Gracias totales, poeta

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Yuriria Sierra 05/09/2014 01:57
Gracias totales, poeta

                Poder decir adiós es crecer.

                Gustavo Cerati

 

“Qué licencia que me doy: me disculpo de antemano (o miento al disculparme) por no abordar hoy temas de absoluta relevancia para el país o para el mundo. Pero hay textos que se urgen solos, personales, lastimosos, textos que se escriben entre el pecho y la garganta.

(... )

“Visitaciones inevitables: esas que son punto de partida y mapa de vuelta. Letras circulares y laberintos que un día se volvieron hogar, domicilio propio. Ahí: el lugar de las danzas rotas, las músicas ligeras y todo lo que sangra. El hilo conductor es la huella de una historia. O de varias. En realidad. Es el temblor y la furia: son los signos, los ritos, las lunas rojas, las persianas, los puentes, los déjà vu, y uno que otro hombre al agua…

“Qué licencia que me doy hoy de venir a este lugar. Y es que es el lugar en el que anida la historia musical de Cerati. Y con sus ecos, el rastro emocional de la memoria. Y para los que nos sabemos el futuro (también) de memoria: ahí estará el acorde y la voz en off de ese argentino nacido en las sombras de una dictadura: trovadores de la furia y apóstatas televisivos. Prófugo de las cúpulas y los guardianes que pierden el honor. En la Argentina de la dictadura, no había escondite seguro. Sólo —y eso acaso— el de un poema. Ahí es donde nace Soda Stereo, y Cerati crece y se crece: fugándose de su propias sombras para refugiarse entre las nuestras. Había que prender otras hogueras. Y es que ‘entre caníbales, el dolor es un veneno, nena’. Así los venenos del poeta venido a rockstar: Cerati, el virtuoso de las metáforas encadenadas, el iluminado por el lenguaje que resulta insuficiente para cantar todos los misterios, los azares y las turbulencias. Cerati que sobrevuela en Buenos Aires, la ciudad de la furia —y es que ‘un hombre alado no extraña la tierra’. O que camina entre las piedras y tocando el piano espera hasta que pasa el temblor. Que desafía todas las leyes, incluidas las de las armonías, un ‘profanador desafiando al tiempo’… Y ahora el tiempo lo desafía a él…— ¿Qué si es la metáfora —un espejo sonoro, caja de resonancia— de un tiro: y él usó su cabeza como un revólver, apuntando contra su cabeza misma..?”

Eso es un fragmento de la columna que escribí hace cuatro años, cuando su cerebro, su hermoso cerebro, decidió “ocultarse bien y desaparecer entre la niebla”... Un infarto cerebral seguido del coma como el inicio de una incomprensible interna gira del adiós. La extinción de él y de su voz, de sus letras y sus lienzos musicales. Hace cuatro años empezó su viaje para irse a “un millón de años luz de aquí”... Finalmente, Cerati murió ayer por la mañana. La última bocanada de vida. Si a eso que pasó entre las cuatros paredes de esa habitación en la que dormía desde 2010, puede llamársele vida. ¿Qué mundo habrá habitado en esos años? ¿Habrá sido tan beautiful como lo pensás? Sin dormir al calor de las masas, viajando sin moverse de aquí... ¿Qué fuerza natural, qué temblor, qué o cuánta oscuridad, qué Dios bipolar, qué Cristo 3D, qué átomos para hacerse aparecer? Sus pupilas dilatando otra noche más… ¿Fue rehén de las mareas? ¿Era más azul la luz al alejarse? ¿Se habrá perdido en el viaje, habrá sentido al aire cambiar? ¿Sacar belleza este caos es virtud? ¿Será que nunca se sintió tan bien?

El de ayer, septiembre cuatro, tan triste para la música, para las letras, para el cruce entre ambas y la resonancia que provocan. Para las raíces que su voz echó en la biografía de tantas y tantas personas. Un soundtrack que fue hilvanando la historia individual de tantos de nosotros. Ayer lloramos a Cerati, pero sobre todo al Cerati que hicimos completamente propio: al que nos acompañó durante tantos años la vida, al que puso palabras exactas a nuestras propias emociones, a nuestros propios laberintos, a nuestros mares profundos, tardes de luz, esquinas de sombra, cielos en llamas...

Pero él ya está, finalmente, dando una vuelta por el universo. Para él, el temblor finalmente ya pasó. Para él, ya todo es beautiful... Nos dio todo, aunque —y esta vez no fue la excepción—, siempre algo se guardó... Llegó el día: ya lo vemos volar. Por fin, él planea en el vértigo de la inmensidad... Y contigo habemos quienes coreamos que sí, que “la poesía es la única verdad”...

Por esto, por todo, gracias. Gracias totales... a ti, Gustavo Cerati.

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