Logo de Excélsior                                                        

Cambio de rumbo: los dilemas para Irán

Esther Shabot

Esther Shabot

Catalejo

Cuando se habla de los desafíos que en política exterior enfrentará Joe Biden como presidente, la cuestión iraní aparece en uno de los primeros lugares. Desde su campaña, Biden anunció su voluntad de regresar al acuerdo nuclear (G5+1 o JCPOA) firmado por Obama, bajo la consideración de que los efectos de las sanciones y la confrontación, derivados de la ruptura del acuerdo operada por Donald Trump, han desembocado en una situación mucho más peligrosa y desestabilizadora que la que prevaleció durante la vigencia del JCPOA.

¿Qué piensan los altos mandos del gobierno iraní al respecto? Han empezado a aparecer señales de que no existe un consenso ya que, como podía esperarse, las reacciones difieren según se trate de funcionarios del bando de los moderados o del de los conservadores duros. A pesar de que antes de las elecciones norteamericanas el presidente Rohaní se adhería a la línea oficial de que no habría diferencia si ganaba uno u otro candidato, una vez definida la victoria de Biden, sus declaraciones han cambiado. Textualmente ha dicho: “Gracias a Dios, el pueblo americano y la gente de nuestra región se han librado de la maldad de su administración… los peores crímenes en la historia de Estados Unidos fueron cometidos por ese hombre en contra de naciones independientes, especialmente de los iraníes”, agregando que “una solución al problema es sencilla si la administración Biden tiene la voluntad de rebajar las tensiones y respetar las obligaciones internacionales… (en tal caso) ambos, Irán y EU pueden decidir regresar a donde estaban antes de enero de 2017, cuando Irán y los otros firmantes cumplían con el acuerdo multilateral”.

Antes del triunfo de Biden, Rohaní exigía como precondición para renegociar con los norteamericanos el pago de una compensación por los daños económicos sufridos como consecuencia de las sanciones. Tal parece que ahora esa demanda ha dejado de mencionarse, porque según ciertas voces autorizadas, bastaría con que EU permitiera que fluyera hacia Irán un crédito del FMI por cinco mil millones de dólares que estaba aprobado, pero que quedó detenido como resultado de las sanciones reimpuestas por Trump. Esos recursos son hoy de mayúscula importancia para el país persa en virtud de la asfixia económica que padece, debido al efecto combinado de las sanciones, los bajos precios del petróleo y la epidemia del covid, que ha sido devastadora en todos sentidos.

Sin embargo, está también la postura de los conservadores, encarnada sobre todo en la persona del líder supremo, el ayatola Khamenei, quien enfatizó casi al mismo tiempo su rechazo a “las negociaciones sobre el tema nuclear que nos condujeron a ninguna parte”, sugiriendo que neutralizar las sanciones por medio de perseverancia e iniciativas específicas podría funcionar mejor que renovadas negociaciones. Textualmente dijo: “No podemos confiar en los extranjeros ni abrigar esperanzas de alivio de parte de ellos”.

Es así como, en el próximo medio año, Biden tendrá que desarrollar una fina diplomacia para evitar que la postura de los conservadores prevalezca y se vuelva imposible revertir la herencia dejada por Trump. Lo que se logre en ese lapso será vital, ya que están programadas para junio de 2021 las elecciones generales en Irán en las que ya Rohaní no podrá ser reelecto. Por tanto, habrá posibilidades de que la línea moderada que representan Rohani y su equipo dentro del espectro político del país pueda ser sustituida por su opuesta, con lo que las posibilidades de un no acuerdo se incrementen y en consecuencia Irán se enfile ya abiertamente a desconocer límites a su enriquecimiento de uranio, a pesar de las sanciones y castigos que puedan seguir afectándole.

Si tal fuera el caso, la economía iraní podría sobrevivir, pero no crecer. Contaría para ello, como actualmente ya sucede, con el apoyo de Rusia y China, naciones ajenas a los dictámenes de la era Trump, las cuales han continuado de manera relativamente normal su relación económica y estratégica con Irán. Ni Moscú ni Beijing son quisquillosas en el tema de las violaciones a los derechos humanos que se cometen en Irán, así que ése no es un elemento que les obstaculiza la relación. Además, para la intensificación de sus nexos con el país de los ayatolas, cuentan con la expiración reciente del embargo internacional de armas que pesaba sobre Irán. Es así que el próximo inquilino de la Casa Blanca tendrá que tejer fino para que en este escenario que se plantea actualmente se recupere la posibilidad de que el bloque Estados Unidos-Unión Europea vuelva a tener influencia, vigilancia institucionalmente avalada e interlocución diplomática con el régimen iraní, cuyo peso en la geoestrategia del Medio Oriente es tan grande.

 

Comparte en Redes Sociales