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Covid-19, México y Turquía: paralelismos

Esther Shabot

Esther Shabot

Catalejo

 

Comparado con México, Turquía es un país menos extenso, cerca de 784 mil kilómetros cuadrados, y con menos población, 84 millones de habitantes, la mayor parte de los cuales profesan la religión musulmana. Sus cifras oficiales respecto a la pandemia son de poco más de nueve mil muertos y 340 mil contagiados, de estos últimos, aproximadamente 40 mil son trabajadores del sector salud. Así que las diferencias entre los dos países, en los aspectos señalados, son evidentes.

Sin embargo, hay similitudes importantes que se han revelado recientemente en la manera en que sus respectivos gobiernos han abordado el desafío de la pandemia. En ambos casos se ha registrado una vergonzosa descalificación de las políticas públicas recomendadas, una y otra vez, por quienes tienen la experiencia epidemiológica probada para determinar cómo contener los contagios. Hace unas cuantas semanas fuimos testigos, aquí en nuestro país, del desparpajo y el tono burlón y nada serio con el que el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, comentó acerca del documento presentado por seis prestigiosos exsecretarios de Salud, documento en el cual se detallaban las medidas necesarias a poner en práctica para romper el círculo macabro de infecciones y muertes por coronavirus que nos aqueja. El desdén de López-Gatell y de sus superiores —el secretario Alcocer y el propio Presidente de la República— hacia las observaciones de los expertos aludidos sin duda quedará en la historia como una muestra de la irresponsabilidad mayúscula del gobierno actual en la misión fundamental de preservar la vida y salud de los mexicanos.

Pues bien, muy parecida situación se registra actualmente en Turquía, donde el miércoles pasado el presidente Recep Tayyip Erdogan condenó, frente a los congresistas de su partido, el AKP, a la Asociación Médica Turca (TTB, por sus siglas en turco), poniendo en cuestión no sólo su experiencia en el área de la salud, sino incluso la honorabilidad de su recientemente electa dirigente, una doctora de apellido Fincanci, a quien señaló como ligada a grupos terroristas. Y es que la mencionada Asociación ha estado criticando insistentemente el abordaje oficial de la epidemia, exhortando a un manejo más estricto de las medidas sanitarias. También ha cuestionado la transparencia de la información al respecto, sosteniendo que existe un importante subregistro de contagios y fallecimientos para ocultar la magnitud de la crisis de salud que se vive.

Es así que el gobierno turco le ha declarado la guerra a la TTB. Un diputado de un partido aliado al AKP, de apellido Bahceli, expresó en el recinto parlamentario el 6 de octubre pasado que “nuestro problema es un puñado de enemigos de Turquía que se han incrustado en el comité central del TTB… por lo cual digo que el TTB debe ser clausurado”. Y días más tarde Erdogan propuso una legislación para reestructurarlo mediante una descentralización similar a la que hace poco impuso a la Asociación de Abogados con la intención de diluir su crítica y su condena a diversas áreas de la conducción gubernamental.

Unos cuantos datos acerca de la doctora Fincanci ilustran por qué es una figura tan incómoda para el régimen de Erdogan. Ella, antes de asumir el puesto que hoy ocupa en el TTB, trabajó como médica forense, documentando casos de tortura y violación de derechos humanos hasta que en 2016 fue arrestada bajo la acusación de difundir propaganda terrorista. Fue absuelta por una corte en julio de 2019 y en la actualidad también encabeza la Fundación por los Derechos Humanos de Turquía. Es evidente que para el gobierno de Erdogan, que desde el fallido golpe de Estado de 2016 ha encarcelado a decenas de miles de disidentes, ha clausurado o se ha apoderado de medios de comunicación independientes y ha maniobrado para concentrar cada vez más poder en sus manos y perpetuarse lo más posible en el puesto de primer mandatario, la doctora Fincanci y sus colegas forman parte del grupo de sus adversarios, a quienes hay que sacar de la jugada a como dé lugar.

Hace un par de meses Francis Fukuyama expresó, en una entrevista en CNN, que los gobiernos que estaban obteniendo los peores resultados en el combate al covid-19 eran, sobre todo, los populistas. Citó como ejemplos a Estados Unidos, Brasil, India y México. Turquía tiene, sin duda, un mejor récord frente a la pandemia que las cuatro naciones antes mencionadas, aunque indudablemente se asemeja a ellas en el desprecio gubernamental al saber de los expertos en aras de satisfacer necesidades políticas del momento.

 

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