CIUDAD DE MÉXICO, 3 de septiembre.- Personas iban y venían en la cancha del Estadio Maracaná porque no  encontraban la camilla de auxilios. El portero Roberto Rojas era llevado en vilo por casi todos sus compañeros al vestidor con una profunda herida en la sien izquierda que le entintaba de sangre la cara, el cuello y el suéter. Una bengala tirada desde la tribuna, se dijo, le había impactado, provocando que Chile abandonara el partido por falta de garantías cuando se jugaba la calificación al Mundial de Italia 1990 contra Brasil.

La farsa fue descubierta al día siguiente. Hace 25 años, el 3 de septiembre de 1989, Roberto Rojas quedó marcado para siempre y fue suspendido de por vida. En 2007 se le otorgó una amnistía, pero el futbol ya estaba lejos de su vida. Fingió el daño cuando él mismo se cortó con una navaja de afeitar que guardó en su guante, adherida con una cinta, como si se tratara de un luchador que busca hacerse fama en una arena de mala monta. Cuando encontró el momento propicio, a los 70 minutos de aquel partido que Chile perdía 1-0 con Brasil, sacó la cuchilla y se abrió la carne. Pero fue evidenciado por el fotógrafo argentino Ricardo Alfieri, que entonces trabajaba para El Gráfico, lo que se conoció como El Bengalazo.

“Era un ambiente complicado, los dos equipos se jugaban mucho”, comenta Alfieri para Excélsior. “Se ve que los chilenos planificaron la descalificación de Brasil de alguna manera, y eso era que alguien del público tirara cualquier cosa. El complot era entre Orlando Aravena, el técnico, el capitán Astorgo y Roberto Cóndor Rojas. Yo iba con un amigo fotógrafo, Paulo Texeira, que me preguntó mi opinión; le dije que yo intuía que la bengala no le pegó y se fue directo con los periodistas brasileños que se agolpaban a la puerta del vestuario de Chile. Sucede que la televisión no tomó nada ni los 170 fotógrafos que estuvieron aquel día, fui el único que por fortuna estuvo en el lugar exacto.”

Hoy, Roberto Rojas padece hepatitis C y pasa su vida entre su casa y los hospitales; necesita con urgencia un trasplante de hígado, pero aún no encuentra donador. No es que sea señalado como el único culpable, pero arrastra una vergonzosa mancha. “No sólo me corté la cara esa vez, me corté la vida. Tuve problemas con todos, familiares, amigos, ciudadanos; mis compañeros de equipo me dieron la espalda. Qué es lo que voy a conmemorar, no hay nada que recordar, es una fecha desagradable”, dijo en días pasados el Cóndor Rojas a medios de su país.

Alfieri, en cambio, ofrece su versión de los hechos.

“Nunca quise perjudicar a Rojas, sólo hice mi trabajo de forma profesional. En Chile me decían que estaba comprado por la FIFA, pero las fotografías revelaron lo que creí ver de golpe: que la bengala le cayó a más de un metro de distancia.”

El ambiente previo a ese partido, sin embargo, no favoreció el ambiente. El entonces técnico de Brasil, Sebastiao Lazaroni, advirtió antes de la llegada de los chilenos a Río: “He preparado a mi equipo para una guerra”.

La selección roja se instaló a una hora y media del estadio y fue custodiada por artemarcialistas que antes del partido tuvieron que repeler a algunos fanáticos enrarecidos por una extraña rivalidad entre países que normalmente no se odiaban por el futbol.

Se dice que Roberto Rojas, horas antes el encuentro, comunicó al capitán Fernando Astengo y al técnico Orlando Aravena su intención de crear un incidente autoflagelándose para buscar un tercer partido en campo neutral y así tener más opciones.

“El caos era general. Todos nos fuimos engañados en el momento. Yo mismo sabía que la bengala no le había pegado, pero no me podía explicar cómo es que iba todo sangrado. Cuando suspendieron el partido no era un asunto menor. Brasil se quedaría fuera por primera vez del Mundial y todos andaban muy nerviosos. Al momento que me entrevistan en la televisión se dan cuenta las autoridades de la Conmebol y de repente me llegan dos guardaespaldas enormes para que los acompañara. Me llevaron con el presidente del organismo Nicolás Leoz y con Ricardo Texeira.”

En ese juego Rojas hizo tres atajadas extraordinarias. Lo conocían bien, pues jugaba para el Sao Paulo, pero no pudo con un disparo de Careca a pase de Bebeto. Chile se lanzó al frente. Fue cuando una chica de 24 años, que después posaría en  Playboy, tiró la bengala al campo. A partir de entonces, a Rosenery Mello do Nacimento se le conoció como
A Fogueteira do Maracaná.

El árbitro de aquel partido, Juan Loustau, detuvo el juego.

“La bengala le cayó en la espalda, Rojas no la vio, aprovechó cuando salió una humareda de unos dos metros para tirarse. Se armó un escándalo hasta que él reconoció lo de la cuchilla dentro del guante. Un programa de su país le pagó un dineral por declararlo”, relata Alfieri, hijo del notable fotógrafo del mismo nombre.

En el vestidor, Rojas recibió cinco puntadas de sutura. Cuando la Confederación Brasileña de Futbol presentó las fotos de Alfieri como pruebas a la FIFA, el portero empezó a contradecirse.

Las pistas condujeron a la verdad y a las suspensiones. Fernando Astorga, jugador de la selección, el técnico Orlando Aravena y Sergio Stoppel, presidente de la Asociación de Futbol de Chile, y desde luego Roberto Rojas, fueron suspendidos de por vida del futbol.