Cirugía fetal

Invariablemente, se requiere de una evaluación muy cuidadosa ponderando ventajas, desventajas y riesgos...

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Raymundo Canales de la Fuente 16/03/2014 00:08
Cirugía fetal

La obstetricia moderna contempla una serie de intervenciones que se pueden efectuar en el feto dentro del seno materno. La historia de dichas intervenciones es de muchos años, dependiente, obviamente, del desarrollo del ultrasonido, que nos permite analizar hoy, con mucho detalle, la condición fetal, ya sea de enfermedad o de trastornos en el desarrollo; una de las primeras enfermedades fetales que tratamos es la derivada del trastorno por incompatibilidad al factor Rh, en la que el feto desarrolla anemia muy grave por anticuerpos maternos en contra de la sangre del futuro bebé. Bajo esas circunstancias, podemos efectuar transfusiones, que al inicio eran en el abdomen fetal, mediante la punción del mismo, y ahora se efectúan puncionando alguno de los vasos sanguíneos del cordón umbilical, mejorando por supuesto el pronóstico. Cabe mencionar que la enfermedad fetal por incompatibilidad Rh ya se puede prevenir, por lo que de forma ideal ya no deberían presentarse casos, sólo en contadas ocasiones en las que falle la vacuna. Algunos años después surgió en el mundo la curiosidad respecto de intentar algunas otras intervenciones más atrevidas, hay quien intentó la corrección del defecto facial conocida como labio leporino, lo que redundó en un franco fracaso, no por los resultados estéticos, sino porque al abrir el útero y romper las membranas que rodean al feto, se convierte en inevitable el nacimiento del mismo a corto plazo, y no se compara el riesgo de la prematurez comparado con un resultado estético malo, operando al recién nacido al término de la gestación; hoy, prácticamente no se opera al feto con ese diagnóstico. Las experiencias posteriores giran en torno de intervenciones poco invasivas, mediante fetoscopía, que es una técnica para visualizar al feto mediante la introducción de un telescopio delgado, para, por ejemplo, colocar un globo en la tráquea de un feto afectado por hernia diafragmática, lo que permitirá que se desarrollen de forma adecuada sus pulmones. Existen otras intervenciones, todavía exponiendo al exterior al feto, de malformaciones muy grandes y de extrema gravedad, que ponen en riesgo su vida o integridad, con éxitos relativamente magros. Invariablemente, se requiere de una evaluación muy cuidadosa ponderando ventajas, desventajas y riesgos de cada caso concreto ante la propuesta del grupo médico a cargo, idealmente realizada por un comité de ética familiarizado con el tema; de hecho, el consejo de los organismos en bioética va en este sentido. Se incluye entre estas técnicas el feticidio, no con el ánimo de matar al feto, sino en los casos extremos, por ejemplo, del feto anencéfalo, que carece de cerebro y por tanto no tiene absolutamente ninguna posibilidad de vivir ni de convertirse en una persona; el feticidio aquí sería por elección de la mujer, antes de someterla a la inducción del parto o el aborto. Suena absolutamente absurdo e increíble lo que vimos en prensa respecto del caso de un feto anencéfalo en la hermana República de El Salvador, donde ni siquiera se le permitía a una mujer con riesgo grave para su vida interrumpir un embarazo con un feto anencéfalo.

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