Un sueño increíble para el jinete mexicano Víctor Espinoza
El ganador de la Triple Corona cuenta a Excélsior que conquistar dicho titulo fue el premio a una ardua labor que lleva desde los 15 años
CIUDAD DE MÉXICO, 9 de junio.- Víctor Espinoza (Tulancingo, Hidalgo, 23 de mayo de 1972) ya es un habitante distinguido en Estados Unidos, contesta el teléfono con apuración porque va camino a un nuevo show de televisión. La vida le cambió desde que el sábado cuando, montando a American Pharoah, conquistó la Triple Corona por primera vez en 37 años. Él tiene 42, lo hizo en su tercer intento y dice que a la única persona a la que le debe agradecer es a sí mismo.
Nunca tuve planeado ser jinete, sabes que las cosas se hacen por necesidad y no porque a uno le gusten”, dice en conversación telefónica con Excélsior. “Cuando tomé esta carrera empecé a ver cómo estaban las cosas, trabajé mucho, a veces sin descanso. He sido yo mismo mi propia ayuda, lo hice por sobresalir, por trabajar. Desde que tenía 15 años hasta hoy no he podido descansar, a veces quisiera irme de vacaciones y no se puede”.
Espinoza tardó 146 segundos el sábado para imponerse en Belmont Stakes y firmar la Triple Corona (ganar el mismo año las carreras del Derby de Kentucky, Preakness Stakes y Belmont) que se le negó en 2002 y 2014.
Cuando llegué aquí (Belmont Stakes) en 2002 me quedó una buena y mala experiencia. Buena de que pude llegar, mala de que no pude ganar porque el caballo se tropezó en la arrancada. Me quedó una cosa, como un sueño, de que tenía que lograrlo”, confiesa.
En 2002 se visualizó, pensó en viajar y tomar vacaciones, pero no ganó. En 2014 dos personas le dijeron que no ganaría, y así sucedió. Ahora se refugió en sí mismo, sólo planeó la carrera, toda la gente le dijo que podía lograrlo, y así fue.
Estaba acostumbrado a que me iba a casa y se acababa todo; ahorita todo es increíble, ni yo me creo que la he ganado”, comparte. “Fue un poco de suerte y tener un caballo campeón como American Pharoah”, resume.
Espinoza vive lo que no imaginaba, pero tiene claro que las circunstancias, necesidades y las oportunidades lo han puesto en este lugar. “No han sido las cosas fáciles”, advierte al ser cuestionado sobre su historia. “Lo más complicado es el peso, la segunda los sacrificios y la tercera es que uno no tiene una vida de hacer lo que uno quiere”.
El jinete lleva una historia de inmigrante. A los 12 años pasó de Tulancingo a la Ciudad de México, incursionó en el mundo de los caballos, aprendió a montar y llegó a ser cobrador de camiones, pero su verdadero destino estaba desde los 15 años en Estados Unidos.
Siento que uno es de donde nace. Estoy orgulloso de ser mexicano”, admite mientras cuenta que su hermano le ha dicho que hasta el presidente Enrique Peña Nieto lo felicitó por Twitter. “Llevo 12 años sin ir a México, ahora que tenga tiempo me encantaría ir”.
Víctor es un hombre enigmático, de frases cortas. Le apena hablar de que dona sus ganancias a la lucha contra el cáncer infantil sin que tenga una historia familiar con este mal.
Por eso no tengo dinero”, dice. “Mucha gente sólo piensa en el dinero y no en cosas importantes como el cáncer de los niños a los siete u ocho años, a esa edad no tienen futuro y están alegres, no están pensando en cómo ganar más. Para mí lo más importante es la salud, con que yo vaya al día está bien”, dice, antes de prometer que su futuro como jinete“seguirá mientras esté saludable, sólo sé eso; no tengo más planes”.


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