CIUDAD DE MÉXICO, 11 de marzo.- De Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí i Domench se dijo en su momento que fue pintor, escultor, grabador, escenógrafo, escritor, excéntrico, genio y loco. De lo que poco se sabe es que Dalí jugó a ser portero, antes de crear relojes blandos y bestias de largas extremidades.

 Si bien no hay fotografía o documento que avalen la teoría, existió su amistad en la infancia con Emilio Sagi Liñán y Josep Samitier, en aquellos tiempos futuros jugadores del Barcelona. Había un tercer amigo al que llamaban Piera.

El excéntrico Dalí platicaba en contadas ocasiones que era la reencarnación de su hermano Salvador Galo Anselmo, idea que le metieron en la cabeza sus padres Salvador y Felipa frente a la cripta del niño fallecido. La otra charla era en la que él se recordaba con pantaloncillos cortos, guantes, rodilleras y boina al estilo Ricardo Zamora, antes de que el Divino se asomara en las porterías españolas.

El Salvador Dalí en la memoria era un chiquillo de piernas flacas, un objeto redondo en sus manos y crisis de personalidad. No tenía bigote. Introvertido aún, prefería alejarse del barullo protegiéndose bajo la soledad de los tres palos. Sin embargo llevó franca amistad con Emilio Sagi y Josep Samitier, así como Piera, del que poco se supo después.

Soñaban con ser futbolistas. Sagi y Samitier lo consiguieron. El primero se convirtió en extremo del Barcelona en los años 20, protagonista del primer título liguero del conjunto culé. Nacido en Argentina de manera circunstancial, Sagi llegó a vestir la casaca de la selección española. El otro, Samitier, no sólo vestiría los colores del conjunto blaugrana. También llegó a dirigir al cuadro catalán.

¿Dalí? El texto del periodista deportivo y escritor español José Antonio Martín (El futbol tiene música) retrata muy bien lo que ocurrió con el niño que jugaba a ser portero: “Pero una tarde se puso una chalina, una corbata ancha y una boina. Como un figurín del siglo XIX se fue a Madrid y dejó en una percha de Cadaqués sus guantes, sus rodilleras y su gorrilla de portero. No se puso más entre los tres palos. Mató al portero”.

A los 12 años, Salvador Dalí conoció la pintura contemporánea y a los 14 participó en exposiciones colectivas en Figueras y Barcelona. Su cancha sería el surrealismo.

Así como se le alargaron las extremidades a las bestias que plasmaba, a Salvador Dalí le crecieron los pantalones y el bigote. Y mientras Sagi y Samitier buscaban la gloria con los colores azul y grana, Dalí se convertía en aquel genio y loco que no tenía nada de chico introvertido.

Dalí, a su manera, tuvo acercamiento con el Barcelona y otros clubes, cuando Sagi y Samitier ya habían partido al otro mundo. Su aparición blaugrana ocurrió en 1974, cuando se le encargó al artista la elaboración de un cartel conmemorativo del 75 aniversario del conjunto catalán.

Posteriormente, en 1977 el modesto club Saint Andreu, que pasaba por una profunda crisis económica, recurrió y solicitó al pintor la elaboración de un cuadro cuyos beneficios serían destinados a las arcas del equipo. De esta manera, Dalí creó el cuadro Gol.

Y por último, en 1986, con motivo de la inauguración del estadio Municipal de Figueres -con un partido entre el equipo local y el Barcelona- se elaboró el cartel anunciador recurriendo a sus Els Atletes Cosmics.