Derecho a la salud, amenazado

Una de las respuestas razonables es modificar el enfoque de salud hacia una medicina preventiva.

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Raymundo Canales de la Fuente 27/04/2014 00:00
Derecho a la salud, amenazado

La nota del día en cuanto a la salud en México está en relación con un tema pendiente de nuestro sistema sanitario: la unificación; es decir, acceder a un sistema universal de salud que ampare a todos los mexicanos. En el mundo occidental, los sistemas de salud, bajo cualquier esquema, se encuentran en crisis. Baste citar como ejemplo la malograda reforma de salud de Obama o la crisis financiera del sistema español. La explicación tiene relación con el avance científico-técnico de la medicina moderna, vertiginoso, alucinante y sorprendente, pero al tiempo, extraordinariamente caro. El día de hoy efectuamos cirugías asistidos por computadoras, equipos de video sofisticados y hasta robots quirúrgicos; contamos con fármacos cada día mas eficaces contra infecciones virales, para combatir el cáncer o controlar enfermedades crónicas, como la diabetes, pero a precios exorbitantes. Las empresas dedicadas al desarrollo tecnológico y a la creación de fármacos, por ejemplo, cobran cantidades muy jugosas por el uso de sus productos, que resultan frecuentemente los mejores, y están abandonando las líneas de desarrollo con poco margen de utilidad, por ejemplo, los antibióticos, sin que les importe en lo más mínimo el riesgo para la humanidad. El fenómeno por supuesto no es nuevo: sus orígenes tienen por lo menos unos 40 años, respondiendo a los axiomas del libre comercio dictados por la “modernidad” y cuya línea argumentativa afirma que “el mercado lo regula todo”, lo que pone en relieve la falsedad de la afirmación, más bien, parece que “el mercado lo destruye todo”.

Ante el panorama descrito, nuestro sistema de salud tiene debilidades adicionales, como el hecho de estar fragmentado: son muchas las instancias gubernamentales, frecuentemente inconexas, las que responden parcialmente a la demanda sanitaria; parece, por supuesto, una necesidad urgente actuar para estructurar una sola institución sanitaria que le permita al Estado mexicano administrar mejor sus recursos, evitar en la medida de lo posible el dispendio y combatir de forma más eficaz la corrupción y las prácticas desleales al interior de la organización. Por supuesto otra de las respuestas aparentemente razonables es modificar el enfoque de salud hacia una medicina preventiva, con la esperanza de racionalizar recursos y dirigirlos hacia una realidad con mejor costo-beneficio, pero acá nos encontramos nuevamente con las fuerzas del mercado; hace poco, atestiguamos la resistencia frontal que se convirtió incluso en ataques al gobierno por parte de los industriales productores de alimentos de mala calidad nutricia, vimos desplegados en los periódicos firmados por la industria refresquera, quejándose y amenazando incluso con cerrar. La prevención del síndrome metabólico y sus sucedáneos, como la diabetes, descansa exactamente en una alimentación equilibrada, y este tipo de productos van exactamente en el sentido contrario.

El panorama es por supuesto complejo, se requiere de un Estado fuerte, decidido a actuar en función de la mayoría de la población y con capacidad para confrontar a los grandes intereses trasnacionales del capital, con la mira puesta en el rescate de uno de los derechos sociales más elementales, la salud.

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