Figuras mexicanas en Río 2016: Nataly Michel supera la adversidad
La esgrimista realizará su debut olímpico en Río de Janeiro 2016 después de no lograr su clasificación para las justas de Beijing 2008 y Londres 2012

CIUDAD DE MÉXICO.
Encerrada en casa y deprimida por ver los Juegos Olímpicos de Londres a través de las transmisiones de televisión, Nataly Michel se enfrentó a una decisión que marcó su vida: estar cuatro años más en el deporte o enfocarse de lleno a sus estudios. Con la influencia de su madre, la esgrimista tapatía decidió emprender su tercer intento por clasificar a unos Juegos Olímpicos y logró su meta al ganar su pase a Río 2016.
“Estoy muy contenta de lograr la clasificación, porque son muchos años de preparación. Estoy comprometida con el trabajo que debo de hacer, porque a los Juegos Olímpicos sólo van las mejores”, dice Michel, especialista en florete y una de siete representantes que tendrá la esgrima nacional en Río 2016, el máximo número desde los Juegos de México 1968.
“Subí de escalón, pero este escalón también tiene muchas responsabilidades. Ahora se trata de hacer un buen papel, porque no sólo te representas a ti, sino a todo un país y hay que poner el nombre de México en alto”, explica la atleta de 26 años.
A la esgrima tricolor no se le auguran podios en Río 2016 por parte de las autoridades, pero estará sentando las bases en una disciplina que hace unos años pasaba inadvertida entre la delegación nacional y que ahora cuenta con una nueva generación en la que la más experimentada es Nataly Michel, y que aspira a un brillante futuro.
“Clasificar es muy difícil; sólo hay dos plazas para América y en el Preolímpico pueden ser una o dos; es un grupo muy pequeño de esgrimistas el que va a Olímpicos”.
Llegar a ese selecto grupo de invitados olímpicos requiere más que entrenamiento y preparación física, además de sortear dificultades como sucedió con Michel
“Hace cuatro años, en el Preolímpico para Londres 2012, estaba segura que era mi momento; había competido en los Juegos Panamericanos (Guadalajara 2011) y había sido medallista, había ganado dos preseas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe (Mayagüez 2010), y pensé que era mi ciclo, que tenía que ir a esos Olímpicos, pero no fue así”, recuerda la tapatía durante la entrevista en las instalaciones del Centro Nacional de Alto Rendimiento y Talentos Deportivos (CNAR) de la Ciudad de México, donde ha pulido su talento con miras a las magnas competencias brasileñas.
“Sí, hubo un momento en que caí en depresión y no quería salir de mi casa, no quería saber nada. Llegué a pensar en retirarme de la esgrima y dedicarme a la escuela”, admite con semblante serio. “Gracias a Dios, a mi familia, a mis amigos, a mis entrenadores que me impulsaron y me recordaron que mi sueño siempre fue ir a unos Juegos Olímpicos, que podía volverlo a intentar”.
Entre los miles de pensamientos que tuvo en aquel complicado 2012, llegó la sensatez del consejo de su madre. “Ella me dijo que buscáramos ayuda. Yo física, técnica y tácticamente me sentía bien, pero la verdad es que la mente te engaña, yo misma me puse piedritas. Cuando llegué con el sicólogo me dijo que sola me puse piedras, porque yo no me sentía capaz de representar a México en unos Juegos Olímpicos; pensaba inconscientemente que era un paquete muy enorme, no quería ir a los Juegos Olímpicos sin dar un gran resultado. Al momento de la competencia, esos pensamientos me atacaron y como no me sentía capaz, me vine abajo”.
En el nuevo trabajo con miras a ganar un pase a Río 2016 el aspecto sicológico tomó una gran importancia.
“Ahora disfruto mucho mis competencias, me pongo contenta al hacer combates, al entrenar. Los nervios siempre llegan, pero evito que me manejen, que me paralicen. Ahora veo un marcador en el que voy perdiendo y no pienso que es imposible remontar, me mando mensajes de tranquilidad y de que pueda remontar. Esa mentalidad hizo la diferencia”, asegura.
Los podios en Juegos Centroamericanos, y en Juegos Panamericanos, son sus argumentos en busca de pensar que las justas de Río 2016 pueden ser muy satisfactorias.
“Cuando vi que salió la lista de clasificados me sentí muy contenta, pensé que finalmente iba a Juegos Olímpicos, que nadie más podía estar en mi lugar. Fue un momento de gran euforia y de mucho ánimo para dar lo mejor de mí”.


EL EDITOR RECOMIENDA



