RÍO DE JANEIRO, 21 de junio.- Sí, en Brasil, el país que inventó y llevó el mundo la micro tanga, el fio dental, está prohibido, más que prohibido, está penado que las mujeres enseñen o muestren integralmente los pechos en la playa.

Hacer topless  en Copacabana o en Ipanema, dos de las playas más famosas del mundo, es considerado un “atentado al pudor”.

¿Cuestión de moral?

O ¿simple pecado?

Hay que recordar que Brasil es el país con más católicos en el mundo. 74 por ciento de los 200 millones de habitantes se declaran católicos, a pesar del enorme crecimiento que en las últimas décadas han observado las iglesias cristianas y otras denominaciones.             

Aquí, en Brasil, sólo siete por ciento de la población es agnóstica. No tiene dios.

Dos datos pueden ilustrar la fe de este pueblo. La monumental estatua de El Cristo Redentor, ubicado en el cerro de Corcovado,  es considerada una de las nuevas maravillas del mundo.

Y es desde ahí donde el Cristo preside, resguarda, vigila a todo Río de Janeiro y a los cariocas.

El otro es la reciente visita del papa Francisco donde, en la playa de Copacabana, encabezó una oración a la que asistieron tres millones de personas con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.

Según estimaciones de la alcaldía y de la policía de Río de Janeiro ese acto representó casi el doble de los 1.6 millones que estuvieron en un concierto de los Rolling Stones en 2006, y equivale a la cantidad de personas que celebraron la llegada en el 2000 del nuevo milenio.

Así que en Río de Janeiro que la playa y la religión vayan, a veces de la mano, no resulta extraño.

Mostrar los pechos en la playa, sin embargo, puede terminar mal, o al menos en una comisaría de la policía local.

El último caso ocurrió hace un par de meses, cuando en diciembre llegó el verano. La actriz Cristina Flores posaba para una sesión de fotos en la playa.

Había poca gente, pero cuando se quitó la parte de arriba del biquini se presentaron allí en pocos segundos tres policías. Fue detenida.

La acción pretendía llamar la atención sobre una norma que data de 1940 y estipula una pena de entre tres meses a un año de prisión o una multa para lo que se considera un “gesto obsceno”.

Una paradoja para aquellos que piensan en Río como la ciudad del Carnaval, donde las mujeres caminan casi desnudas por el Sambódromo del  Marquês de Sapucaí.

Así que ya lo sabe.

Quién quiera quitarse la parte de arriba del biquini en Brasil sin meterse en líos deberá irse con sus ganas a otra parte.

Aunque, bueno, muchos más, no encuentran nada de qué quejarse.

Las brasileñas disfrutan mostrar su cuerpo. Así sea sólo una parte….