Castella corta oreja en la Plaza México

El francés logró el único trofeo en una tarde fría y con viento que se combinó con la irregularidad de los astados

Sebastián Castella cortó la única oreja en la octava corrida en la México. Foto: Elizabeth Velázquez Ramírez
Sebastián Castella cortó la única oreja en la octava corrida en la México. Foto: Elizabeth Velázquez Ramírez

CIUDAD DE MÉXICO.

El francés Sebastián Castella supo lidiar con el desigual juego de los toros de la ganadería de Xajay y salió como el triunfador en la tarda de ayer en la Plaza México, al cortar la única oreja en una faena de tres horas de frío intenso, no solamente en el clima, sino en el ruedo mismo.

El francés volvió a destacar en el coso de Insurgentes y cortó una oreja de peso, aunque el tendido solicitaba una segunda, gracias a las muchas virtudes de tauromaquia, aunque su segundo enemigo le dejó sin posibilidad de salir por la puerta grande.

Castella puso a la México de su lado con un suave capoteo seguido de un quite por chicuelinas al tercero de la tarde. Con la muleta plantó firme los pies, firmes también los trazos y mucha seguridad, a pesar de ser un toro difícil e irregular, sin embrago el galo le tomó bien la distancia y logró imponerse.

Abrochó con una gran estocada, contundente, que le valió el único trofeo de la tarde.

Su segundo enemigo no dio para el triunfo. De poca clase y echando la cara arriba, con pocas virtudes y corto de recorrido, y a pesar de que Castella le pidió paciencia al público para poder estructurar, era imposible hacerle faena al toro menos apto para un triunfo.

Por su parte, el rejoneador Jorge Hernández Gárate tuvo una actuación limpia, pero echada a perder por el poco empuje del primero de la tarde, y el mal uso del rejón de muerte evitó un previsible trofeo tras una monta con precisión y estilo.

El primer espada, Eulalio López Zotoluco, tuvo un enemigo para abrir algo deslucido, aunque tuvo con la mano derecha sus mejores momentos a pesar de las desiguales embestidas del de Xajay.

Su siguiente no valía el riesgo y decidió por irse pronto a la espada entre rechiflas de reprobación.

Finalmente, Diego Silveti tuvo problemas con el viento también, pero logró buenos momentos y petición de oreja que no fue concedida; con el último no gustó el trapío, y no gastó tiempo para irse en silencio.