Fábrica de campeones; ¿qué hay detrás de un monoplaza de F1?
Visitamos el cuartel general del equipo Infiniti Red Bull Racing, en Milton Keynes, Inglaterra, para conocer los secretos de su nuevo bólido, el RB11, que inicia en el restirador de Adrian Newey
MILTON KEYNES, Inglaterra, 11 de marzo.- No hay, no existe, simplemente no se ha creado un deporte más sofisticado que la Fórmula 1.
Más de seis décadas de evolución le han permitido al entramado de la máxima categoría llegar a donde otros deportes nunca podrán evolucionar. Las razones son muchas, pero intentando hacer un ejercicio de simplificación, podemos resumirlas en dos: algunos no pueden y el resto no tiene interés de hacerlo, pues de intentarlo correrían el riesgo de perder a las nutridas masas de aficionados que hoy los encumbran por su sencillez.
La F1 no es así y en el pecado lleva la penitencia. Su exclusividad, altos costos y complejidad la hacen incuestionablemente un deporte de élite, el pináculo del automovilismo.
Una visita de ensueño por las instalaciones del equipo Infiniti Red Bull Racing, donde se han fabricado algunos de los autos más fascinantes y poderosos en la historia reciente del Gran Circo, consolidó esta idea.
La fábrica del equipo en Milton Keynes, situada a casi una hora de Londres y que llegó a cambiar las reglas de este deporte hace poco más de diez años, es la instalación más importante a varios kilómetros a la redonda, herencia de Jackie Stewart y del fallido proyecto de Ford que intentó llevar a la gloria a la marca Jaguar.
La cultura inglesa que salpica cada rincón de este pequeño poblado, demasiado tranquilo para quienes están acostumbrados al ruido de las grandes ciudades, inyecta el estilo british al ADN del Infiniti Red Bull, que camuflado en esta aparente paz vive bajo un estado permanente de guerra.
Milton Keynes es el cuartel perfecto para quienes necesitan la paz y el sigilo de una guarida indispensable en una industria que funciona con estándares propios de la milicia y del servicio secreto.
Detrás de las alas
La recepción no era lo que esperábamos. En lugar de una seductora chica rodeada por trofeos en paredes de cristal encontramos triplay y los vestigios del trabajo de algunos carpinteros. Los de Red Bull no son paranoicos de a gratis, pues hace apenas unos meses rompieron la entrada para robar la
enorme sala de trofeos ubicada en la recepción.
Al paso de unas semanas los trofeos se recuperaron, pero la confianza no, así que se han reforzado las medidas de seguridad, ya que aquí se fabrican algo más que bebidas energéticas.
Curiosos, nos detuvimos frente a la oficina de Christian Horner, el responsable de cuadrar las más de 16 mil perfectas piezas que se necesitan para armar un auto de Fórmula 1 como éste. La logística e ingenio para hacerlo son impresionantes.
Ésta no se parece a ninguna fábrica de autos del mundo, a pesar de que el principio es el mismo, aquí la innovación está por encima de los procesos.
Los laboratorios son más grandes que las líneas de producción, que lucen más como quirófanos que como líneas de ensamble, toda vez que para que una pieza finalmente llegue al auto deben pasar miles de horas de desarrollo.
En las semanas previas a que arranque la temporada cada minuto de trabajo cuenta, todos piensan como ingenieros, pero marchan como pequeñas hormigas en plan de conquista, el gimnasio de la fábrica luce vacío pues el tiempo apremia y cientos de cambios se gestionan tan sólo en unas semanas, una vez que el auto sale a la pista comienza la cuenta regresiva y los cambios no podrán gestionarse ni con la misma libertad ni al mismo ritmo.
En el edificio de manufactura, la fibra de carbono es más común que la lámina; el magnesio, aluminio y otros materiales, que parecerían más propios de una nave espacial que de un auto, están por todos lados; la pintura tiene muy poco peso, la leyenda de las flechas plateadas de Mercedes (quienes despintaron sus autos para hacerlos más ligeros) en este equipo se ha llevado a su máxima expresión. No creen en el futuro, crean el futuro.
Son amigables, pero sigilosos, la visita guiada no es algo que se vea todos los días, hay puertas y compuertas por todos lados pues ni el frío ni la información se pueden colar. Hay que abrir y cerrar hasta para mover un tornillo.
Los modelos a escala son útiles para acelerar las pruebas de cada componente y perfeccionar el infalible método de prueba y error; aunque también utilizan modelos hechos por computadora, algunos de ellos impresos en 3D, cocinados con precisión milimétrica, muestra de la pasión por la perfección que se vive en esta fábrica.
Ubicado a unos quince minutos de la sala en la que se explica cómo se prueban todos y cada uno de los componentes del auto, se encuentra el sofisticado túnel de viento, uno de los pocos que hay en el mundo, aquí no se escatima en nada.
Saliendo de las oficinas, cuyos colores se han combinado a la perfección con el de las latas, alfombras grises y paredes azules, caminamos a través de un pasillo hacia lo que parecen unos hornos, perfectamente cubiertos de acero. Vimos tres versiones de las esquinas del alerón delantero, todas lucían idénticas, la diferencia es la cantidad de ensambles que la conforman: ahí nos explicaron que la que mandaron a los primeros entrenamientos del año es una sola pieza y no varias, pues así han logrado que sea más ligera y resistente. Aquí está la respuesta a cómo construyeron la suerte de Vettel, para que luego de un impacto el auto del que salieran volando pedazos fuera el de su rival y no del de tetracampeón alemán.
Los detalles hacen la diferencia y aquí lo saben, por eso analizan hasta los más mínimos rincones del monoplaza, su trabajo consiste en todos los días imaginar una mejor forma de construir el arma más perfecta de la categoría.
El primero de los RB11 que salió este año de la fábrica no portaba los colores del equipo, en su lugar había un camuflaje en blanco y negro, característico de los prototipos de modelos de calle, tal vez herencia de su relación con Infiniti.
La razón fue que el auto estuvo armado al cien por ciento hasta llegar a la pista y no por falta de tiempo sino porque todas las partes se integran hasta que el arma se dispara, esto incluye al motor, que no se hace en Inglaterra sino en París, Francia.
Las carreras se ganan desde la fábrica. Hacer un monoplaza de Fórmula 1 es un trabajo como pocos y al ver cómo lo gestionan aquí, es fácil entender de dónde vienen los resultados, nada se deja a la suerte, nada es aproximado, todo debe ser fuerte, ligero y preciso.
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