Poquita fe

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Vianey Esquinca 29/06/2014 01:37
Poquita fe

Después del partido en el que la Selección Nacional le ganó a Croacia, varios narradores y conductores gritaron entusiastas y al borde del colapso frases como: “Para aquellos que no creían en la selección, para aquellos que dudaban del Piojo Herrera, ésta es su respuesta…”, efectivamente, de la noche a la mañana eran otros, terceros, los de enfrente, los que habían dudado de los jugadores mexicanos y de su entrenador; en un abrir y cerrar de ojos, todos se declaraban fieles creyentes, desde que el mundo se creó, del cuadro tricolor.

En un acto de sinceridad, la autora de esta columna tiene que reconocer que ella sí fue de las que dudó de Miguel Herrera y de algunos jugadores de la escuadra nacional. Fue de las que pensó que Jesús Corona haría mejor papel como portero que Guillermo Ochoa; que Rafael Márquez se pelearía a la menor provocación y que Javier Chicharito Hernández iba más como mascota del equipo que como jugador. También consideró que el Piojo se estaba distrayendo demasiado en salir en comerciales y cuidar su imagen, descuidando el desempeño del tricolor.

Sin embargo, hay que explicar claramente el origen de tanta desconfianza. La respuesta es simple: “Es rebelde porque el mundo la hizo así”. Desde que tuvo razón escuchó promesas que se convirtieron en mentiras.

Vio sorprendida cómo José López Portillo lloraba en su informe de gobierno de 1981 y decía que defenderían el peso como a un perro, para que semanas después, la moneda se devaluara frente al dólar. Carlos Salinas de Gortari hizo creer al país que México iría directo al primer mundo, pero lo llevó directo a la crisis que parece no terminar nunca. Vicente Fox prometió un crecimiento de siete por ciento y que el conflicto de Chiapas se arreglaría en 15 minutos y nada de eso sucedió. Felipe Calderón le declaró la guerra al crimen organizado para traer paz al país, y lo único que provocó fueron miles de muertos y desaparecidos y una ola de violencia que no tiene fin. Con Enrique Peña Nieto se prometió prosperidad a raíz de las reformas estructurales, pero nadie habló de las letras chiquitas, comúnmente conocidas como leyes reglamentarias, y donde mete la mano el Congreso.

Todos los días hay escándalos que demuestran reiteradamente que los políticos mienten y engañan con la mano en la cintura y sin pudor. El Congreso se ha convertido en una representación oficial de intereses particulares donde los legisladores se pueden sacar la lotería, mientras no les filtren una conversación.

Así pues, con tan poca credibilidad en las instituciones, resulta que el héroe de la película es el rebelde que va en contra de la ley. Resulta sorpresivo que mucha gente defienda a José Manuel Mireles por empecinarse en seguir armado haciendo de las suyas. Pero a eso han empujado a la sociedad.

Pero, además, cuando uno empieza a ponerse contento por algo llegan los aguafiestas y colocan el dedo en la llaga. Lupita Jones y Ximena Navarrete no ganaron Miss Universo por guapas, sino porque en el primer caso se negociaba el Tratado de Libre Comercio y, en el segundo, porque se estaba celebrando el Bicentenario. Si mañana gana México es porque todos se pusieron de acuerdo para que pasaran sus leyes reglamentarias y se entregara el petróleo a los extranjeros.

Eso, además, no sólo sucede en la política. En el futbol es igual, la gente se ilusiona para luego recoger el corazón y la camiseta en pedacitos. Se llega a octavos, pero algo pasa que no se avanza. Con más o menor desempeño en sus partidos, durante años los seleccionados se hicieron bien merecedores de frases como: Los ratoncitos verdes que se hacían chiquitos ante la primera muestra de superioridad de sus contrincantes o el “jugaron como nunca para perder como siempre”, que demostraba que siempre salían con entusiasmo para luego perder.

Entonces, ante este panorama, no es fácil, creer cuando la realidad se empeña en demostrar que en México soñar tiene sus consecuencias. Sin embargo, para todos los que han dudado (o dudan) de la selección hoy pueden entonar: “Comprende que mi amor burlado fue tantas veces, que se ha quedado al fin mi pobre corazón con tan poquita fe. Ustedes tienen que ayudarme a conseguir la fe que con engaños yo perdí, me tienen que ayudar de nuevo a amar y a perdonar”.

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