CIUDAD DE MÉXICO, 14 de marzo.- Cuando vuela la noticia de que ha muerto Jerzy Hausleber (septiembre de 1931 en Polonia a marzo de 2014 en el Distrito Federal), de inmediato saltan a la memoria rostros y apellidos de chamacos que se hicieron hombres bajo la tutela del entrenador polaco: Pedraza, Bautista, González, Canto, Mercenario, Segura...

Un paro cardiorrespiratorio le puso fin, ayer, a una vida dedicada a la marcha mexicana. Tenía 83 años de edad. Pocas personas en el mundo pueden presumirse causantes de que un país esté entre a los máximos podios mundiales. Hausleber lo hizo.

Lo hizo en un país de orígenes y cultura distintos, se encargó de revolucionar las ideas y sistemas de entrenamiento. Los resultados fueron medallas olímpicas, mundiales, de Copa del Mundo, Panamericanas y Centroamericanas durante 40 años. Los registros oficiales indican que sus pupilos ganaron 118 preseas en las competencias internacionales.

Fue en 1966 cuando Jerzy llegó a territorio mexicano, después de que en Polonia perteneció a las fuerzas armadas durante la Segunda Guerra Mundial. Dos años duró en combate y estuvo cerca de llegar hasta Berlín cuando cayó el régimen nazi y con éste la pretensión de Adolfo Hitler de instaurar su Tercer Reich en Europa.

 Hausleber fue parte de un proyecto que buscaba hacer despuntar al deporte nacional contratando entrenadores internacionales que dieran resultados en México 1968. Fueron siete los instructores traídos a México por el general José de Jesús Clark Flores, entonces presidente del Comité Olímpico Mexicano para distintos deportes.

Rusos, italianos, británicos y hasta neozelandeses habían tenido éxito en Juegos Olímpicos pasados en las pruebas de marcha. Pero había un pequeño problema, a la caminata no se le consideraba un deporte digno de ser practicado; el machismo prefería al boxeo y sólo seis atletas comenzaron entrenando con el profesor Hausleber, quien llegó a México un 30 de mayo, fecha que siempre recordó con exactitud.

Uno de esos primeros pupilos fue el sargento José Pedraza, aquel hombre que protagonizó una épica remontada en la pista de Ciudad Universitaria en el 68 para hacerse de la plata en los dramáticos de 20 kilómetros.

Luego vinieron las medallas olímpicas de Daniel Bautista en Montreal 76 (con récord mundial), Raúl González y Ernesto Canto en Los Ángeles 84, Carlos Mercenario en Barcelona 92 y Bernardo Segura en Atlanta 96. Hausleber había pasado de entrenador a héroe.

Tres oros olímpicos, dos en mundiales y 12 en la Copa del Mundo son algunos de los logros de este entrenador, que se naturalizó mexicano en 1984 y recibió la condecoración del Águila Azteca en 1993 y en dos ocasiones el Premio Nacional de Deportes, en 1995 y 2011, aunque en esta última sus hijos no lo dejaron ir a la ceremonia de entrega porque, al ser segunda vez que lo ganaba, no recibió el premio económico de 500 mil pesos.

El retiro de Hausleber desmoronó también la marcha mexicana, que no gana una medalla olímpica desde hace 14 años y no tiene podio mundial desde hace cinco. Nunca volvió a haber un entrenador con la autoridad del polaco, a quien problemas del corazón y la rodilla le complicaron sus últimos años de vida.

Hausleber concedió a Excélsior una entrevista (20 de noviembre de 2011)  en la que señalaba a Veracruz como su lugar favorito. “Tal vez porque soy un hombre de puerto y sobre todo porque el veracruzano siempre tiene tiempo para el tiempo libre. Esa es una gran virtud, no un defecto”.

No es coincidencia su cariño por el puerto jarocho, ya que la primera vez que el polaco pisó territorio mexicano (1949) fue precisamente ahí. De hecho, uno de sus sueños era terminar sus días en Veracruz.

En aquellos años Hausleber era parte de la fuerza naval polaca.  Las películas de la época de oro del cine nacional y los libros de historia eran sus referentes sobre el lugar donde viviría las siguientes décadas hasta su muerte.

 

Sus medallistas lo despiden

Daniel Bautista y Ernesto Canto, ambos campeones olímpicos, encabezaron el grupo de ex deportistas que acudieron ayer por la tarde a la funeraria donde fue velado Jerzy Hausleber. También se presentaron, y montaron una guardia de menos de 15 minutos, el director de Conade, Jesús Mena, y el presidente del Comité Olímpico Mexicano, Carlos Padilla.

El cuerpo de Hausleber fue ingresado a la capilla, de inmediato ingresaron familiares. Luego de una breve guardia de honor, salieron Mena y Padilla, además de familiares.

Tendrá un par de homenajes la próxima semana, por ahora agradezco las muestras de apoyo y admiración”, dijo Andrés Hausleber, hijo del mítico entrenador. “Era un mito que tenía una beca vitalicia. El sexenio pasado dijeron que se la darían pero nunca sucedió”, se quejó.

Mena precisó que Hausleber nunca fue abandonado, pues recibía del gobierno mexicano, a través de Conade, un sueldo mensual de 29 mil 800 pesos, chofer, gastos médicos y enfermera. Además, el COM pagó los servicios funerarios de Hausleber.

Más que el dinero y los homenajes, la mejor manera de recordarlo es volviendo a trabajar en la marcha como él lo hacía”, dijo Daniel Bautista, oro olímpico en 1976. “Fue un gran ser humano, muy exigente y justo durante toda su vida”, afirmó Ernesto Canto, oro en 1984.

Al funeral también acudieron el ex clavadista Fernando Platas, los ex boxeadores Joaquín Rocha y Juan Paredes, además de los marchistas Germán Sánchez, Martín Bermúdez, el entrenador Adrián Navarro y el entrenador de fondo Tadeuz Kempka.