Los cinco minutos de Enrique Borja

Americanista, se despidió ante los Pumas. En el último partido de su carrera escuchó que planeaban sacarlo pronto de su propio festejo

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CIUDAD DE MÉXICO, 19 de abril.- Sobre la mesa de una de las oficinas de Coapa se fraguaba la despedida de Enrique Borja.  Dos directivos americanistas querían hacer la mala pasada de dejarlo jugar sólo cinco minutos ante los Pumas, en su último partido.

“Estábamos chutando a gol y cuando fui a recoger una de las pelotas escuché que estaban hablando de mí. Me regresé a casa y charlé con mi esposa sobre lo sucedido. Fue la semana que más me preparé para un partido”, asegura Enrique Borja desde Miami, donde ahora vive.

Sucede que su vaguardista  trayectoria en el América, desde 1969 a 1977 y con tres campeonatos de goleo, se veía opacada porque jamás pudo anotarle a los Pumas, el equipo donde empezó.

“Algo pasaba, una sensación extraña. Con la camiseta de Pumas  le anotaba siempre al América, pero cuando me tocaba hacerle gol a Universidad nunca podía. Llámalo destino”.

Por eso, decidió que el punto final debía ser ante el equipo que amaba. “Me fui a probar al Toluca, pero cuando regresé ya me tenían un contrato los Pumas porque me habían visto en los torneos de preparatorias”, asegura Borja.

Y porque también, en ocho años de torneos con el América nunca le había anotado a los universitarios. Entonces, al enterarse de la trama de algunos directivos de su propio equipo, sabía que sólo tenía cinco minutos para hacerlo. Además de eso, la relación con el técnico en turno, Raúl Cárdenas, era ríspida.

“Eran cinco minutos que ellos querían ocupar para el expediente de mi retiro; traía problemas con el técnico, todo era una situación complicada”.

Borja anotó al minuto de juego contra Pumas. “Le pedí la pelota al árbitro, le dí un beso y la guardé. Hasta la fecha la tengo. Para mí era significativo meterle gol a Pumas y sabía que haciéndolo no me podían sacar”.

El estadio Azteca se volcó en una pasión futbolística por el carismático delantero. En el segundo tiempo hizo otro para el marcador final de 4-2.

 Enrique Borja, hijo de un empresario taurino aficionado de las Águilas, sonrió en ambos lados de la pradera. Tanto del América como de Pumas supo controlar el devenir del destino.

Su traspaso de los felinos al América incluso llegó a asuntos presidenciales, pues pidió comparecencia con Gustavo Díaz Ordaz.

“Me citó Guillermo Cañedo, directivo del América para comer y me dio un contrato firmado por la directiva de Pumas donde me cedían, fue ahí cuando le dije que no era un costal de papas”.

En Los Pinos, sentado ante el presidente, reclamó su situación. Ya antes lo había visitado por el gol que le hizo a Francia en el Mundial de Inglaterra 66.

“Díaz Ordaz habló con el rector Javier Barros Sierra, sin embargo, no pudo hacer nada, me tenía que ir al América. Lo que sí conseguí es  que mandara una iniciativa de ley para que los jugadores recibieran dinero por los traspasos de venta”.

Fue el último jugador vendido sin recibir remuneración y aclara que el problema no era irse al América,  “sino la manera en que se hizo. Fui un gran privilegiado de que me quisieran las dos aficiones”.

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