Marcos mata a Marcos

¿Qué hay detrás de la que es la última carta firmada como el subcomandante insurgente y que apareció hace un par de días?

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Yuriria Sierra 27/05/2014 00:41
Marcos mata a Marcos

Marcos, tan cóncavo y tan convexo. Siempre oblicuo, buscando —y burlando— el prisma de la interpretación ajena. Ese esoterismo intelectual. Algo le he reconocido siempre a Marcos: su pluma prodigiosa, tal vez su mejor arma. Más allá de las utilizadas en el movimiento del que se despidió hace un par de días. O del que pretendió haberse ido. O del que sólo le cambió la forma. O con el que quién sabe qué nos habrá querido decir. Y es que siempre Marcos tiene sus discursos muy bien trazados, pero también siempre dentro del terreno de la ambigüedad. A ver quién cacha el mensaje. Y a ver si quien lo cacha entiende lo que quiso decir. Y es que en la forma del mensaje también está el arte: todos acusan de recibido, pero pocos de haberlo entendido. Los discursos y las cartas de Marcos siempre siguen esa línea. Sembrando siempre el signo de interrogación entre todos, lo amen o lo odien; para bien o para mal.

¿Qué hay detrás de ésta, la que es la última carta firmada como el subcomandante insurgente Marcos y que apareció hace un par de días? ¿Termina el EZLN? ¿Renacerá bajo otro esquema? ¿Hay razones de orden estrictamente personal para que el sub Marcos quede en el pasado? ¿Esto es sólo un homenaje a José Luis Solís Galeano? Y si lo es, ¿por qué anunciar el fin de una era suya que lo hizo figurar en la vida nacional? ¿Por qué sepultar la figura que lo dio a conocer? ¿Por qué dejarla bajo la sombra de un nuevo personaje del que dudamos su posteridad, pues aparece cuando el movimiento zapatista está tan desdibujado?

No podemos negar, que sería insensato hacerlo, que gracias a la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional la problemática de los pueblos indígenas tuvo una atención que nunca antes se había logrado. El subcomandante Marcos supo llevar esta problemática a los grandes reflectores mediáticos y políticos. A partir de éste, surgieron otros movimientos y más figuras. Pero él, Marcos, siempre en el primer peldaño de la atención. Marcos, fue siempre la figura del movimiento. Una que estuvo siempre entre la postura política, el levantamiento en armas, la dignidad de los pueblos indígenas y hasta la poesía.

Pero la pregunta que ha surgido en sus últimas apariciones siempre es la misma: ¿por qué hacerlo  ahora? Y, en esta ocasión, ¿por qué el subcomandante Marcos sale a matar al subcomandante Marcos? La última aparición pública de relevancia que tuvo fue en enero de 2013, cuando se ponía en marcha la Cruzada Nacional Contra el Hambre; antes de ésta, lo hizo en la campaña de 2012 a través de la publicación de una de las varias cartas que le escribió a Luis Villoro. Pero ya le habíamos agarrado el ritmo: el subcomandante Marcos comenzó con esporádicas apariciones, apenas para recordarnos el movimiento.

Ahora aparece para, entonces, desaparecer: “O sea que como quien dice, sin la botarga, ¿ya puedo andar desnudo?”. Ahora, ¿ya podremos verlo publicado bajo el nombre de Rafael Sebastián Guillén Vicente? ¿O su pluma, también quedará sepultada? Y es que de nuevo el subcomandante aparece sólo para sembrar la interrogante: después de tantos años, ¿a dónde se va?

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