CIUDAD DE MÉXICO, 3 de abril.- La eliminación de Brasil en la primera ronda del Mundial de Inglaterra 1966 resultó un golpe tan duro en el ánimo de los habitantes del país sudamericano, que llegaron a pensar que la magia de su representativo se había terminado. El pesimismo era demasiado, alimentado no sólo por el bajo nivel que demostraron sus jugadores y la pobre táctica del estratega Vicente Feola, sino también por la negativa de Edson Arantes do Nascimento de volver a vestir la verdeamarelha ante el desastre. Pero el ambiente tenía que cambiar. La dictadura militar brasileña lo demandaba.

Los dos títulos obtenidos en Suecia 1958 y Chile 1962 habían logrado que la selección amazónica se convirtiera en la consentida de su pueblo y lo que menos necesitaba la gente en el poder es que el humor social decayera. Joao Havelange, presidente de la Confederación Brasileña de Futbol (CBF) fue presionado para avivar el futbol de la verdeamarelha y no se escatimó en nada para que volviera a los primeros planos. Un cetro más, apoyado en un robusto aparato propagandístico, serviría para legitimar a los gobernantes.

Havelange, que desaba acabar con los cuestionamientos surgidos en la prensa, decidió echar mano del entrenador  y periodista Joao Saldanha, un autodidacta que creó el mejor Botafogo de la historia, el que ganó el campeonato carioca en 1957. Pero erró en su apuesta. Juan sin miedo, como el pueblo nombró al estratega, se echó encima a todo mundo, incluido a Pelé. Era problemático, borracho, de Río de Janeiro, algo que no era bien visto en Sao Paulo, un improvisado tácticamente, a decir de técnicos de la época, un hablador y, principalmente, una persona con ideas de izquierda. De sus ideas futbolísticas que llevaron a su equipo a recuperar el respeto en Sudamérica y el mundo entero, poco se menciona.

El distanciamiento con el crack parecía un buen argumento para alejar al técnico del banquillo, pero su cese se dio por otras circunstancias, a sus diferencias con el general Emilio Garrastazu Médici, quien asumió la presidencia de Brasil en 1969. El Presidente creía saber mucho de futbol, pensaba que su jugador favorito Darío Maravilha, a quien  no tomaba en cuenta, debía suplir al lesionado Tostao (que se desprendió la retina a cinco meses de que iniciara el Mundial) y eso llevó a que la relación con el timonel fuera insoportable.

Yo no le digo a usted a quién tiene que nombrar en sus ministerios, y usted no tiene que decirme a quién debo nombrar en mi equipo”, comentó Saldanha para atajar las críticas que profirió hacia su persona el militar. A mediados de marzo de 1970 Brasil buscaba un nuevo técnico.

Ante la salida de Saldanha, la apuesta fue por Mario Zagallo, un técnico que no había mostrado una tendencia política clara, que contaba con un carácter más manejable que su antecesor y que tenía un mayor reconocimiento entre su gremio. Se pensó que afinaría lo que trabajó Saldanha y, en efecto, lo logró. Para su bien, su antecesor le había allanado el camino, con un grupo que había recuperado la confianza y su futbol.

El mayor logro del Lobo Zagallo fue conjuntar a los mejores 10 brasileños en un mismo once, Pelé (Santos), Jairzinho (Botafogo), Gerson (Sao Paulo), Tostao (Cruzeiro) y Rivelino (Corinthians). Un plantel descomunal.

Félix, Carlos Alberto, Brito, Piazza, Everaldo, Clodoaldo, Gerson, Jairzinho, Tostao, Pelé y Rivelino conformaron el once que enamoró a México, el del futbol infinito, el que encumbró el Jogo Bonito.  

En la primera ronda, Brasil venció a Checoslovaquia (4-1), a la vigente campeona del mundo Inglaterra (1-0), con Bobby Charlton como su estandarte, y a Rumania (3-2). 

En los cuartos de final, le tocó enfrentarse al Perú de Héctor Chumpitaz y Teófilo Cubillas, para doblegarlo 4-2, en una muestra de poder que le dio el impuso para encarar de mejor forma el resto del Mundial. 

En semifinales se cruzó con Uruguay, triunfo a favor de 3-1, en un partido que quedó marcado por una jugada de Pelé, en la que se quitó a Ladislao Mazurkiewicz con una finta, pero que acabó con un remate desviado.

En la final, Brasil goleó 4-1 a Italia de Dino Zoff y Gianni Rivera en la cancha del estadio Azteca, el 21 de junio de 1970, para completar un gran torneo y quedarse a perpetuidad con la Copa Jules Rimet.

La victoria extraordinaria de Brasil fue la victoria del futbol. Del futbol que Brasil juega sin copiar a nadie, haciendo del arte de sus jugadores su fuerza mayor e imponiendo al mundo futbolístico su estilo. Que no precisa seguir el esquema de otros”, escribió Saldanha en O Globo un día después.

 

En los reinos de la magia

Garry Jenkins se transforma en aquel niño que se deslumbra por Pelé, Tostao y Rivelino. Cuando el  Azteca se convirtió en el ombligo del mundo

Dylan Thomas no podía recordar si había nevado por seis días cuando tenía 12 años o si había nevado 12 días cuando tenía seis.

“Mis recuerdos del clima en Gales durante el verano de 1970 están así de enredados. Mi pueblo, como es el caso, a una docena de kilómetros al oeste de Laugharne, pudo haber sido consumido por las nubes, como de costumbre, o pudo fácilmente haber sido presa de una ola de calor anormal. Realmente no tengo ni idea.

“Sin embargo, la meteorología de las ciudades mexicanas de León, Guadalajara y la Ciudad de México era otra cosa. Recuerdo que en Guadalajara, poco después del medio día del 7 de junio de ese año, la temperatura alcanzó 36 grados centígrados. Lo sé porque Bobby Charlton perdió cuatro kilos y medio debido al sudor.

“[…] En junio de 1970 yo era un niño de 12 años obsesionado con las Copas del Mundo. Si mi padre lo permitía, pasaba mucho tiempo frente a nuestra nueva televisión a color. Rusia vs. México, Inglaterra vs. Checoslovaquia y Rumania, resúmenes de Israel vs. Italia, entre otros. El poco rato libre lo dedicaba a leer publicaciones como Goal, Footbal Monthly o el viejo Daily Mirror.

“[…] El futbol internacional se había convertido en una especie de droga desde que tenía siete años. Por supuesto, lo que desató todo fue la Copa del Mundo previa, la de Inglaterra. Desde entonces me emocioné al ver por la tele un Celtic vs. Inter de Milán y un Manchester United vs. Benfica. Gracias a mi padre pude ir a ver la victoria del Carfiff City 1-0 sobre Amancio, Gento y los dioses del Real Madrid en unos cuartos de final de la Recopa de Europa con 47 mil 500 espectadores en el Estadio Ninian Park.    

“Sin embargo, México marcó el nacimiento de una nueva y más emocionante era, y no sólo porque fue el primer Mundial que se transmitió en vivo desde el otro lado del mundo en gloriosos colores, sino porque un hombre, un equipo elevó ese torneo a los reinos de la magia.

“En retrospectiva parece natural que Pelé y la selección brasileña de 1970 hubieran llegado a la sala de mi casa un año después de que el hombre pisara la Luna. Tostao y Gérson, Jairzinho y Carlos Alberto, Rivelino y Clodoaldo compartieron mucho más que su número con Neil Armstrong y su equipo. Brasil fue, después del Apolo 11, el gran evento de la nueva era telecultural.”

 

 *Fragmentos del Prólogo de
The Beautiful Team. Traducción: Fernando Islas.

 

LA FIGURA

Edson Arantes

El último Mundial que jugó Edson Arantes do Nascimento Pelé fue el que disputó en México 1970.

Tras el fiasco que resultó jugar el Mundial de Inglaterra 1966, el goleador había decidido no volver a jugar con la selección de Brasil, pero reviró en su decisión para sumar su tercera Copa del Mundo. En nuestro país se consolidó su leyenda.

Si bien sólo marcó cuatro tantos, seis menos que el alemán Gerd Müeller, el líder de la tabla de goleo, su labor se destacó por su generación de juego ofensivo, al lado de una generación única de futbolistas. Tomó el liderazgo entre cracks para encaminar a su selección a una nueva corona mundial.