Ética en la educación médica

Existen escuelas de medicina que omiten contenidos, como la planificación familiar, por la ideología de los dueños.

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Raymundo Canales de la Fuente 08/06/2014 00:05
Ética en la educación médica

La reflexión ética debe formar parte de la educación en general, especialmente de la formal, como principio estructural de cualquier licenciatura. El educando, idealmente, debe ser expuesto a las situaciones dilemáticas de la profesión, obligándolo a tomar una decisión que le permita definir su propia postura frente al problema, para apuntalarla posteriormente con razonamientos convincentes. El ejercicio no es complicado, solamente requiere que el profesor haya tenido la oportunidad de deliberar en los mismos términos. La ética entendida de esa manera se convierte en un acto de discusión, primero, para fijar la postura de cada individuo y, después, la de la mayoría, con los objetivos puestos en el bien de la sociedad. La carrera de medicina, con su doble carga de significados tanto científicos como humanistas, debe tener especial cuidado para someter a los alumnos a los dilemas éticos que tan cotidianamente aparecen en la práctica profesional; especialmente en los tiempos recientes, dados los enormes avances científicos y técnicos. Sorprende entonces la carencia de materias curriculares enfocadas a propiciar la formación en este campo, siendo una necesidad cada día más urgente, porque son esos jóvenes los que van a decidir el futuro cercano de la atención médica y a determinar sus derroteros. No puedo contar ya las ocasiones en las que personalmente he confrontado a estudiantes de posgrado, en especialidades relativas a la reproducción humana, preguntándoles su postura personal frente a dilemas como el aborto, el congelamiento de embriones, la fertilización in vitro, para sorprenderme con respuestas por completo contradictorias a la educación a la que están accediendo o por completo incongruentes. Cito como ejemplo estudiantes del posgrado en biología de la reproducción, que aprenden todos los detalles técnicos y quirúrgicos para lograr embriones en el laboratorio para transferirlos a la futura madre, pero que en el camino pueden terminar de muy diversas formas, incluyendo por supuesto su destrucción o congelamiento; y al conversar manifiestan argumentos tradicionales en contra del aborto. Solamente con el diálogo dirigido, y después de algunas horas, alcanzan a vislumbrar el nivel de su propia contradicción. Por supuesto el fenómeno no es culpa del educando, sino de un sistema de formación profesional carente de cualquier contenido de discusión ética sistemático y que obligue al alumno a tomar una postura clara, incluso para brindarle elementos en el momento de decidir su especialidad.

Adicionalmente, también la ética debe formar parte integral de quienes diseñan los programas de estudio de las licenciaturas; como ya lo he manifestado en otras ocasiones, existen hoy día, en México, escuelas de medicina que omiten contenidos, como la planificación familiar, por razones ideológicas de los dueños de los planteles, pero eso significa que los egresados se pueden convertir en un peligro para la sociedad; un médico que no sepa prescribir un anticonceptivo o colocar un dispositivo intrauterino pone en riesgo inminente la vida de mujeres, por ejemplo, con alto riesgo de presentar preeclampsia. Urge cambiar este panorama y brindarle a los alumnos herramientas intelectuales suficientes.

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