Inseminador altruista

Esta actividad representa una alternativa para las mujeres que no pueden o no han conseguido una gestación.

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Raymundo Canales de la Fuente 23/03/2014 00:00
Inseminador altruista

Hace unos días, en este periódico apareció una nota acerca de Ed Houben, europeo, de cerca de 40 años de edad, cuya singular actividad motivó reportajes en innumerables medios de comunicación. El personaje dice que, por altruismo, ha decidido sostener relaciones sexuales con múltiples mujeres que desean un embarazo, por lo que procura que el coito ocurra en los momentos fértiles del ciclo menstrual y ofrece fertilizar a mujeres de todos medios, orientaciones y situaciones personales que deseen ser madres. Ha tenido gran éxito en su misión, en vista de los 98 hijos biológicos que ha engendrado, cuyas madres han viajado de diversos países para acceder a sus servicios; menciona el sujeto que ha “ayudado” a parejas con larga historia de infertilidad, mujeres solteras y parejas de mujeres homosexuales, por ejemplo. Por supuesto nada tiene de ilegal su actividad y los riesgos tendrían relación, por ejemplo, con la posibilidad de contagio de alguna enfermedad de transmisión sexual o con la posibilidad de que alguno de sus hijos, en el futuro, decidiera conformar pareja con alguien que podría ser su medio hermano. Para atajar este último, Houben menciona que tiene una base de datos personal con cada uno de los hijos nacidos a partir de su “inseminación” para que, en el futuro, en caso de duda, se pudiera consultar por los involucrados. Por supuesto representa, esta actividad, una alternativa para las mujeres que no pueden o no han conseguido una gestación, bajo otras circunstancias lo llamaríamos “sexo casual” y por supuesto no es intrínsecamente malo; cuántas anécdotas de la vida cotidiana tenemos en nuestro país en las que el comentario reza “....le echaron la mano”, refiriéndose a alguien que aparenta no poder sostener relaciones sexuales y su mujer resulta embarazada. El asunto no pasa de un poco de burla y sanción social, pero a la postre, el hijo es considerado, sin lugar a dudas, parte de la familia, sin importar que al señor le haya ayudado alguien anónimo. La reproducción humana es tan compleja como el número de individuos de la especie, es un absurdo intentar encajonarla, como pretenden algunas religiones o algunos legisladores ignorantes, a ciertas circunstancias como el matrimonio. Cuál puede ser la utilidad de pretender prohibir mediante leyes que las parejas homosexuales accedan a inseminaciones efectuadas en clínicas de reproducción asistida si, eventualmente, van a poder acceder a algún “piadoso” como Houben, de quien resulta difícil creer su altruismo, pero cabe la posibilidad. En una búsqueda simple de oferta de servicios similares en España, por ejemplo, me encontré unas diez páginas de varones que ofrecen servicios similares a los del personaje de marras, con diversas modalidades, algunos gratuitos y otros que cobran. Desde el punto de vista ético no encuentro una objeción fundamental que me conduzca a calificar la conducta como intrínsecamente mala, si se previenen los riesgos que ya mencioné; pero le dejo a usted, estimado lector, la última palabra.

 

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