Roland Ratzenberger (El piloto olvidado)

A 22 años de la muerte del exconductor de la F1, su padre Rudolf recuerda los sueños de aquel austriaco que falleció un día antes que el legendario Ayrton Senna

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Rudolf Ratzenberger, de 82 años, guarda el casco que su hijo Roland utilizó en su breve paso por la Fórmula 1.
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Rudolf Ratzenberger, de 82 años, guarda el casco que su hijo Roland utilizó en su breve paso por la Fórmula 1.
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El padre del piloto guarda fotos, trofeos, gorras, chalecos y otros recuerdos de una carrera deportiva en karts, la F3 y la Fórmula 1. Fotos: Especial
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Cada 30 de abril, desde hace 22 años, el señor Rudolf visita la tumba de su hijo, en el cementerio de Maxglan, en la cercanía de Salzburgo.
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CIUDAD DE MÉXICO.

En Maxglan, cerca de Salzburgo, hay un panteón tan pequeño como el poblado austriaco. Adentro, desde hace 22 años, existe una lápida con el nombre de Roland Ratzenberger, una foto del hombre fallecido a los 33 años y una frase en alemán que reza: “Er lebte seinen Traum” (Vivió su sueño). Un casco en miniatura acusa la profesión. “Roland era piloto de autos y llegó a correr en la Fórmula 1. Murió en la misma pista que el tricampeón del mundo llamado Ayrton Senna”, comenta un anciano de 82 años. Tiene el mismo apellido del hombre ahí enterrado. Se llama Rudolf y es su padre.

Roland no fue un piloto famoso y mucho menos ídolo. Lo sabe su padre, a quien le asombra que le llamen, vía telefónica, desde México.

De hecho, Rudolf está acostumbrado a que la gente no recuerde el nombre del piloto fallecido 24 horas antes que Ayrton Senna. “Otros, incluso, olvidaron que murió un piloto en la misma competencia de Imola, Italia. Era el año 1994”.

Ayrton falleció el domingo 1 de mayo a bordo de un monoplaza de la escudería Renault. Roland, el piloto olvidado, falleció el sábado 30 de abril en las clasificaciones. ¿Su escudería?, otro fantasma: Simtek-Ford, empresa de bajos recursos que en dos años se declaró en bancarrota y sus activos fueron rematados. No logró siquiera un punto en sus dos años de existencia.

Como cada año, desde 1994, la familia Ratzenberger asiste a misa cada 30 de abril, por la mañana. La tarde se ocupa para visitar el solitario panteón cercano a Salzburgo, donde yacen los restos del mayor de sus hijos (las otras son Elizabeth y Gaby). Rudolf, el anciano de 82 años de edad y jubilado, sabe que ningún piloto de Fórmula 1 o siquiera un directivo se asomarán donde está enterrado el piloto austriaco. “Todos viajan a Sao Paulo, donde está enterrado Ayrton. Pero no hay resentimiento, es normal. Senna era el ídolo y campeón de la Fórmula 1, mi hijo tan sólo un desconocido con apenas una treintena de días (46) a bordo de un auto en la Fórmula 1. Siempre he estado consciente de la enorme distancia entre los dos”.

Rudolf y Margit viven en el departamento de Gorianstraße 15-5020, en Salzburgo. “Le pertenecía a Roland y decidimos mudarnos acá después de su muerte”. En el departamento, Rudolf guarda cascos, fotos, guantes, monos y otros objetos que utilizó Roland durante sus años como piloto de karts, la F3, sus años en Le Mans y sus 46 contados días en la Fórmula 1.

Rudolf está fuera del departamento cuando recibe la llamada de Excélsior, a 22 años de la muerte de su hijo en la pista de Imola. Dice que en estos días le han llamado de Inglaterra, Italia y Alemania. Nunca le habían marcado de un país tan lejano como México.

Su mente retrocede a mediados de marzo del 94, cuando vacacionaba en Puerto Vallarta con su esposa Margit. Un amigo austriaco es dueño de un hotel llamado Maximilian y lo había invitado. Roland era un piloto veterano de 33 años y súbitamente fue llamado para conducir uno de los monoplazas de la naciente escudería Simtek, equipo británico (simulation Technology)

fundado por Nick Wirth y Max Mosley, presidente de la FIA. Había poca inversión y pilotos como Andrea de Cesaris y Jean-Marc Gounon se negaron a participar por pocas libras esterlinas y nulas garantías de subir al podio.

Roland era ingeniero mecánico y había conocido al británico Max Mosley en sus correrías por Inglaterra. No tenía el dinero suficiente, pero consiguió el necesario para asegurar su participación como piloto de aquella escudería en las primeras cinco carreras. La invitación le llegó en edad tardía, pero el piloto de 33 años no quería desaprovechar la oportunidad de vivir el sueño (como reza su lápida) de competir en la Fórmula 1.

Roland Ratzenberger debutó en el Gran Premio de Brasil (Interlagos/27 de marzo) con el número 32 en su también debutante y lento monoplaza. Una mala tarde en el día de calificación y tendría que ver el triunfo del próximo campeón alemán de apellido Schumacher desde los pits.

La segunda fecha del año sería en Japón (Okayama/17 de abril), donde Roland había competido en la F3 y conocía la pista. Clasificó y logró la posición 11 en el segundo triunfo de Schummi. Aquella tarde de domingo habló por teléfono con su padre, quien seguía en Puerto Vallarta. Le decía: “papá, tuve mi primera carrera en la Fórmula 1. Estoy cerca de Ayrton (Senna). 1994 va a ser mi año”. Fue la última vez que los Ratzenberger tenían una conversación.

Dos semanas después, el 30 de abril de 1994, el austriaco perdería la vida en la prueba clasificatoria en Imola, Italia. El alerón de su monoplaza se había desprendido tras un roce con su coequipero David Brabham y el auto salía disparado contra el muro en la curva Villeneuve. Un golpe seco a más de 300 kilómetros por hora.

Rudolf, su padre, fue testigo a la distancia. “Habíamos regresado de México y encendí el televisor para ver la prueba de Imola. El cansancio y el cambio de horario hicieron que me durmiera frente a la televisión. De pronto escuché que el comentarista gritaba el nombre de mi hijo”.

Lo que el anciano vio en la televisión fue un auto en medio de la pista en San Marino, con el frente destruido y la cabeza de Roland recargada del lado izquierdo. Inerte. Ese día Ayrton Senna también lloró.

Es famoso el diálogo que tuvo el brasileño con el médico de la FIA. El doctor le decía a Senna que sería bueno que ambos dejaran la Fórmula 1 y dedicaran su retiro al golf. Senna le respondió que todavía no era el momento. Ayrton perdería la vida el 1 de mayo luego de perder el control del Renault y estrellarse en el muro llamado Tamburello. Todo el mundo se olvidó de Ratzenberger, quien simplemente se convirtió en el prólogo de una semana trágica en la Fórmula 1.

Rudolf y Margit viajaron a la morgue en Bolonia. Tenían que reclamar el cuerpo de su hijo. Al entrar al depósito, Rudolf miró a su hijo en la plancha. A unos metros estaba el cuerpo sin vida de Ayrton Senna. Rudolf recordaría lo entusiasmado que estaba su hijo, en la última conversación telefónica, de estar tan cerca de Ayrton, el ídolo de la F1. Irónicamente, esa tarde estaba más cerca que nunca.

Una enfermera descubriría en el overol de Senna una banderita de Austria. “Entendí que Ayrton pretendía rendir un homenaje a Roland, al terminar la carrera. Lamentablemente no lo pudo hacer”.

Aquellos cuerpos sin vida tomaron rumbos completamente distintos, separados por nueve mil 900 kilómetros. El de Ayrton, tres veces campeón del mundo, voló escoltado por aviones militares rumbo a Sao Paulo, donde el pueblo brasileño rompió en llanto. Hasta allá fueron Michael Schumacher, Alain Prost, los demás pilotos y dueños de escuderías, sin olvidar a los medios internacionales de comunicación.

A Roland lo llevaron sin mucho ruido a Salzburgo. Además de la familia Ratzenberger y algunos medios locales, se asomaron los pilotos austriacos Gerard Berger y Niki Lauda. También Max Mosley, presidente de la FIA, quien argumentó que “alguien tenía que acompañar al otro piloto fallecido”.

¿En estos 22 años, algún piloto o directivo ha visitado la tumba de su hijo?

Ninguno. Se ha convertido en un asunto familiar.

Y sin embargo, cada año el panteón donde está Ayrton Senna se satura de reporteros, fanáticos y expilotos.

No hay resentimiento. No esperaba algo distinto, pues sabíamos quién era Ayrton Senna y mi hijo era un desconocido en la Fórmula 1. Roland tenía treintaytantos días en un equipo tan novato como él. Incluso para los demás pilotos era un desconocido.

¿Conoce a los padres de Ayrton?

El año pasado se hizo un homenaje a Senna y Roland en la pista de Imola, donde fallecieron, por parte de la FIA y ahí tuve la oportunidad de conocerlos y agradecerle públicamente a Ayrton que pretendiera hacer un homenaje a mi hijo. El detalle de la banderita de Austria lo llevaré en mi corazón toda la vida.

También está agradecido con Niki Lauda.

Era el ídolo de mi Roland y tuvo el detalle de ir a su funeral y hablar ante los ahí reunidos. Darde la despedida.

Su hijo llegó tarde a la Fórmula 1 y en el momento equivocado.

Siempre he creído en que era su destino. A Margit le ha costado más trabajo aceptar su muerte.

Difícil de asimilar, a pesar del tiempo.

Para nosotros Roland no se ha ido. En 1994 se compró su departamento y, tras su muerte, decidimos mudarnos a él. Así lo sentimos más cerca.

De alguna manera, la gente recuerda a su hijo.

A lo largo de los años, la gente me ha mandado palabras de recuerdo. Antes eran cartas y ahora mensajes a mi correo electrónico. Este mes me hablaron por teléfono de Alemania, Inglaterra e Italia. Ahora estoy sorprendido que también me hablaran de México.

Fue mes y medio de Roland en la Fórmula 1. Como dice su lápida, vivió su sueño.

Ese fue su destino.