Ariel Guzik le dará voz a México

El artista Ariel Guzik describe el proyecto con el que representará al país en la 55 Bienal de Arte de Venecia

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CIUDAD DE MÉXICO, 9 de marzo.- Ariel Guzik (Cd. de México, 1960) es un artista sin prisas en la producción. Su trabajo no responde a la generación masiva de obra ni a la demanda del mercado; sino a la mayor comprensión del entorno en que desenvuelven sus máquinas sonoras.

Espejo Plasmaht, su primera pieza, le tomó quince años de investigación y producción (1980 y 1995), en 1999 produjo el Resonador espectral armónico, en 2001 el Subarmonio Canoideen, en 2004 Plasmaht Laúd, en 2007 Nereida y hasta 2011 la Cámara Lambdoma. En 1990 fundó el Laboratorio de Investigación en Resonancia y Expresión de la Naturaleza.

Ahora, con la curaduría de Itala Schmelz, trabaja en Cordiox, una máquina de cuatro metros de altura que hará una descripción sonora de la iglesia de San Lorenzo, en Italia, para representar a México en la 55 Bienal de Arte de Venecia, que será anunciada de manera oficial el próximo miércoles por Massimiliano Gioni, curador general del encuentro.

El tiempo de manufactura atiende al grado de desarrollo tecnológico de cada una de sus piezas, en las que hay una fusión entre la física, la biología y las matemáticas, con el arte sonoro y la electrónica para, al final, conseguir en el espectador un momento de contemplación del entorno.

“La ciencia, tal como es ahora, busca desentrañar misterios, en tanto que nuestra forma de investigación intenta, por lo contrario, preservarlos. Este trabajo forma parte de una propuesta de reencantamiento ante un entorno crecientemente violento, avasallador”, declara en entrevista quien lleva cerca de 30 años de investigación para dar voz a la naturaleza.

Sus instalaciones son interacciones entre el espectador y los elementos técnicos. A partir de estudios en resonancia, electromagnetismo e intervalos armónicos naturales, Guzik provoca una fusión del arte con la ciencia. Aunque el también músico, iridólogo y herbolario reniega como teórico del arte o de la ciencia.

Por ello, tal vez las máquinas que capturan las vibraciones de los rayos del sol, que establecen comunicación con las ballenas o que develan el sonido del Cárcamo de Dolores respondan más a la ciencia ficción, un poco a la usanza de Julio Verne.

Para el artista no hay secretos por descubrir. Su búsqueda es por el “encanto” de las cosas sutiles, por recuperar la capacidad de asombro y contemplación ante fenómenos que dejamos escapar y, en particular, por dar voz al entorno natural que nos rodea.

Guzik resume que su trabajo es hacer música de los fenómenos naturales. Es el caso de Ballena Gris (CD, CD-ROM y bitácora. 2004) el primer resultado de los ejercicios de comunicación con ballenas y delfines en el mar de Baja California, al que le siguió en 2007 Nereida, una máquina de resonancia para inmersión en el agua donde pone por primera vez en práctica el uso de cuarzo fundido puro para la generación de sonidos primitivos.

En tanto, la máquina Cordiox –aún en construcción– capturará el sonido y vibraciones imperceptibles por el ser humano dentro de la iglesia de San Lorenzo, para reproducirlos en el espacio y así generar una inmersión sonora o experiencia de escucha.

“La ex iglesia de San Lorenzo es una imponente construcción del siglo VI, muy deteriorada, con veinte metros de altura y un altar abandonado, cuyo impacto estético exige una interacción. Cardiox es una máquina de cuatro metros de altura que describe, a través de sonoridades, el espacio y su entorno”, explica quien ha participado en la Feria Internacional de Arte ARCO 2005 y la Bienal de La Habana 2003.

La máquina, de forma cilíndrica, está compuesta por un cuarzo de 45 centímetros de diámetro y 180 centímetros de altura, manufacturado ex profeso por la empresa alemana Heraeus Quarzglass, y 180 cuerdas, similares a las de los instrumentos musicales, distribuidas en tres arpas. La máquina viajará desarmada de México a Venecia y dentro de la iglesia que funge como pabellón mexicano se ensamblará.

“Está basado en las investigaciones de casi tres décadas que, junto con un grupo de colaboradores cercanos, nos ha llevado a explorar la producción espontánea y orgánica de armonía sutil y expansiva, y que surge una conjunción estrecha entre el estudio de la naturaleza y la música”, detalla.

La cadencia tonal, continúa, que se genera en la maquinaria puede entenderse como una descripción del espacio arquitectónico a través del rebote de las ondas sonoras en sus muros, techo, piso y espacio aledaño; entonces, el espectador hará un recorrido auditivo por un lugar que no se puede circular ante el deterioro físico que presenta.

“Es apostar por la contemplación con una intensión humanista, sin pretensiones discursivas y al margen de las corrientes conceptuales y el mercado del arte”, concluye.

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