Jonah Lomu, el deportista parecido a un tren de carga con zapatos de ballet

Se convirtió en la estrella de los All Blacks, la bestia del rugby y el Muhammad Ali de la tribu maorí. Un atleta que partió antes de tiempo

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Fotoarte: Daniel Rey / Fotos: AP

CIUDAD DE MÉXICO.

Dicen que cuando tienes los días contados, tu vida pasa en segundos por la mente. Así le pasó a Jonah Lomu en 2002, a los 27 años de edad, cuando los médicos de Auckland le confirmaron que padecía el síndrome nefrótico (una extraña enfermedad renal), que urgía un trasplante de riñón y que aquel pesado atleta maorí, de casi dos metros de estatura, terminaría postrado en una silla de ruedas. Que así lo encontraría la muerte.

Aunque no había ganado mundial alguno, Lomu era la estrella de los All Blacks, la bestia del rugby, el Muhammad Ali de la tribu maorí y el rival que preocupó a Nelson Mandela. Un ser extraño que poseía las tres características de los atletas rudos en este deporte: tamaño (1.96 metros de estatura), fuerza (120 kilos de músculo) y velocidad (10.8 segundos en los 100 metros). Algunos decían que era mitad oso y mitad guepardo. El australiano Peter FitzSimons, exjugador y periodista deportivo, comentaba que Lomu era “un tren de carga con zapatos de ballet”.

Acostumbrado a tumbar rivales en el césped, Lomu no se rindió. En lista de espera para recibir la donación de un riñón, el neozelandés tuvo que soportar un tratamiento de diálisis durante tres años, ocho horas diarias, seis noches por semana. Tiempo suficiente para recordar quién era y de dónde venía...

De la isla de Tonga

Lomu nació el 12 de mayo de 1975 en un suburbio obrero de Auckland, Nueva Zelanda, hijo de maorís polinesios procedentes de Tonga. Rodeado por un ambiente marginal, Jonah llegó a ser influenciado por el vandalismo. En etapa escolar frecuentemente se le vio involurado en peleas, ya que los chicos acudían a él porque era un ropero con fuertes brazos y piernas. Pasaba más tiempo en las comisarías que en su casa. Lomu, incluso, llegó a ver cómo mataban a su tío y un primo.

El “pequeño” Jonah, quien tenía los pies deformados porque no pudo permitirse un calzado de su tamaño durante la infancia, se marchó de su hogar a los 15 años tras no soportar los pleitos con su padre, un alcohólico que maltrataba a su madre. Aun así, sus padres habían encontrado empleos humildes, pero con suficiente paga para mandar a su hijo al internado Wesley College. Como en muchos colegios, ahí existía un equipo de rugby.

Un niño con tamaño de hombre no pasaría desapercibido por los entrenadores de aquel equipo estudiantil. Un conjunto en el que los pubertos aún no desarrollaban sus cuerpos, pero ya sufrían los atropellos al tratar de detener en campo abierto a un maorí que pronto se raparía la cabeza para dejar sólo un copete de cabello.

Él pretendía ser empleado bancario, pero los buscadores de talentos de los All Blacks tenían planeado otro futuro para Jonah Tali Lomu.

Lomu participó en las divisiones Sub 17 y Sub 19 del XV con la pluma impresa en el uniforme negro. Jonah era enorme y muy fuerte. En el colegio trabajó en la pista de tartán y llegó a desarrollar una velocidad digna de corredor de 100 metros planos (10.8 segundos).

Se trataba de una piedra en bruto que a los 19 años y 45 días de edad (ante Francia) se unía al temible XV de los All Blacks, selección de rugby de Nueva Zelanda que ha ganado en más ocasiones la Copa Mundial (1987, 2011 y 2015). Una selección mundialmente famosa por su haka Ka Mate y la actual  Kapa o Pango, danza mostrada en el campo de batalla, antes del partido, con el fin de intimidar al enemigo.

Lomu y Mandela

Aquel jovencito vestido de negro, con cabeza rapada y un mechón como copete, tenía 20 años de edad y el impacto suficiente para espantar a los rivales, primero, e irlos tumbando en fila, después. Los contrincantes lo recuerdan con el número 11 cubriendo esa descomunal espalda, abriendo los ojos como platos y sacando la lengua en la danza maorí.

Era el Mundial de Sudáfrica 1995, cuando el rubgy significó mucho más que encuentro de gigantes en calzoncillos. Como lo narra el escritor inglés John Carlin en su libro El Factor Humano (luego se convertiría en la película titulada Invictus), se trata de la historia de Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación aprisionada por el Apartheid.

Sudáfrica llegaba a la final y el oponente de ensueño era el XV de los All Blacks. Para el presidente Mandela y los millones de Spring-boks existía sólo un temor y ése era enfrentar al gigante de ébano llamado Jonah Lomu. El número 11 enemigo había logrado cuatro ensayos ante Inglaterra en la semifinal y se había convertido en la bestia que nadie quiere enfrentar en el campo de batalla.

El presidente Nelson Mandela bajó al césped para saludar a sus jugadores. También se detuvo frente al guerrero tribal llamado Lomu. Cruzaron algunas palabras. Aquella tarde, Sudáfrica daba la campanada al vencer a los All Blacks por 15-12, con una anotación en tiempo extra. Mandela tenía la paz y el máximo trofeo en casa. El rugby paría un ícono de ébano: Jonah Lomu.

Millonario y sin título

Lomu y los All Blacks participaron en el Mundial de Gales 1999, donde sólo alcanzaron la cuarta posición. Jonah nunca ganaría una Copa del Mundo, pero sus dos participaciones lo convertirían en el jugador con récord de ensayos en las Copas del Mundo, con 15 (marca empatada por el sudafricano Bryan Habana).

Calificado como el Muhammad Ali de la tribu Maorí, equipos de la NFL lo buscaron con jugosos contratos para convertirlo en corredor de poder (como aquel Earl Campbell de los Petroleros de Houston en los años 80). También clubes profesionales de rugby en Inglaterra y Francia querían hacerse de sus servicios. La única que consiguió la firma de aquel gigante fue la marca alemana Adidas, quien firmó un contrato por más de cinco millones de dólares al año.

El atleta firmaría constantemente actas de matrimonio y de divorcio. El ala de los All Blacks se casaría tres veces, la última con Nadene Quirk, exesposa de un jugador de Auckland. De ese amor nacieron Bradley y Dhyreille, de seis y cinco años de edad.

Con los días contados

En 2002, con los días contados por la amenaza llamada síndrome nefrótico, la silla de ruedas como futuro y a la espera de un donador de riñón, Jonah se alejó momentáneamente del rugby. El se sometió a eternas diálisis (ocho horas diarias, seis noches a la semana) durante tres años. Como lo muestra en un video de Adidas (Impossible is Nothing) logró sobreponerse momentáneamente para volver a jugar. En 2004 Grant Kereama, locutor de radio y amigo del corredor, donaba el riñón esperado. Lomu volvió a caminar.

Y no sólo eso. Volvió para jugar a nivel de clubes con Cardiff Blues de Gales (2005-06), North Harbour de Nueva Zelanda (2006-07) y Marseille Vitrolles de Francia (2009-10). Su sueño era volver con los All Blacks, pero el tratamiento minó sus piernas y perdió fortaleza y la velocidad. Aquél bisonte no lo era más.

Irónico. En 2011, mientras los All Blacks lograban su segunda Copa del Mundo ante Francia por 8-7, en casa, Lomu tenía una recaída  y era ingresado al Auckland Healt Board por espacio de 16 días. Cuatro años después, en la Copa Mundial de Inglaterra 2015, Nueva Zelanda consigue su tercer título, sobre Australia por 34-17. El pasado 18 de noviembre Lomu pierde la vida.

La última aparición pública de Jonah Lomu fue durante la Copa del Mundo en Inglaterra, el mes pasado, durante una haka (danza maorí) pública en territorio mundialista. Se nota al público sorprendido al descubrir que entre los guerreros maorís aparece un hombre delgado y de movimientos torpes, listo para hacer la danza de la vida y la muerte.

El hombre de 40 años de edad muestra dolor en el rostro. Entre viejas marcas de batallas está aquel hombro dislocado, una cicatriz en la cabeza y los dedos deformados de los pies, de aquellos años de adolescente. Trata de llevar el ritmo de los otros guerreros, intenta abrir los ojos como platos y sacar la lengua como la tradición maorí obliga. Lomu ya no es aquel tren de carga con zapatos de ballet. Mitad oso, mitad guepardo.

Jonah Tali Lomu perdía la última batalla.