Leo Cuellar, el futbolista de melena y zapatos de plataforma

El también entrenador recuerda los tiempos de la Peque Rubio, los pantalones acampanados, los Pumas y, después, su llegada al Tri femenil

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"Enrique Borja me invitó a dirigir al equipo femenil en 1998 y desde el primer día encontré rechazo de algunos.” Leonardo Cuéllar/ extécnico del ‘tri’ femenil

CIUDAD DE MÉXICO. Era el año 1971, estudiantes del Politécnico y la Universidad salían a las calles para exigir libertad política, en Avándaro se lleva el primer festival de rock y aparece en la TV el primer sketch del Chavo del ocho. En el estadio Azteca brillan mujeres en calzoncillos corriendo tras el balón, lideradas por la Peque Rubio y la Pelé Vargas.

¿Mujeres en calzoncillos corriendo tras un balón y en el estadio Azteca? Entre los millones de paisanos mexicanos que miraban entretenidos a las chicas disputar la final ante las gigantes danesas, estaba un chamaco de 17 años y casquete corto, quien tenía un futuro brillante a la vuelta de la esquina. Se llama Leonardo Cuéllar y lo esperan los Juegos Olímpicos de Múnich 72, también los Pumas de CU y, más tarde, la propuesta de tomar un equipo de mujeres de distintas edades y calificarlas por primera vez a un Mundial.

A Leo le crecería la melena en honor a un rockero de piel negra y apellido Hendricks, usaría pantalones con campana de elefante, zapatos de plataforma o suecos, arete y camisas pegadas. En las canchas sería el primer futbolista atrevido en salir con zapatos blancos, cuando la cordura dictaba zapatillas negras y sin dibujos.

“Cuando regresé de los olímpicos y me integré a Pumas tenía 18 años y buscaba una imagen rebelde. Me quería dejar las patillas largas y el bigote, pero el entrenador don Ángel Zubieta no me dejó. Después apareció Carlito Peters, me dejé la melena y la barba y metí una grabadora gigante al vestidor. Peters no dijo nada, mientras mi comportamiento en la cancha fuera ejemplar”, cuenta Leo, 45 años más tarde.

Hablamos de un vestidor con música de rock y baladas en español, donde se brillaban personajes como Bora, Héctor Sanabria, Miguel Mejía Barón y Arturo Vázquez Ayala. Ellos miraban con agrado la desfachatez del jovencito de melena y habilidad en la cancha. Después llegaría un brasileño llamado Cabinho y el peruano JJ Muñante. “Muñante cambió el ritmo en los vestidores, el ruido era más tropicalón”.

Con un título puma (1977) y una  agridulce participación con el Tri en Argentina 78, Cuéllar se mudaría a California para jugar en el San Diego Soccer. Los gringos lo querían en la cancha y les interesaba que aportara sus conocimientos a los pequeños que asistían a los colegios.

“En California era común mirar equipos mixtos de futbol en los colegios, las niñas crecían pateando el balón y sin críticas machistas. Incluso mi mujer me pidió que le comprara zapatos con tacos para organizar un equipo con sus amigas”.

Sería otro puma quien le cambiara el destino a un Leo que pronto perdió la melena. En los años 90  Enrique Borja llegaba a la FMF y le pedía a Cuéllar  que se hiciera cargo de un grupo de chicas mexicanas que tendrían que enfrentarse a las argentinas en un repechaje para conseguir un boleto a un Mundial. Leo, sin melena ni pantalones de campana, hizo sus maletas para regresar a México. Pensaba encontrarse alguna Peque Rubio y revivir aquellos momentos emocionantes en el estadio Azteca.

La realidad fue distinta.

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Cuando Leo llegó al DF se encontró con 35 mujeres abajo de un camión y la orden de que tenían que viajar de inmediato al Centro Ceremonial Otomi. “La mitad de las mujeres no se querían subir al camión porque decían que yo no era su entrenador, que el sector amateur se haría cargo. Para muchos yo era un desconocido y un intruso. Se les dijo que la que no se subiera quedaría fuera, eran jovencitas y mujeres de treintaytantos años. Al final todas subieron al autobús. El siguiente problema es que nos mandaron a un lugar sin terreno plano para entrenar y sin porterías. Tuvimos que poner piedras como porterías, como en las cascaritas de barrio. Después, que no mandarían comida, por lo que tuve que ir al pueblo más cercano a hacer el mandado. Alguien no quería que las cosas salieran bien”.

Leo cuenta sus inicios, para que uno se dé cuenta que su camino en el balompié femenil no fue fácil”.

El técnico pediría apoyo a su amigo Fernando Corona para llevárselas a entrenar a Metepec, a hora y media del Centro Ceremonial Otomí.

Otro detalle: jugar ante Argentina con playeras, calzoncillos y zapatos de hombres, por lo que las chicas salieron en La Bombonera con camisetas como pijamas.

Leo recurrió a la charla motivaciónal para animar a sus jugadoras. Platicarles de los tiempos de la Primera Guerra Mundial y las británicas saltaban de las fábricas a las canchas, mientras sus hombres estaban en los campos de batalla. Les comentó que las inglesas no eran aceptadas del todo y que tenían que entrenar en campos de rugby. Que al final lograron fundar la English Ladies Football Asociation.

No se sabe si la charla fue clave, pero el Tri femenil venció a las argentinas por 3-1 en Toluca y 3-2 en territorio pampero. Las niñas de Leo estaban en un Mundial y el futuro les sonreía.

“En EU 1999 nos encontramos otra realidad: las brasileñas nos metieron siete goles, las alemanas cinco y dos las italianas. Tuvimos un gol de Maribel Domínguez. No estábamos preparados para ese nivel. Después logramos la plata en los Panamericanos de Canadá y me mudé de tiempo completo a México. Había que buscar fogueo y echar a andar un proyecto fuerte. Yo miraba que China, Estados Unidos, Alemania y Brasil tenían proyectos, infraestructura y ligas femeninas. Algo teníamos que hacer nosotros”.

¿Llegó a proponer algo parecido en México?

Parecía disco rayado. Cada vez que regresaba de un torneo proponía ligas e infraestructura. Me encontré con grupos de choque, con un futbol femenil de fin de semana y un sector dentro de la FMF con otras intenciones. Para muchos yo era un intruso.

Hasta que lograron su salida.

Después de 17 años pienso que mi salida es sana, ya me había convertido en un tiro al blanco para muchos. Ya no tenía apoyo, los medios de comunicación perdieron el interés de cubrir los partidos e incluso algunas jugadoras estaban confundidas. Recibí críticas de algunas y recordé la primera vez, cuando algunas no querían subirse al camión. Pensé que, tras 17 años de trabajo, el que debía bajarse del autobús era yo.

Fueron muchos años dedicados al futbol femenino.

De buscar talentos en pueblos, campos sin porterías, visorías de la nada, gente en contra.

¿Encontró alguna Peque Rubio?

Muchas jugadoras interesantes, Maribel, Fátima. En una ocasión, rumbo al Mundial varonil de Alemania 2006, La Volpe me pidió una jugadora de apoyo para una práctica y le mandé a Evelyn López. Ricardo me dijo maravillas de la jugadora.

Tuvo la oportunidad de dirigir a los Pumas.

Estuve cerca, en varias ocasiones. Al final no se dio porque algunos pensaron que, ¿cómo un entrenador de mujeres se haría cargo de los Pumas?

¿Si retrocediera a 1998 y Borja lo volviera a invitar?

Ha sido una experiencia maravillosa. Claro que volvería a aceptar, pero con cambios e infraestructura.

Todos culpaban a Leo.

Que quede claro que a partir de 2001 sólo me hice cargo del representativo nacional, pero no del desarrollo del balompié femenino. Un día, en televisión, dije que nadie estaba trabajando y que el asunto del futbol femenil estaba amañado con gente de pantalón largo. Los del sector aficionado se quejaron y me llamaron en la FMF a Consejo. Alberto de la Torre, entonces presidente, me dijo que yo tenía enemigos y que me dedicaría sólo al equipo mayor, que dejara para otros el desarrollo del balompié femenil en México.

¿Qué sigue?

Voy a buscar otros retos y lo que venga será bienvenido. Evaluar lo que hice y dejé de hacer. Aunque me voy en paz.

¿Oiga, que tuvo un león?

En mis tiempos de jugador con Pumas tuve al mismo tiempo siete perros afganos, dos gatos y un cachorro de león. Un día Leoncio apareció trepado en un árbol y decidí que era tiempo de mudanza. Se lo regalé al Alacrán Jiménez, entonces jugador del Cruz azul. Se lo llevó a un rancho en Monterrey.

¿La melena y los pantalones acampanados?

Eso es cosa del pasado. No me imagino cómo es que me atreví a salir así a la calle.