“Lo gentil” es exclusión (1 de 3)

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Ricardo Pascoe Pierce 10/01/2014 00:00
 “Lo gentil” es exclusión (1 de 3)

Todos los habitantes de la Ciudad de México aspiramos, de una u otra manera, a un mejoramiento de nuestra calidad de vida. Para unos pueden ser mejoras en la infraestructura urbana (agua, luz, drenaje), para otros una movilidad más eficiente, barata y cómoda, mientras para otros tantos puede representar el gozar de una sensación de mayor seguridad y protección en sus vidas y bienes. Pero el denominador común es que se quiere vivir mejor, con más calidad de vida.

Para que esa mejoría pueda darse, es preciso contar con leyes buenas. No es solamente cosa de respetar las leyes que nos hemos dado, sino contar con leyes que responden al estadio de desarrollo económico y social en que se encuentra la ciudad. Este es el problema de nuestra ciudad. Nos hemos dotado de leyes que promueven, activamente, un desarrollo urbano desordenado, elitista y excluyente. Y hoy el GDF promueve el proyecto más excluyente y elitista que se haya conocido en años de desarrollo de la ciudad, basado en leyes que lo admiten y lo promueven.

El Proyecto Granadas, que promueve Seduvi, junto con Medio Ambiente, Setravi, Sedeco, SACM, Agencia de Gestión Urbana, delegación Miguel Hidalgo, y consultores y desarrolladores privados, afectará, eventualmente, a 32 colonias de la delegación Miguel Hidalgo. En un primer tramo afectará a: Irrigación, Francisco. I. Madero, Popo, 5 de Mayo, Pensil Sur, Ampliación Popo, Ampliación Granada, Cuauhtémoc Pensil, Modelo Pensil, Granada, Dos Lagos, Lago Sur, Los Manzanos, Mariano Escobedo, Anáhuac Primera Sección y Verónica Anzures.

En su segunda etapa se incluirá: Tlaxpana, Anáhuac Segunda Sección, Popotla, Tacuba, Legaria, Ventura Pérez de Alba, San Juanico, Peralitos, Lago Norte, Ahuehuetes Anáhuac, Reforma Pensil, Pensil Norte, Deportivo Pensil, Loma Hermosa, Lomas de Sotelo y Periodista.

El concepto urbanístico que se promueve en esta zona inicia con el “ancla” que es el complejo de Carlos Slim con su corporativo Carso, el museo Soumaya y los edificios con áreas comerciales y habitacionales que se construyeron en terrenos que habían servido como fábricas y ahora lucían abandonados. La idea original fue producto de un acuerdo entre el propio empresario y el entonces jefe de Gobierno,  López Obrador. Debido a que las construcciones se realizaron en terrenos vacíos, no implicó una afectación severa a la población en la zona, hasta que los espacios se ocuparon y se dieron cuenta de que faltaron unos pequeños detalles: planificar la movilidad de la zona (no hay calles capaces de sostener el nuevo flujo vehicular) y asegurar servicios urbanos básicos, como la recolección de basura y el abasto de agua suficiente, además de nuevos e ingentes problemas de seguridad pública.

Pero, con la nueva administración de Miguel Ángel Mancera, se pretende empujar este proyecto de “modernización y renovación” urbana hacia las colonias mencionadas. Y es un proyecto, por ende, mucho más agresivo y desarrollista urbanísticamente hablando, pues se basa en la idea de hacer mucho más rentable el valor del suelo con la expansión de “Polanco” hacia el norte.  Al acrecentar el valor del suelo con nuevas construcciones, tanto para comercios como habitacionales, la tendencia será, inevitablemente, expulsar a la población de menos recursos para hacer lugar favoreciendo el arribo de gente de mayores recursos económicos. Es decir, la tendencia será expulsar a los actuales pobladores de las colonias mencionadas que no tengan los recursos económicos para “modernizarse”, hacia áreas del Estado de México, o, incluso, más lejos del DF. 

Esto mismo sucedió en Nueva York, con un proceso que llamaron de gentrification, pues se tendía a expulsar a habitantes pobres para dejar los espacios urbanos privilegiados y renovados a gente más adinerada. En español podría entenderse como gentilización, pues supone el arribo de gente “gentil” y que sustituye a la gente menos gentil en una zona de la ciudad. De ahí el título de este artículo. Y en Nueva York la polémica persiste acerca de la validez del modelo, especialmente porque supone un castigo a familias por el simple hecho de ser pobres.

El modelo de desarrollo de una ciudad como la nuestra, con una población mayoritaria de bajos recursos, no puede desarrollarse de la misma manera que Manhattan. El modelo expulsor supone, de entrada, un incremento del plusvalor del suelo que le conviene al negocio privado, y no al interés público. Sería inaceptable que en 10 años toda la zona mencionada estuviera renovada y modernizada, pero a costa de haber expulsado el 70% de su población actual.  Lo cual es, teóricamente, una probabilidad estadística alta.

Desarrollaremos, en sucesivas columnas, las intenciones del proyecto, los problemas sociales y políticos que representa y posibles respuestas de los ciudadanos afectados.

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter@rpascoep

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