Atlante, un equipo de cuna humilde y orgullo azul grana
Surge como el equipo del pueblo en el que juegan “los prietitos”, muchachos de la Juárez y la Roma, barrios de terracería
CIUDAD DE MÉXICO.
¿Podría engañar el Atlante a todo el mundo con su centenario? La duda queda en el aire y sin registros definidos de su nacimiento. Una palomilla de amigos pobres que se juntaban en las colonias Juárez y Roma cuando eran terracería se dedicaron a hacer futbol y empezaron a competir.
“No se les niega su cuna humilde, pero aunque afirmen sin documentos que nacieron en 1916, lo cierto es que constitutivamente es el 8 de diciembre de 1918 cuando surgen como equipo de futbol. Hasta ese momento lo que hubieran hecho antes no tiene validez ante la federación”, señala el periodista e historiador de futbol Ricardo Salazar, que además se fundamenta en otro dato: “el más longevo es el América, fundado en octubre de 1916, y prueba de ello es que durante las temporadas de 1960 a 1964, al equipo que ascendía lo recibía en Primera División el club más viejo; por eso, cuando Pumas se estrena en la temporada 1962, abre con el América en CU”.
El hijo del general Núñez, José Manuel Núñez Ochoa, entiende que la concepción del Atlante en su nacimiento era el resultado de una gran ilusión. Muchos de esos jugadores apenas podían cumplir con su trabajo y el futbol.
“En los papeles de la época que tenemos aparece repetidamente el 18 de abril de 1916 en las reuniones. Quería ponerle yo el 30 de mayo, porque era el cumpleaños de mi padre, pero el 18 de abril era lo más exacto”, refiere.
A veces, hay tradiciones que valen más que cualquier sello, en eso se fundamenta el Atlante, en creer más con los ojos cerrados, en sentir. Lo cierto, es que a este pueblo azulgrana y nómada, -es el equipo con mas mudanzas en el futbol mexicano-, lo han hecho meterse el dolor en los huesos como motivo de orgullo.
José Antonio García fue presidente del equipo de 1987 a 2014, cuando se alejó de la institución, y afirma: “Les guste o no les guste, cumplimos 100 años; cómo esté y dónde esté, el Atlante seguirá en nuestros corazones”.
El Atlante es el resultado de un cúmulo de sueños y la venta de una vaca que era propiedad de Refugio Martínez, que junto a su hermano Agustín y el líder obrero Trinidad Martínez organizaron al equipo, pudiendo comprar los primeros uniformes para competir, “sin que existiera nada para demostrarlo”, dice José Antonio García.
“Muchos lo refutan porque hubo diferentes nombres, como el Sinaloa, el Lusitania o el U53; a final de cuentas era el Atlante, con otro nombre, pero jugando ya en 1916”.
Sin embargo, Ricardo Salazar defiende su versión con papeles en la mano.
“En 1969 celebraron el 50 aniversario en el Estadio Azteca, lo cual no coincidía, y para 1973 se retractan y celebran el 55 aniversario; es decir, ellos mismos reconocieron que nacieron en 1918”.
La magía de un sentimiento sobrevive sólo defendiéndolo ante cualquier adversidad, porque si no, se pierde por completo el perfume de la historia.
El Atlante, siempre valiente a pesar de las heridas, celebra su centenario en Cancún, su más reciente sede, en el Ascenso MX.
Historia llena de ídolos
Juan Carreño fue el primer ídolo que vistió la playera del Atlante y seguro fue uno de los primeros en todo el futbol mexicano. Con él comenzó una extensa lista de figuras que vistieron en azul y grana.
El Trompo Carreño, que fue un gran armador y motivador que tuvo su origen en el popular barrio de Tacubaya, se hizo inmortal con la casaca azulgrana. Apostaba contra los necaxistas pulques contra cervezas. Sin dinero en los bolsillos, eso los obligaba a ganar.
También fue el primer mexicano en marcar gol en Juegos Olímpicos (ante España, en una derrota de 7-1 en 1928) y en un Mundial (contra Francia, en un juego que terminó 4-1, en Uruguay 1930). Después de Carreño vinieron varios más. Incluso lo hizo Horacio Casarín, otro artillero de calidad también héroe del odiado Necaxa. Pero Casarín fue uno de los mejores.
“Siempre fue (el máximo ídolo del Atlante), tan es así que él mismo no se lo pudo quitar del corazón, a pesar de que el general no le respondió en la hora buena”, comenta José Manuel Núñez, hijo del General Núñez, que dirigió los destinos del club de 1935 a 1966.
Martí Ventolrá, Norberto Boggio, Rafael Puente, Nacho Basaguren, Manolete, Marcos Rivas, Eduardo Moses, Grzegorz Lato, Rubén Ayala, Cabinho, Ricardo La Volpe, Félix Fernández, Daniel Guzmán, Rubén Omar Romano, Wilson Graniolatti, Sebastián González, Luis Gabriel Rey, Federico Vilar y Giancarlo Maldonado son, entre muchísimos otros, futbolistas que nutren un gran grupo de ídolos del Atlante.
Palabra de hierro
“El Atlante ha sido sangre, sudor y lágrimas para todos los atlantistas, salvo los que estuvieron bajo la administración del Seguro Social”, explica José Manuel Núñez, hijo del general Núñez, para tratar de englobar cómo han sido los 100 años de la institución azulgrana. Incluso lo fue durante los 31 años que estuvo su padre en la institución.

José Manuel Núñez, el hijo del general, fue aguador del Atlante. Foto: Elizabeth Velázquez Ramírez
Hombre recio por su formación militar, temperamental e inclemente con sus contrincantes, Manolo, como le decían sus amigos, entre los que se encontraban los expresidentes Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho, dirigió los destinos del Atlante para salvarlo de la desaparición y administrarlo. Así obtuvo los títulos de 1940-41 y 1946-47 (el primero en su época profesional), pero también, más tarde, lo llevó hacia una medianía que hasta hoy lo afecta.
“En 1935 llegó Agustín González Escopeta junto a un militar del cual no recuerdo su nombre y hablaron con el general Núñez para decirle: ‘General, el Atlante está en peligro de desaparecer, no tienen dinero ni para las medias de los uniformes. Si no mete usted la mano, el club desaparece’. “Entonces mi padre habló con el general Cárdenas y éste le respondió: ‘Manolo, si dicen que el Atlante es del pueblo, pues debe seguir con el pueblo. Éntrele y hágase del control del equipo’. Aceptó, pero puso como condición que nadie contraviniera sus decisiones. Iba a ser voz y cerebro”, detalla el hijo del general. Dirigir a una institución ganadora fue algo que los endulzó para que continuara con el club. No sabía de futbol y, de hecho, nunca antes había asistido a un partido. Cuando notó los alcances de su puesto, se encariñó.

“Manolo, si dicen que el Atlante es del pueblo, pues debe seguir con el pueblo. Éntrele y hágase del control del equipo.” Lázaro Cárdenas entonces presidente de México. Foto: Archivo Excélsior
“Ser dueño de un equipo campeón viste a cualquiera”, agrega su vástago, que fue aguador oficial del equipo azulgrana.
Los años buenos fueron contados y su paso trascurrió entre subidas y bajadas. Se convirtió en un equipo de media tabla y eso llevó a que su afición se alejara de los estadios. Los huecos en las tribunas empezaron a aparecer a mediados de los años 60.
Que el general pidiera préstamos o empeñara las joyas de su esposa para pagar la nómina azulgrana fue un asunto que se hizo común, pero eso nunca lo hizo pensar en renunciar o cedérselo a la inversión privada. Si había comprometido su palabra, hizo todo lo posible por cumplirla.
El general Núñez aguantó hasta 1966 cuando entregó el control a Fernando González, quien a su vez cedió los derechos al IMSS en 1978. Ahí el Atlante vivió en la opulencia, aunque sólo por seis años.


