Alfonso Cuarón y la Reforma Energética

Son muchos los temas en el caldero. Todas las voces pueden ser útiles.

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Rodolfo Becerril Straffon 11/05/2014 01:21
Alfonso Cuarón y la Reforma Energética

Muchos seguramente pensaron que las preguntas formuladas al Presidente por Alfonso Cuarón, el cineasta mexicano que obtuvo el afamado Oscar y que está merecidamente en la cima de su gloria, eran preguntas sin respuesta. Preocupado no sólo por la gravedad en el espacio sino por la que en muchos sentidos padece el país, Cuarón se dio el lujo de pagar un desplegado para dar a conocer en plana completa sus interrogantes sobre la Reforma Energética al titular del Ejecutivo. Vale. Tiene el recurso y la fama pública suficiente para intentar orientar la opinión pública. Los artistas, por lo general, acusan una conciencia social que no pocas veces supone estar en contra del o de los gobiernos. Retratan una realidad que no coincide con la que las autoridades tienen, aunque también, en algunos casos, le sirven al poder porque lo necesitan como mecenas. Me parece útil que este cineasta haya alzado la voz por sí mismo y por otros y que se incorpore a un diálogo por demás necesario y conveniente 

Si uno lee entre líneas las preguntas, digamos respetuosas, percibe la posición del galardonado con el Oscar en torno a la Reforma Energética. Su reproducción en las redes sociales y sus más de 40 mil  tuits dieron  cuenta de su alcance. No hubiera sido lo mismo que Juan Pérez hubiese escrito el desplegado. Muchos dieron por sentado que en las interrogantes estaba implícita una respuesta negativa, es decir, que no hay forma de que a futuro bajen los precios de la luz y las gasolinas, que se va depredar el medio ambiente, que es poco menos que imposible que se combata la corrupción, que no hay interés ni programas para desarrollar tecnologías alternativas, etcétera. Se trataba de un golpe a la reforma con guante blanco. El Presidente no puede dar respuesta a todas las cartas que le dirigen. Hubo quienes consideraron que, en este caso, no habría respuesta. La sorpresa fue que el Ejecutivo, de inmediato, señaló que una vez que se enviaran al Congreso las iniciativas de leyes secundarias habría una contestación. Y ésta se dio sobradamente y con creces. Una a una, las diez preguntas fueron contestadas. Se pudiera no estar de acuerdo con todas las respuestas o no creer en absoluto en nada de lo que dice el gobierno, pero como hecho político, como lo fue también el listado de preguntas, la pronta respuesta del Ejecutivo es un punto a favor del Presidente. Por lo demás, la larga explicación en varios temas es muy oportuna a la luz de la discusión que habrá de iniciarse o reiniciarse con motivo de la presentación del paquete de iniciativas para reglamentar los cambios constitucionales en la materia.

El paquete incluye ocho nuevas leyes que a su vez tienen varios transitorios que modifican 13 leyes ya existentes. No es, pues, sencillo de analizar. De ahí que el debate deba ser amplio, incluyente, técnico, político y sin perder de vista el contexto en que se produce la reforma a la luz de lo que sucede en el mundo de los hidrocarburos y de la energía. El debate, por otro lado, no debe ser eterno. Mucho de lo que estará a discusión ya se discutió en la etapa previa, es decir, cuando se modificó la Constitución. Pero el diálogo debe ser intenso y con un propósito esencial: construir acuerdos para ampliar las bases del consenso. Si de entrada los opositores tienen el no en la boca, no hay diálogo que sirva. Si el gobierno no quiere modificar ni una coma, igualmente mal. El proceso legislativo tendrá que enriquecer las iniciativas, cuya aprobación urge para destrabar los obstáculos al crecimiento económico que todavía no logra despuntar como quisiéramos.

La apertura del sector energético en otros países como Colombia y Brasil ha logrado en ellos un aumento de la producción y de la productividad. De eso se trata, entre otras cosas. México lleva una década con problemas mayúsculos en su sector energético. Contábamos con grandes yacimientos cuya explotación era de bajos costos y ahora tenemos yacimientos de mayor complejidad geológica en los que la extracción de petróleo es más costosa y más riesgosa.  De otra parte, como ya se ha difundido, México importa 30% del gas que necesita. Actualmente, la producción de gas no puede ser llevada a cabo por el sector privado. Con la reforma, sí podrá. Adicionalmente, se tendrá que desarrollar la infraestructura para transportar gas por ductos que ahora no tenemos, lo que ha causado cuellos de botellas alarmantes. Por cuanto a la electricidad, cuyo precio a mediano plazo debe disminuir, debe tenerse presente que su costo depende en gran medida del combustible utilizado en su generación. La energía eléctrica que se genera con  gas natural es cuatro veces más barata que cuando se utiliza el combustóleo. Son muchos los temas en el caldero. Todas las voces pueden ser útiles. Al final, de lo que se trata es tener mejores condiciones e instrumentos para que el país crezca satisfactoriamente.

                *Doctor en economía por la Universidad Sorbona de París

                rodolfobecerril@hotmail.com 

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