímpico, donde Usain Bolt y el británico Mo Farah brillan con luz propia. Nadie ha levantado la voz para pedir un minuto de silencio por el ayer carioca fallecido. De hecho, los jóvenes no conocen su historia, no saben que fue el hombre fuerte de la FIFA. Mucho menos que este estadio lleva su nombre.

Havelange ya no se nombra en el estadio”, responde Marcelo Laguna, editor del diario deportivo brasileño Lance!, que argumenta que el expresidente de la FIFA llegó a ser un hombre respetado en su natal Río de Janeiro, “pero nunca popular. Menos querido”. El Estadio Olímpico ha cambiado de nombre de acuerdo al humor de los políticos o la pasión de los cariocas.

En 2003 el Ayuntamiento de la ciudad decidió que el estadio a construir para 2007 en los Juegos Panamericanos se llamaría Joao Havelange. El pueblo no estaba a gusto, porque Havelange no tenía popularidad y menos con la mancha que le llegó por las acusaciones de corrupción”, cuenta Laguna.

Las autoridades no pudieron con la gente, que comenzó a llamar  al estadio “Engenhao” por así llamarse el barrio que rodea al inmueble.

En 2013 moriría Nilton Santos, aquel defensa tan bueno con los conocimientos de este deporte como con la pelota en las piernas.  Nilton jugó los Mundiales de Suiza 54, Suecia 58 y Chile 62. También lo hizo toda su vida con el Botafogo, equipo local del Estadio Olímpico.

Así que al estadio se le conoce como “Estadio Nilton Santos” o “Estadio Engenhao”, en su defecto.

El otro nombre, el oficial, “no se escucha”. Laguna rememora las noches de luto y llanto por Nilton, cuya estatua vigila la entrada del recinto: “Hay otras tres estatuas: Jairzinho, Garrincha y Zagallo.”

De Havelange no hay una placa.  Menos una estatua.

Anoche, los aficionados al atletismo volvieron a asomarse al estadio para celebrar a los atletas más altos, más fuertes y más rápidos.

Para Havelange, a quien se vela en esta ciudad y en privado, no hubo siquiera un minuto de silencio.

- JC Vargas / Enviado

Infantino le agradece

En Zúrich, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, agradeció al brasileño João Havelange a través de un sobrio comunicado.

En sus 24 años al frente de la FIFA, el futbol se convirtió en un deporte realmente global, alcanzó territorios nuevos y llegó hasta todos los rincones del mundo. La comunidad futbolística debe estar agradecida por ello”, señaló Infantino.

Por otra parte, si Havelange tuvo un enemigo, ese fue Diego Maradona. El astro argentino fue apartado de la Albiceleste en pleno Mundial de Estados Unidos 1994 tras dar positivo en el examen antidoping “Me cortaron las piernas”, declaró Maradona, a lo que el entonces presidente de la FIFA respondió: “Maradona es como un hijo para mí”. Pero la guerra de declaraciones siguió. En 1998,  Diego dijo: “No quiero que Havelange diga que me quiere como un padre. Yo no soy un hijo de puta”.

-DPA y De la Redacción