FORTALEZA, 17 de junio.- Ubicada al norte del territorio brasileño, ésta es considerada una de las tres ciudades más importantes de la nación sudamericana.
La capital del estado de Ceará cuenta con muchos kilómetros de playa y con un clima caluroso, algo que lo ha convertido en una atracción turística para los extranjeros, pero también en un escenario ideal para el crecimiento de la delincuencia.

Las hermosas playas, que no le envidian nada a las mejores del mundo, contrastan con el alto índice de asaltos y robo a mano armada de los que son víctimas los turistas. Las playas de Iracema y do Futuro son las más concurridas, pero también las más peligrosas. Un visitante difícilmente pasa desapercibido por los amantes de lo ajeno y por tal razón no se puede andar sólo caminando por la noche. Después de las seis de la tarde, los habitantes de Fortaleza sugieren sólo salir en taxi, de los hoteles.

En el día parecen ser playas sin amenaza alguna y donde uno puede percatarse de la gran cultura que tienes los brasileños de cuidar su cuerpo y modelarlo.

En Praia Iracema, muy cerca del fan fest, mujeres en diminutos trajes de baño caminan por las extensas y anchurosas playas, gente corriendo, niños jugando futbol de arena y kilómetros de palapas adornan a una ciudad de Fortaleza que de noche parece ser otra historia, un víacrucis para los turistas que transitan por la “vía costera”.

Pero ahora justamente en pleno mundial los periodistas también ha sido objeto de atracos a plena luz del día. Un fotógrafo extranjero fue despojado de sus instrumentos de trabajo y fue en una de las playas cercanas al hotel de concentración de la Selección Mexicana, donde la policía local no se encontraba.

Así cómo hay complejos hoteleros lujosos en Fortaleza, hay lugares muy pobres y peligrosos, a tan sólo dos cuadras de distancia, lugares donde ni siquiera sirve el alumbrado público y mucho menos hay presencia policiaca.

Y precisamente uno de los barrios o favelas más peligrosos de la cruda Fortaleza está muy cercana al Estadio Castelao. Cuando uno se acerca al inmueble mundialista, hay paredes pintadas con frases como “FIFA go home” y múltiples reclamos al gobierno brasileño. Incluso, el taxista que nos llevó al colosal escenario nos sugirió no caminar en los alrededores del Castelao, ni en el día ni en la noche.