Soluciones al problema presidencial

El fenómeno social ha sido recurrente: el presidente Peña Nieto actúa y la ciudadanía lo rechaza, explica y la gente no le cree. ¿Por qué? Aprovechando la invitación que nos hace a decir qué hubiéramos hecho, aquí expongo: 

11 de Enero de 2017

ANTECEDENTE…

No lo he dicho solamente hoy, también lo he expresado en otros tiempos políticos, el talón de Aquiles de la Presidencia de la República se encuentra en la incoherencia entre el fondo y la forma de su comunicación, cualidad negativa que afecta seriamente a la imagen del Presidente. Ya son tres sexenios en los que el Presidente de la República, al enfrentar problemas sociales críticos, sale peor percibido de lo que estaba, lo que, inevitablemente, debe afectarle en lo personal, al grado de que, en su momento, el expresidente Vicente Fox lo haya transparentado públicamente al hacer aquella ingenua pregunta de “¿y yo por qué?” Resbalón que refleja de manera contundente la desesperación que debe de sentir el hombre que, ocupando el puesto de mayor poder, debe enfrentar señalamientos de culpabilidad desde por asuntos en los que no haya tenido injerencia alguna, hasta en las decisiones que haya tomado con voluntad política y responsabilidad social. Como especialista en el tratado y configuración de una imagen pública, voy a señalar, limitado por este espacio, lo que yo hubiera hecho no solamente en el problema del gasolinazo, sino desde el principio de su mandato. Me ampara en mi osadía el hecho de que el Presidente nos lo haya preguntado.

PRIMERAS RECOMENDACIONES…

Lo primero sería comprender y hacer comprender internamente a los demás que la imagen del Presidente se verá siempre afectada por cualquier cosa que pase en el país, ya sea para bien o para mal, por lo que, yendo un paso adelante de las reacciones sociales positivas o negativas, diariamente haría el ejercicio de enfrentar con fórmulas diferentes de comunicación todos los eventos que pudieran ser significativos para la imagen presidencial, sin soslayar o exagerar las cosas, de tal manera que, objetivamente, el Presidente pudiera contar con estrategias que aprovecharan con sentido de la oportunidad el momento positivo o que desactivaran las posibles bombas que pudieran colocarse por parte de sus enemigos políticos, anhelantes del poder. Lo segundo sería haber construido la imagen del Presidente a través de campañas propagandísticas que la “vacunaran”, creándole un escudo protector en el que rebotaran los “rayos letales” emanados, por ejemplo, de decisiones a consecuencia de una mala economía interna con sus agravantes externas, la política opositora, los hechos fortuitos fatales o las crisis de índole social, alimentadas, hoy por hoy, con la acción de unas redes sociales que hoy ponen más fácilmente el pasto para las llamas, por sólo mencionar unas cuantas.

DOS MÁS…

Lo tercero tiene que ver con el cuidado de las formas en tiempo, lugar y protocolo. Como todos ya hemos podido constatar, de manera frecuente se cometen errores en la ejecución de estrategias de comunicación al omitirse los factores del cuándo y dónde deben darse las cosas. Por desgracia, la acumulación de los errores de forma repetitiva mina cada vez más la imagen del Presidente, causando con ello las bajas constantes en sus niveles de aprobación. La toma de decisiones que afectarán negativamente a la población tiene que explicarse y justificarse con el reconocimiento de los errores cometidos, antes y no después de que ya hayan sido tomadas. Esto significa cambiar la costumbre de reaccionar por una actitud proactiva. Lo cuarto tiene que ver con el fondo de las acciones y para ello habría que cuidar al Presidente recomendándole guiar sus actos siguiendo a la sabiduría popular que dice: “No hagas cosas buenas que parezcan malas, ni malas que parezcan buenas”, esta simple pero efectiva recomendación conductual está íntimamente ligada con la ética, ingrediente fundamental para gozar de una buena imagen pública. Por lo visto, el verdadero problema reside en que la conducta basada en valores morales y principios humanos, al parecer, está peleada con la política y cuando se falta a la ética, se compromete siempre la reputación. Como no hay imagen que resista un atentado contra la ética, ésta deberá ser el eje desde el que se construya la aprobación de cualquier presidente, si aquélla se cuida, todo lo demás podrá resolverse siempre con facilidad. Hasta un gasolinazo.

Twitter: @victor_gordoa 

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