¿Dónde va Venezuela?

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Ricardo Pascoe Pierce 14/04/2014 01:18
¿Dónde va Venezuela?

Al escuchar el inicio del diálogo venezolano entre el oficialismo y la oposición por CNN en Español, varias cosas pudieron observarse y, de ahí, entresacar algunas conclusiones tentativas sobre el futuro inmediato del ejercicio. Sentados juntos en una gran congregación, los actores venezolanos y sus auspiciadores —tanto cancilleres de UNASUR como el representante del Vaticano— hablaron de las virtudes del diálogo, mientras cada quien ponía sobre la mesa condiciones que, se percibía, cerraban toda posibilidad de acuerdo. Sin duda fue importante el inicio del ejercicio: fue impuesto por presiones de la comunidad internacional, ante evidencias de una grave descomposición interna y de la manifiesta incapacidad de unos y otros por encontrar rutas de salida a su crisis.

Después de breves introducciones de los cancilleres y el Vaticano, habló el presidente Maduro por casi una hora. Fue una locución improvisada, divagante, desorganizada. Está acostumbrado a hablar así en cadena nacional todos los días, así que, en sentido estricto, no había nada nuevo. Excepto para el oído extranjero que, sin el hábito de escucharlo, se sorprende ante el espectro de un presidente con pensamiento desordenado y, en cierto modo, confundido. Acto seguido entregó la palabra a todos los asistentes —más de 20— para que cada uno hablara diez minutos, empezando por la oposición y luego el oficialismo, alternadamente.

En esencia, el oficialismo exigía que la oposición dejara de protestar en la calle para poder dialogar “en paz”, mientras la oposición exigía que se convocaran a nuevas elecciones con un árbitro neutral, posiblemente internacional, y con condiciones de equidad en la competencia. Ponente tras ponente decía lo mismo. Y todos coincidían en que había que atacar, de raíz, la inseguridad reinante en el país (Venezuela es el país más violento de América Latina) y la crisis económica, expresada en inflación, escasez de productos, especulación, falta de divisas, desempleo y presencia del narcotráfico.

El extremismo de las posturas se reforzó, aparentemente, por el hecho de que el diálogo fuese público e incluso, y para nuestra ilustración, trasmitido a toda América Latina. Ese hecho habló de un primer problema en el esquema de diálogo. Las partes pueden acordar líneas de acción, rutas a seguir y tiempo de cumplimiento con mucho más facilidad en privado que en público. Al hablar ante cámaras, nadie podía matizar lo dicho anteriormente en público sin aparecer como contradictorio e inconsecuente. Y tenían que hablar para sus clientelas políticas, tanto internas como externas, lo cual hacía prácticamente imposible arribar a acuerdos. Por lo tanto, será indispensable contar con una mesa paralela, discreta que facilitara el camino de los acuerdos.

Si es que quieren llegar a acuerdos. Incluso sobre este asunto hay dudas. No está del todo clara la función de la misión de UNASUR. ¿Es para resolver la crisis del país, o simplemente para ayudarle al gobierno a resolver su propia crisis? 

La oposición llega a la mesa dividida. Dentro de ella hay quienes opinan que es el momento de la movilización, no del diálogo. Sostienen que dialogar con el gobierno es ayudarle a resolver su crisis, mas no la del país. Por otro lado, los estudiantes no están representados en la mesa de diálogo, y sus movilizaciones han jugado un papel central en la situación política general del país.

La impresión que da el oficialismo es que no va a entregar nada a la oposición que no sea absolutamente indispensable para acabar con las movilizaciones, mientras que la oposición reclama un cambio de régimen. Maduro fue claro en su divagante mensaje: “En Venezuela se está implantando el socialismo y no vamos a devolver el país a los capitalistas”.  Ese discurso está muy influido por los cubanos, pues es una retórica recurrente en la Isla. Habla de la influencia del pensamiento cubano en Maduro, incluso en su metodología de gobierno: ¡aquí no se rinde nadie! ¡Socialismo o muerte, venceremos!

Este es el núcleo central de la discrepancia en Venezuela. Bajo el esquema planteado por Maduro, no hay manera de compartir el poder, mientras la oposición (e incluso, sectores dentro del oficialismo) exige un nuevo esquema de gobernabilidad basado en responsabilidades compartidas, incluso con posiciones claves dentro del gobierno y el parlamento. En una sociedad tan polarizada y dividida por la mitad, esa demanda parece tener mucho sentido.

Por lo pronto, el diálogo público no va a rendir frutos positivos si cada quien se limita a arengar a sus públicos respectivos. El mecanismo deberá modificarse para lograr avances significativos rápidamente.

Si es que la idea es llegar a acuerdos.

                ricardopascoe@hotmail.com

                                Twitter: @rpascoep

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