Registro a Morena y PRD

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Ricardo Pascoe Pierce 11/07/2014 00:00
Registro a  Morena y PRD

Hace más de un año, un alto dirigente del PRD me dijo que dudaba que Morena pudiera conseguir el registro legal como partido. Abonando al tema, agrego que, aún en el remoto caso de que lo obtuviera, probablemente no recibiría suficientes votos para refrendarlo (o sea, 3% de los votos a nivel nacional). La percepción expresada se basaba, me decía el mismo dirigente, en encuestas fiables que arrojaban ese resultado. Y, yo agregaría, en una dosis importante de “wishful thinking” de su parte. Leyó en las encuestas lo que quería ver, y así definió la actuación de su partido.

Desde el miércoles 10 de julio Morena cuenta con su registro legal, y la situación política está cambiando rápidamente. El periódico El Respetable acaba de publicar una encuesta que da cuenta de una historia opuesta a la del dirigente perredista. Con un levantamiento previo al registro de Morena, la encuesta, hecha en la Ciudad de México para medir la posible votación para diputados federales, ilustra una caída en las preferencias electorales del PRD y coloca a Morena en tercer lugar en la ciudad, un punto porcentual arriba del PAN, que cae al cuarto lugar. Morena ya cuenta con 15% de los votos en la ciudad.

Baste recordar que Andrés Manuel López Obrador ya derrotó una vez al PRD y el GDF en la ciudad, cuando lanzó a Juanito contra la candidata oficialista en la delegación Iztapalapa. Esa derrota  provocó la huida de René Arce y su grupo político de Iztapalapa, primero, y del PRD, después. Es previsible, como saldo de eventuales derrotas del PRD en su territorio más importante (el DF), que habrá más, y no menos, fracturas internas. De ahí que Los Chuchos estén asegurando su sobrevivencia política, aferrándose a la presidencia de su partido.

La lógica en la que se inscribe la lucha por la dirigencia del PRD tiene todo que ver con Morena y con el futuro de la hegemonía del PRD en una izquierda dividida. La reciente revelación de las ligas entre Los Chuchos y Slim, y la insistencia de aquellos en votar contra  aspectos que perjudican a Telmex, tiene que ver con el futuro acceso a un financiamiento indirecto para ese partido en 2015 y adelante. Están convencidos de que si puede contar con más dinero que Morena, pueden superarlo en votos. En igualdad de circunstancias, saben que su hegemonía en la izquierda peligra.

El peligro es por doble partida, pues enfrentan el mismo problema internamente. Para Los Chuchos el hecho de entregar la presidencia del PRD a Cárdenas, por ejemplo, significaría acelerar su propio paso hacia la extinción. Los antichuchos dentro del PRD ven lo mismo, pero al revés: si no acceden a la presidencia, su propio poder se irá mermando indefectiblemente. 

Es tan serio el problema, que tuvieron que acudir a un árbitro externo —el INE— para que organice su elección interna y, así, evitar poner en peligro la estabilidad y la gobernabilidad del PRD. Y todo ello para mantener a flote un barco que pudiera zozobrar al enfrentarse a un enemigo parecido, pero distinto.

Por el lado de Morena, la elección del 15, además de constitucional, es un plebiscito dentro de la izquierda. Las dos vertientes de la elección son importantes, pues definirán el peso de cada una de las fuerzas en la Cámara de Diputados y en los espacios estatales a elección. Pero también adelantará criterios concernientes a la elección de 2018: guiará las decisiones acerca de quiénes serán los candidatos de la izquierda a la Presidencia de la República y a la Jefatura de Gobierno del DF.  

Es un proyecto político que nace con fuerza, como lo demuestra la encuesta de El Respetable. Sin duda va a crecer más de lo que marca esa medición conforme avanza el proceso electoral. Pero lo cierto es que Morena, como partido político, sigue padeciendo de su esencial debilidad: es partido de un solo hombre. Sin él, deja de existir. Sin él, se fragmenta en pequeñas tribus sin cohesión entre ellas y que padecen de grandes diferencias ideológicas y políticas.

El tiempo mostrará el efecto que tendrá la división de la izquierda. Un efecto puede ser un bipartidismo más consolidado entre PRI y PAN. Otro, una radicalización de conflictos sociales en el país. Un tercer saldo podría ser la parálisis del proceso legislativo y el demérito de la institucionalidad democrática.  O una combinación de los tres, acompañado de un ascenso en la inestabilidad política.

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

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