¿Viva México, Cuarones?

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Yuriria Sierra 04/03/2014 01:27
¿Viva México, Cuarones?

Ganó Alfonso Cuarón. Se convirtió en el primer latinoamericano en ganar un Oscar como Mejor Director. Pasó a la historia en uno de esos tantos momentos que en los últimos meses ha protagonizado. No sólo fue el Oscar, fue también el Bafta y el Globo de Oro. En las últimas horas, seguramente ha recibido una cantidad de felicitaciones que lo harán sentir casi abrumado. Y cómo no. Ganó el máximo galardón al que un cineasta en Hollywood puede aspirar. La estatuilla se la dedicó a su madre, a su hijo Jonás —con quien coescribió el guión— y a sus siempre leales colaboradores y amigos.

Un triunfo meramente personal que corresponde al trabajo de muchos, muchos, años. Al esfuerzo y a decisiones que, apoyados en su muy evidente talento, lo llevaron a irse del país y probar suerte en una de las industrias más complicadas del mundo: la del entretenimiento, y la del entretenimiento en la gran meca del cine.

¿Y si es un triunfo exclusivamente personal, por qué habría quien lo celebrara como si fuera “nuestro”, como si fuera de México? Porque, sin serlo, lo es. Aunque no propiamente un triunfo, el Oscar de Cuarón se convierte en un tesoro, como veta de inspiración y ejemplo para una generación de mexicanos. Una que con mucha falta de esos ejemplos ha estado. O muy errada. Por lo menos 15 años en los que los niños y las niñas de nuestro país sólo han tenido referentes de corrupción o de crimen organizado como el camino hacía el éxito, o por lo menos hacia el bienestar.

A México lo que le urgen son modelos aspiracionales. Le urgen más Chicharitos, le urgen más Alondras de la Parra, le urgen más Checos, más Enriques Olvera, más Paulinas, más Marios Molina, más Javieres Velasco.

En fin. Sí, a México le urgía este Alfonso Cuarón. Pedía a gritos a este Emmanuel Lubezki. Es más, aunque sea por azar, le urgía esta Lupita Nyong’o...

Nadie se cuelga del Oscar de Cuarón, al menos nadie en este texto. Pero me parece de la mayor relevancia reconocer que un país como el nuestro necesita, insisto, héroes que apunten a direcciones distintas a las que ve la coyuntura. Por decirlo más plana y llanamente: México necesita más Chivo y menos cuernos de chivo...

Y, además, el cine; el séptimo arte. Y las artes, siempre —y en cualquier circunstancia— son, además, válvula de escape y un elemento que abre puertas y ayuda así a reconstruir los tejidos rotos de una sociedad; el arte como una ventana que inspira, que crea nuevas formas de expresarnos y entendernos. Que cura heridas y resuelve laberintos.

Por eso el Oscar de Cuarón y el de Lubezki son tan importantes para un país en donde hay quienes salen a marchar para exigir la liberación de El Chapo Guzmán. Por eso es importante que mexicanos —cualquiera que sea su área de trabajo— destaquen, y da igual si es aquí o en el extranjero. Porque, además, así, los niños y jóvenes ven que dirigir una película que sea reconocida en el mundo también es posible. Mirar a quienes tocan sus sueños...

Para eso sirven también los premios. Lejos del papel como elemento de reconocimiento, un premio se convierte en una fuente de inspiración: para el que sueña con dirigir, con escribir, con actuar, con pertenecer a un equipo de futbol, a un grupo musical. Para el que se va a dormir pensando en que un día, un libro en alguna estantería tendrá su nombre, el que se imagina todos los días como el mejor fotógrafo o que anotará decenas de goles o que cantará en estadios repletos de personas...

Por eso los premios Oscar que cayeron en manos de estos mexicanos el domingo por la noche representan para nuestro país una nueva razón para invertir en la educación y la búsqueda de talento mexicano. Este Oscar no lo ganó México, pero sí lo ganaron mexicanos y, con ellos, otros tantos jóvenes mexicanos que verán en el horizonte algo más que una troca, un narcocorrido, una fusca o el control de una plaza o una ruta, un camino posible, legítimo y muy luminoso, hacia eso que llamamos éxito, hacia eso que llamamos “realización”... Mirar a quienes logran tocar su propio sueño le puede ayudar a tantos a despertar de su propia pesadilla... Punto. Dicho esto, digo, sí: ¡Viva México, Cuarones!

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