Perros acosados

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Roberto Gil Zuarth 17/03/2014 01:42
Perros acosados

“… todo es para que el panista se sienta apenado de ser panista”. Con esa expresión, Carlos Castillo Peraza contextualizaba su candidatura a la presidencia nacional del PAN en 1993. El régimen del presidente Salinas en su zenit. El clima mediático era inclemente. La otrora escisión del PRI reivindicada en la “auténtica” izquierda popular, no concedía un mínimo espacio de legitimidad a las posiciones panistas. Dilema maniqueísta en las antípodas de la boleta electoral de 1994: los malos del PRIAN versus la resurrección mística de los “verdaderos” ideales de la Revolución. “Nos están tratando de llevar a un panismo de perros acosados; nos hacen hablar de nuestros dirigentes como de la cúpula; nos hacen hablar de nuestros debates como de negociaciones ocultas, sucias. Nos quieren hacer sentir ‘salinistas’ y creer que abandonamos la doctrina; toda la prensa, nuestros adversarios de los distintos colores...”. Carlos convocaba a los panistas a defenderse, a dar la cara, a tejer una narrativa sobre nuestras convicciones, coyunturas, decisiones, errores y aciertos, omisiones y excesos. Sólo un nato polemista podría llamar a tomar defensa argumental del diálogo socialmente útil con el gobierno e insistir, al mismo tiempo, en los pendientes de la democratización del país, sin sucumbir ante las tentaciones del populismo de nuevo cuño. Lo imagino ojeando primeras planas similares a las de hoy; sublevándose con su habitual inteligencia ante la circunstancia: ¿Cómo ponernos de pie en un desierto? ¿Cómo ser una visión coherente y convincente frente al avasallamiento de la hegemonía y a la inconsistencia de su supuesta alternativa? La respuesta de ese preclaro líder fue apelar a la dignidad ideológica, a la razón histórica, al instinto más básico de la política que sugiere que nunca hay saldos absolutos en la lucha por el poder. Nunca en una esquina pelando los dientes por temor al castigo, a la represalia, a la inanición. Con esa imagen, fría y dura, inició la ruta de victorias del PAN. La primera, la victoria de la dignidad. La segunda, la presidencia de Carlos.

Es extraño, por no decir una sospechosa casualidad, que justo cuando el PAN procura un nuevo modelo energético para México, cuando presiona al gobierno federal a hacer bien las cosas y cuando insiste en conjurar el control político y fiscal de Pemex, surja un caso para acosar a los panistas. Días enteros en la prensa dedicados a sugerir abstractos y difusos vínculos entre la empresa imputada —y/o sus socios— y los negociadores panistas de la Reforma Energética. Más sorprendente resulta el caso si se atiende al origen del problema y del escándalo: facturas y/o estimaciones a cargo de Pemex sujetas a garantía en un supuesto factoraje a favor de una de las entidades bancarias más sólidas de México y del mundo. Entidades, por cierto, bajo una intensa supervisión de las autoridades financieras nacionales e internacionales. ¿Cuál es la relación de un fraude bancario en 2013 y 2014 con los contratos suscritos por una empresa naviera? ¿Dicho fraude entre particulares es evidencia suficiente de la corrupción de los gobiernos panistas? ¿Los contratos suscritos en determinado lapso administrativo, por sus montos acumulados o por sus condiciones temporales, son prueba eficiente de corrupción, de tráfico de influencias? ¿Basta con señalar a una empresa por su rendimiento creciente para perseguirla? ¿Y si las condiciones económicas, de aumento de inversión, o los términos de adjudicación de contratos aportan razones para justificar las decisiones de las agencias de gobierno? En un Estado de derecho, ¿no es exigencia legal para penalizar un poco más que rumores? ¿Algún contratista del Estado de México, en este y anteriores sexenios, pasaría ese estándar de honestidad?

Soy panista; siempre lo he sido, en la oposición y en el gobierno. No tengo vínculo o interés alguno, directo o indirecto, inmediato o mediato, con la empresa Oceanografía. Mi defensa no es de espurios intereses, sino de los propósitos vitales que encontré en este partido. Por esa razón, no estoy dispuesto a que mi autonomía o mi libertad, de juicio o de voto como legislador panista, queden bajo el amago de un linchamiento mediático. Si hay razones de justicia, que se investigue, proceda y se clarifique la verdad, desde los juzgados hasta el parlamento. El PAN gobernó 12 años, para ser exactos. No nos podemos desprender de ese episodio. Los patrimonios se constituyen de haberes y de deberes, de activos y pasivos. El patrimonio panista es el haber democrático y de estabilidad, el de la decisión por la seguridad y de la responsabilidad en el uso del poder. Tenemos pasivos, sí. Muchos. Somos obra humana y, como tal, susceptible a yerros. Nos sostenemos en los haberes y aprendemos de los deberes. Eso significa una institución. Y eso somos, a final de cuentas.

Si hay un dejo de sospecha sobre nuestra conducción, debe investigarse hasta las últimas consecuencias con nuestra colaboración. El gobierno ha sembrado esa sospecha en sus comparecencias, declaraciones y filtraciones. Puede responder a la intención o tentación de crear una mala conciencia en el PAN, de fertilizar percepciones para que los panistas sientan pena. Nuestros dichos, posiciones o votos jamás deben quedar bajo la penumbra de la vergüenza. El perro acosado enseña los dientes para protegerse. Carlos nos reunió para defender nuestra casa, para ser libres, para marcar los territorios de nuestras conquistas.

                *Senador de la República

                roberto.gil@senado.gob.mx

                Twitter: @rgilzuarth

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