CIUDAD DE MÉXICO, 28 de enero.- Este libro contiene 50 historias inéditas del Club Guadalajara, es el primer tomo porque el segundo se está cocinando. No sólo eso, aparecen fotos nunca antes vistas, guardadas celosamente por los familiares de los jugadores que pasaron por el Rebaño Sagrado. Es, en teoría, un baluarte histórico, culpabilidad de un obsesivo fanático del equipo tapatío: Joel González.

Ahí aparecen fotos en convivencias familiares, padres e hijos que defenderían la misma playera rayada, boletos históricos de partidos, el contrato de Juan Bigotón Jasso, la estampa de Nacho Calderón a los 13 años volando en la acera de su casa a punto de atrapar el balón entre dos árboles; reliquias para cualquier aficionado.

“Sí, te puedo asegurar que soy un enfermo obsesivo del Guadalajara. Es mi vida y mi pasión, herencia de la familia Romero, por parte de mi madre. Para hacer este libro tardé seis años y todo surgió de las anécdotas que fui coleccionando. Vendí mi coche y me ayudó mi familia económicamente, pero lo vale.”

La portada es la escena en las entrañas del vestidor donde el ingeniero Javier de la Torre, muchos años técnico, está apuntando una alienación. Joel González la recita de memoria, así como cualquier dato del equipo. No es broma, “tengo el día a día del club desde el 1 de enero de 1943 cuando empieza el profesionalismo, hasta ahora”.

-¿Cómo es eso?

“Por ejemplo, te tiro una fecha al aire, 5 de diciembre de 1951: Chivas entrenó en tal parte, por qué pasó esto o aquello. Hay muchas anécdotas que valen oro. Son 10 mil hojas en mi casa que conforman todo lo relacionado a Chivas.”

González llevó su fanatismo como su principal estandarte al profesionalismo de trabajar para Ricardo Salazar, en Televisa Deportes, llevando los asuntos estadísticos. Su apasionamiento le hizo gastar grandes cantidades de dinero en casi 100 playeras del Guadalajara. Para esta entrevista saca jubiloso y presumido una casaca de Benjamín Galindo, de 1992. “Ésta tiene algo especial”, afirma mientras estudia las reflexiones al analizar la playera que parece común y corriente. “Tiene sangre del maestro, justo aquí”, y su dedo índice señala una mancha que con el tiempo se ha hecho ocre pero que ahí permanece intacta. “¿Lo ves? Esta es la forma en que se tiene que querer a las Chivas; estoy seguro que cada aficionado a nuestro equipo lo vive de manera particular, pero el sentimiento es único por este equipo. Mientras más investigué, más lo quiero. Agarré una rutina de cinco horas diarias en la hemeroteca de la UNAM guardando datos”.

El libro fue una edición independiente, donde amigos y personas cercanas le ayudaron en diferentes aspectos. Por ejemplo, Javier Sahagún, reportero de Televisa, le hizo el prólogo, y Ramón Ramírez una introducción. El epílogo es de Joel Tiburón Sánchez.

“Imprimí mil ejemplares, ahora me sobran alrededor de cien. El problema es que a las editoriales en México no les interesa el tema deportivo. Hice dos presentaciones, en una reuní a 15 ex jugadores y después tuve la oportunidad de exhibir en la Feria Internacional del Libro. En la primera fue donde vendí mejor”.

Joel González no tiene más amistad que la historia, los números y el dato exacto. Su único enemigo es la falta de valorización en el futbol mexicano por corregir y tener la información correcta. Mira como si estuviera buscando algo perdido en el horizonte; a ratos le gana la respiración y se le traban las palabras pero su nerviosismo radica en que su cerebro trabaja a 100 por hora. Tiene un cierto aire de investigador y periodista que, insinúa, todavía le falta mucho por contar.

“Todos los viajes que hice a Guadalajara me los pagué yo. Visité a todos los que viven allá y fueron figuras del equipo. Recorrí pueblos donde están otros como Isidoro Chololo Díaz, en Acatlán
de Juárez, y algunos más, incluso tuve que pagar a investigadores. Resulta que aquí en México no hay datos de la primera gira internacional de las Chivas a Guatemala. Fue en 1949, entonces me mandaron, a cambio de unos dólares, lo que había de fotografías y datos de lo que pasó en Guatemala y Honduras”, dijo. Lo que le mandaron de Centroamérica, como en los viejos tiempos de los coleccionistas, le llegó por correo al buzón de su casa en Tacubaya.

La historia que más le estrujó su corazón rojiblanco fue la de Vicente González, el portero del ‘ya merito’, la época en que el Guadalajara siempre se quedaba en la orilla cercana del campeonato. En la temporada de 1951-52 el portero se fue al Puebla y una notable actuación le arrebató el título a Chivas.

“Vicente González o era muy bueno o muy malo pero fue un portero que quería a las Chivas. El último partido de aquella temporada fue muy difícil. Él paró todo, incluso hay un penal que tiene una historia porque lo iba a tirar Gregorio Tepa Torres pero un directivo se metió en pleno juego y le advirtió que si lo fallaba lo ‘madreaba y lo corría’, así que lo tiró Javier de la Torre y lo estrelló al poste. Pero Vicente González sacó todo a tal grado que al final con el triunfo conseguido por el Puebla, el Oro se hizo campeón y no aguantó las ganas de llorar ahí mismo en el campo por lo que había hecho. Eso es el espíritu chiva”.

Y detrás de esta historia aparecen otras como las de aquellos que por casarse perdieron la oportunidad de seguir en el equipo titular, la primera gira de un equipo mexicano por Europa y el recibimiento multitudinario que tuvieron al volver a casa, los juegos contra el Santos de Pelé, los tres entrenadores que fueron al mismo tiempo jugadores, la primera gira a Centroamérica y fotos que se desprendieron de álbumes familiares, todo, con una pasión inédita por las Chivas.