Ser o no ser gay

En el DF ya existe un Ministerio Público que recibe exclusivamente denuncias sobre hechos que van en agravio de la comunidad homosexual.

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Yuriria Sierra 01/03/2014 03:15
Ser o no ser gay

Hace un par de semanas, la joven actriz Ellen Page —tiene apenas 27 años—,  dio un muy emotivo discurso en una conferencia convocada por Human Rights Campaign, un grupo defensor de los derechos homosexuales, bisexuales y transexuales. Ahí decidió “salir del clóset”: “Estoy aquí hoy porque soy homosexual. Y porque quizás pueda causar un efecto positivo. Ayudar a otros a que su vida sea más fácil y esperanzadora. Siento que tengo una obligación personal y una responsabilidad social en todo esto”. No es la primera, no será la última. Sin embargo, hay a quienes este tipo de declaraciones les importa poco, y qué bueno. La preferencia sexual de las personas, no es, por ningún motivo, un elemento de la personalidad que defina el papel que se deba tener dentro de una sociedad. Ojalá, cada vez sean más quienes consideren este tipo de notas irrelevantes, aunque claro que para que esto suceda, muchas otras cosas deben cambiar. O tal vez no tantas, tal vez sólo que aprendamos a respetarnos. ¿O alguien aquí que considere “antinatural” una preferencia distinta a la heterosexual, puede asegurar que su vida se ve perjudicada?

Las cosas han cambiado, al menos aquí, de este lado del mundo. Al menos, de a poco, en nuestro país la tolerancia se ha convertido en un tema de políticas públicas, por lo pronto en el Distrito Federal, donde ya existe un Ministerio Público que recibe exclusivamente denuncias sobre hechos que van en agravio de la comunidad homosexual. No podría ser menos —aunque siempre podrá esperarse más— de una ciudad convertida en la primera del país en hacer legal el matrimonio entre personas del mismo sexo.

En fin, éste es un tema que visto desde la perspectiva de quienes vivimos en un país como el nuestro, adquiere una dimensión distinta si la comparamos, por ejemplo, con Rusia. En las redes sociales existe ya demasiado material de aquello que, respaldamos en la postura de su gobierno, hacen en contra de los homosexuales. Allá son perseguidos, maltratados. Hay grupos dedicados exclusivamente a eso. Y ni para solicitar apoyo de las autoridades. El presidente Vladimir Putin aprobó en 2013 una “ley antigay”, en la que marcan multas a todo aquel que haga propaganda en favor de “relaciones sexuales no tradicionales”. Maestros, académicos o cualquier otra persona que trabaje o haga siquiera un comentario en favor de la comunidad gay, deberán pagar multas que llegan hasta los 100 mil euros. Y eso por decir lo leve. Porque más allá de las sanciones, el punto más grave, es la tensión y el clima de inseguridad que les provoca a todos los ciudadanos homosexuales rusos.

Y eso allá, en Uganda las cosas están peor, ya en calidad de inconcebibles. Después de una polémica iniciativa que pedía pena de muerte a quien tuviera relaciones homosexuales, finalmente se modificó y se “redujo” la condena para quien cometa el “delito” de ser homosexual. Quedó en cadena perpetua.

Muchos movimientos alrededor del mundo, todos contra estas dos políticas, en Rusia y Uganda, que nos dicen que discursos como el de Ellen Page, no están en lo absoluto fuera de lugar. Que cada vez más voces sean quienes demuestren que ser o no homosexual no es en lo absoluto referente para definir ninguna sociedad. Por el contrario, definir a la homosexualidad como un “delito”, como un “pecado”, definen mucho —y para mal— a esas sociedades que parecieran ajenas a la evolución social de la que por fortuna, México no ha permanecido tan ajena.

 

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