Las causas del bullying

¿Cuál es la justicia a la que pueden aspirar los padres de éste y otros niños que son expuestos a la burla y la agresión constante?

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Víctor Beltri 26/05/2014 01:08
Las causas del bullying

Las noticias que han circulado profusamente en los últimos días nos plantean un panorama terrible, desolador, sobre la dolorosa realidad del acoso escolar, fenómeno que por otra parte no es nuevo. Las muestras de indignación, de rabia, de incredulidad que se han manifestado en todas partes, desde las redes sociales hasta las conversaciones de café, son muestra de una preocupación que, sin embargo, se queda en la capa más superficial del problema.

Porque, claro, es indignante que un niño pierda la vida, y más en las circunstancias de crueldad que rodearon el fallecimiento del niño que, a pesar de haber solicitado el auxilio de sus profesores, fue sometido por sus compañeros y arrojado contra una pared hasta sufrir las lesiones que, a la postre, le causaron la muerte. Justicia, piden los familiares de Héctor Alejandro.

Pero, ¿cuál es la justicia a la que pueden aspirar los padres de éste y otros niños que son expuestos a la burla y la agresión constante? ¿Cómo resarcir el daño, cómo castigar a los culpables, cómo evitar que esto vuelva a ocurrir?

No cabe duda de que el debate sobre las penas aplicables a los menores de edad regresará a la palestra pública, así como la discusión sobre la edad penal y otras especies similares. Seguramente algún vivales presentará una iniciativa de ley al vapor, que le dará reflectores por un instante pero sin entrar al fondo real de la materia. Las declaraciones continuarán, las notas en los periódicos se irán extinguiendo, y los niños continuarán viviendo el infierno de llegar a escuelas en las que su preocupación principal no es estudiar, sino sencillamente sobrevivir un día más.

Lo que es increíble de todo este asunto es que nos detengamos en el fenómeno en sí sin atender sus causas últimas. Las causas que provienen de la formación, que no educación, que reciben los niños en su entorno más cercano, y que se nutre en buena medida del ejemplo recibido. Ejemplos que vienen de la televisión, en donde la pobreza de los contenidos se subsana con violencia en alta definición; de sus propias casas, en donde el machismo torna de defecto en virtud y la violencia, de nuevo, se vive en su forma más artera contra los más débiles de cada familia; en la perspectiva a futuro, que parece premiar la ilegalidad y, otra vez, la violencia, sobre el esfuerzo cotidiano. Nos asombramos de la violencia, del bullying, de los abusos, mientras que por el otro lado fomentamos una cultura que no deja lugar a dudas sobre los valores que realmente enarbolamos.

La escuela debería de ser un lugar para descubrir el mundo, para entender otras culturas, para preparar a los estudiantes a competir sin desventajas en un mundo que cambia constantemente. Es ahí, en la escuela, donde se pueden romper los paradigmas adquiridos en casa y los niños se pueden asomar a una civilidad que, tristemente, les es completamente ajena. Sin embargo, es en las aulas donde se presentan las mayores agresiones y los alumnos viven en condiciones que poco difieren de las carcelarias. ¿Por qué? ¿Por el ejemplo recibido en casa? En parte. ¿Por la crudeza de los contenidos a los que tienen acceso a través de los medios masivos de comunicación y la internet? Probablemente, también, en parte. Videojuegos, música, todo puede ser considerado como causa del problema, si no nos damos cuenta de que la crueldad, la falta de sensibilidad, la irresponsabilidad total y la falta de respeto a los derechos de terceros se aprende, día con día, en la escuela.

Porque, ¿cómo pretendemos que nuestros niños aprendan a respetar a los demás cuando sus maestros son los primeros dispuestos a desafiar al Estado atacando las vías de tránsito? ¿Cómo esperamos que una persona que no duda en arrojar una bomba molotov a las autoridades predique sobre la no violencia? ¿Cómo pedir civilidad a quienes crecen con ejemplos de la más pura barbarie? Y, sobre todo, ¿cómo podemos pretender que los niños sean educados por quien no tiene a la educación como uno de sus valores fundamentales?

La situación del sistema educativo en México es el principal lastre que arrastramos. Un lastre que luego deviene en corrupción, en violencia, en la cultura del menor esfuerzo, y que termina por comprometer el desarrollo de la sociedad entera. Nuestros maestros y sus patéticas exigencias, que son colmadas ante el temor de las autoridades; su nulo compromiso con el futuro de nuestro país, al negarse a ser evaluados; y sus prácticas antidemocráticas rayanas en actos destinados a sembrar el terror entre quienes no piensan como ellos, hacen más que evidente el camino a seguir si es que realmente queremos que los niños dejen de morir de manera absurda en el patio de la escuela.

El día de ayer, la asamblea plenaria de la Sección 22 de la CNTE anunció más movilizaciones en Oaxaca. Bloqueos, tomas de comercios, de radiodifusoras y dependencias gubernamentales, por considerar insuficientes las respuestas a sus demandas. ¿Cómo combatiremos el bullying? ¿Atendiendo a los efectos, reduciendo edades penales y determinando nuevas penas, o a las causas, poniendo un alto a los abusos de un gremio que ha florecido en la impunidad?

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