Ética y corridas de toros

Es cierto que el animal sufre, aunque sea durante pocos minutos, frente al público expectante.

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Raymundo Canales de la Fuente 02/03/2014 00:00
Ética y corridas de toros

Otra discusión interminable alrededor de las corridas de toros caracteriza a la sociedad occidental actual. Como manifestación cultural, entendida por supuesto como cualquier conducta social que caracteriza a una comunidad o sociedad, las corridas de toros tienen muchos años presentes en el ámbito latinoamericano. Se trata básicamente de un espectáculo basado en una persona que sortea —con mucho riesgo— los ataques de un bovino especialmente diseñado mediante manejo genético, para que no dude en atacar aunque le cueste la vida. Frecuentemente termina en la muerte del animal mediante la espada del matador, enfrentándolo, y cuando no es posible lograr la muerte rápida se le “descabella”, lo que significa la sección de la médula espinal, lo que pone fin a su vida e instantáneamente al sufrimiento en vista de que se cortan las vías nerviosas del dolor y la sensibilidad. Las posturas que defienden este acto giran alrededor del contenido artístico, que indudablemente existe desde el momento en que el matador transmite sentimientos, mediante momentos estéticos, al tiempo que arriesga la vida.

Las posturas contrarias o críticas aluden al sufrimiento del animal como fuente de placer humano, que aparentemente carece de justificación; argumento por cierto incontrovertible. Es cierto que el animal sufre, aunque sea durante pocos minutos, frente al público expectante.

Las preguntas que surgen a la luz de ambas posiciones están en relación directa tanto al diseño y crianza de la especie animal, quizás habría que impedir la existencia de ranchos con esas características y la existencia misma de la especie en vista de que no son reses para producir carne o leche, y también cabe preguntarse lo que pasa con las demás clases de bovinos.

Hay mucha documentación que pone en evidencia el maltrato sistemático, durante muchas horas, a miles de reses, con sufrimientos mucho peores, en los rastros, y nunca he visto una manifestación pública en contra de estos hechos que serían profundamente sancionables; pero llevado al extremo, el argumento del maltrato hacia cualquier especie biológica, tendríamos también que poner énfasis en la muerte humanitaria de una mosca, que probablemente sufre al aplastarla con el periódico, o el caso de un ratón en una ratonera.

Creo que se requiere de un ánimo tolerante para discutir el asunto sin caer en apasionamientos estériles que casi nunca conducen a salidas razonables, cabe mencionar que de cualquier manera los animales muertos en la plaza terminan siempre como alimento humano, casi de forma inmediata a la muerte de la res, es convertida en tacos el cadáver, en el caso de México.

Seguramente otras culturas lo comerán en diversas formas.

Difícil problema luchar contra una manifestación cultural seriamente arraigada en la nuestra y en muchas sociedades del orbe. Ojalá podamos tener un diálogo razonable.

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