Impone su filosofía; entrevista con Javier Aguirre
El Vasco vive una aventura en los Emiratos Árabes, donde se reza cinco veces al día, se ayuna de sol a sol y se entrena en la madrugada. Ya ganó una copa

CIUDAD DE MÉXICO.
En Abu Dhabi, la población es pequeña: unas 600 mil personas (870 mil en todo el Emirato) con extranjeros, inmigrantes y residentes. Entre ellos, Javier Aguirre (Ciudad de México, 1958), técnico mexicano del Al Wahda, quien llegó hasta ahí no para sustituir ni tirar por tierra a nadie, sino más bien para hacerlo mejor, en una cultura de cinco rezos por día y el cumplimiento del Ramadán.
El año pasado, Aguirre tuvo que irse de la selección de Japón en medio de la investigación de un presunto amaño de partidos, entre el Zaragoza y el Levante. Cuando hubo que hacerlo, acudió con la autoridad y dio su versión de los hechos. Nada le impidió seguir entrenando.
Al poco tiempo llegaron ofertas de Medio Oriente, como de Grecia y España. Pero El Vasco eligió Arabia y entonces empezó de nuevo, igual que hace 40 años: con la idea de que el futbol sucede dos veces, en el mundo físico de las patadas y en el mundo mental de las emociones que se delegan. Recientemente, salió campeón en la Etisalat Cup de la Liga Árabe del Golfo y, a la distancia, comparte sus idas y vueltas con Excélsior, con nueve horas de diferencia.
Ganar te retroalimenta. No es fácil bajo ninguna circunstancia hacerlo. Ganamos la Copa, en la Liga estamos bien posicionados y tengo un grupo de jóvenes muy interesante de cara al futuro. Viene bien, porque el trabajo tiene su premio tarde o temprano. Fuimos muy duros en la pretemporada y cambiamos muchos hábitos que había en este grupo, pero logramos imponer una filosofía”.
¿Lo más difícil?
La barrera cultural. Darte cuenta que aquí, por cuestiones religiosas, son cinco rezos al día y de repente te toca en pleno partido. En la final, que empezaba a las siete y 20, coincidía la hora del calentamiento con el último rezo del día. Tuvimos que salir siete u ocho minutos tarde a estirar, porque los muchachos estaban rezando en el vestidor. Ocurre lo mismo con el Ramadán, un ayuno que es de sol a sol. Hasta que se pone el sol pueden tomar agua o ingerir alimentos. Entrenamos a las 11 de la noche, porque los muchachos van cenando a eso de las siete y en lo que hace digestión. Terminamos un día entrenando y empezamos el otro, porque a la una de la mañana acaba el entrenamiento. Son formas a las que no estás acostumbrado, pero en el fondo es futbol. Este equipo tiene muy buenas fuerzas básicas, aunque no se trabaja mucho con ellos. Hay que empezar con conceptos básicos en Primera División, cuando esperarías que ya tuvieran ciertos conocimientos individuales.
¿Cómo no involucrarse con esas costumbres?
A base de respeto, con eso todo se puede. Me tocó ser el extranjero en muchos lugares: España, Japón, ahora en Emiratos Árabes Unidos. Siempre fui con la mentalidad de adaptarme lo antes posible. Afortunadamente tengo cerca a mi mujer y buscamos integrarnos a la sociedad. A juzgar por cómo nos ha ido en el aspecto personal, han sido experiencias enriquecedoras. En España pasamos más de una década, 12-13 años en los cuales mis hijos pasaron por la secundaria, prepa y universidad, unos y otros. Ahora, nos toca estar solos.
¿Complicado el idioma?
Soy un tipo al que le gusta involucrarse con las personas. Entiendo que, antes de ser jugadores, son seres humanos. Me gusta mucho preguntar, indagar, participar un poco, para entender los porqués de lo que pasa en un partido. A diferencia de Japón, aquí casi toda la gente habla inglés. El 90 por ciento de la población de este país somos extranjeros de todas partes del mundo. El idioma es ése para los emiratís y facilita mi labor, pero me sigo apoyando en mi traductor, que es de Marruecos y habla árabe y castellano. Es difícil, pero la pelota es el idioma universal.
¿Tan universal como las mentadas de madre?
(Se ríe) Ésas siempre hacen mella, aunque fíjate que por cuestión cultural ellos no usan malas palabras. Lo tienen prohibido, por eso es difícil el insulto. El que es común en un partido de futbol es el ‘puta madre’ que te sale del alma, ese sí lo empiezan a aprender, sobre todo jugadores brasileños. En Japón no faltaba quien me imitaba ¡y me lo repetía! Son cosas bonitas, que te van haciendo parte de su grupo.
¿Qué me dice del momento por el que pasa su carrera?
Hasta ahora, me acuerdo más de las derrotas que de las victorias. Perdí una Copa del Rey, una Copa América y una Liga en México. Experiencias buenas y malas, que vas llevando contigo. Cronológicamente, está claro que mi carrera está más cerca del final que del comienzo, pero no lo sé. Cuando me llamaron de Inglaterra, estaba ocupado. Luego lo hicieron de la Championship,
de la Segunda División, pero no se dio. Estoy cómodo, renové hace un mes mi contrato por un año más. Me invitaron a ir a China, a la MLS, pero estaré aquí hasta 2017. Veré entonces cuál es el mejor escenario para continuar.
¿Regresar a México?
Sí, volveré. De momento no sabría decirte en qué función o en qué lugar, pero por supuesto que es mi sueño retirarme en mi país. Lo tengo muy presente.
¿Separarse del balón?
Alguna vez leí en un libro de anécdotas, de 11 personas, que escribió Vinicio Bravo, que cuando te retiras del futbol activo es como aquel reo que cumple condena y, después de 15 años, le abren las puertas y lo mandan a la calle. Estabas dentro, te daban todo, siempre acostumbrado a la rutina y de pronto te encontrabas en la calle, sin saber qué hacer. Yo realmente, que desde pequeño he estado ligado al futbol, casi sin pretenderlo fui reclutado por el América y mi destino estaba ahí. Después Miguel (Mejía Barón) me metió el gusanito de ser entrenador y desde entonces no he parado: tengo 57 años y llegué al América justo con 16: más de cuatro décadas vinculadas al futbol. He intentado poner un par de negocios con mi esposa, apoyar o buscar ser socio de algo, pero me he dado cuenta que no sirvo para eso. Lo mío es esto: el balón.
A Medio Oriente se han ido jugadores de élite, últimamente.
Se ha globalizado el futbol, efectivamente. Este año le tocó romper el mercado a China. Los americanos, la MLS, le pusieron pimienta hace un par de años. La clave está en lo que dejan estos jugadores, en lo que permean hacia abajo, en el trabajo de base. De nada sirve, por ejemplo, haber traído a Jorge Valdivia, que fue campeón con Chile en la Copa América, si los chiquitos de Al Wahda no se fijan cómo entrena ni tienen comunicación con él. No sólo es traer al gran jugador, pagarle bien, ganar algo y que se marche. Yo pienso que si pueden dejar escuela, y ser entrenadores inclusive, es la manera en cómo va a ir cambiando el estado de las cosas.
¿Cómo va el asunto legal en España?
Sigue su proceso, le llaman ‘proceso de instrucción’ del cual hemos sido parte 42 personas, entre testigos, árbitro, jugadores y cuerpo técnico de ambos equipos. Nos presentamos ante un juez, nos hizo preguntas y respondimos. Todavía están recabando información. Este mes precisamente pasarán los últimos, esto ya lleva más de 14 o 15 meses. En todo este tiempo, yo solamente estuve 15-20 minutos con la juez en Valencia y me queda esperar a que ella y el fiscal decidan si hay elementos para juicio o si se suspende el proceso. Mis abogados me dicen que esté tranquilo. A los jugadores yo los veo que siguen participando en sus equipos. Entiendo que son procesos lentos, que están indagando y ya está. Me toca esperar. Eso sí, dos cosas me han ayudado siempre: no mirar hacia atrás, no flagelarme por lo que pudo ser y no fue, y no vivir de los
recuerdos.
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