Dos décadas, 40 títulos; beneficio económico... y promesas de buen futbol

Los torneos cortos trajeron pros y contras. Los exdirectivos Toño García y Rafael Lebrija defienden sus posturas

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CIUDAD DE MÉXICO.

Era 1996, cuando culminó el último torneo largo. Entonces, el Necaxa aprovechó el reglamento y, con empatarle al Celaya, le bastó para ser campeón.

Las críticas fueron severas, también porque la gente demandó más espectáculo. El futbol mexicano entraría de pronto en la ebullición de los torneos cortos, a saber: más liguillas, más campeones y más promesas de buen futbol.

Veinte años después, el creador de toda la estructura, José Antonio García, por aquel tiempo presidente de la Primera División, sigue firme en su postura.

“Lo reconozco: fue una propuesta mía que se puso a consideración del Comité Directivo por medio de Juan Antonio Hernández, entonces directivo de Toros Neza. En el aspecto económico dio resultados. Tal vez en lo deportivo el desgaste es mayor por tener dos liguillas. Pero convenía”, señala.

Se copió el modelo del futbol argentino. A veces con 18 y otras con 20 equipos, pero los torneos cortos se fueron haciendo costumbre hasta causar en el aficionado la confusión de no recordar a tantos campeones.

Rafael Lebrija, exdirectivo del Toluca, señala que a pesar de que su club es el más ganador en estos certámenes, no es lo conveniente.

“Le hizo mucho daño al futbol mexicano esto de los torneos cortos. Urge mudarnos a los largos para dar oportunidad a los jóvenes y encarar adecuadamente las competencias internacionales, si quieren con liguilla, pero con una buena programación”, señala”.

En ese momento, los dueños estuvieron de acuerdo y no parece que quieran cambiar el sistema.

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