Farmacéuticas y ética médica

Financiar a médicos puede ser un conflicto donde se contraponga el interés comercial con el del paciente.

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Raymundo Canales de la Fuente 05/01/2014 00:00
Farmacéuticas y ética médica

El 17 de diciembre del año que recién terminó, Reu-ters nos comunica una nota en la que se pone en evidencia una decisión de GlaxoSmithKline, farmacéutica trasnacional poderosísima, de detener el pago a médicos para promocionar fármacos. Es el fabricante más importante de la Gran Bretaña y argumenta que financiar al grupo médico, por ejemplo en viajes para atender conferencias, puede redundar en conflicto de interés, donde se contraponga el interés comercial con el del paciente. La empresa hace una serie de declaraciones y reflexiones, por supuesto basadas en los escándalos alrededor de las nefastas prácticas comerciales de la industria farmacéutica. Fiona Godlee, editora de la prestigiosa revista British Medical Journal y ferviente crítica, le comentó a Reuters que “es de esperarse que otras empresas sigan el ejemplo de Glaxo, pero hay un largo camino por recorrer si se quiere de verdad sustraer a la medicina de la influencia comercial. Los médicos y sus sociedades han estado demasiado dispuestos a comprometerse”. En nuestro país, por ejemplo, carecemos de un marco normativo explícito y claro que sancione estas prácticas, han sido muy tímidos los intentos de regulación y, prácticamente, sin ningún éxito. El grupo médico tendemos a ver como “naturales” las conductas de toda la industria conexa a la práctica clínica (yo por supuesto me excluyo) en el sentido de apoyar eventos, financiar viajes costosos, cenas de gala y una enorme cantidad de regalos, aparentemente de forma “incondicional”, por parte de laboratorios farmacéuticos o de fabricantes de sucedáneos de la leche materna, cuando esencialmente están comprando la conciencia del médico, sin importarles, por ejemplo, la seguridad de los fármacos o el máximo beneficio de la lactancia materna por sobre todo tipo de nutrición para el recién nacido. Es difícil calcular la derrama económica que representa para un país como el nuestro lo que parece ser un hecho muy simple, el médico eligió un fármaco más caro y el sistema sanitario o el bolsillo del paciente —a fin de cuentas, la sociedad en su conjunto— termina sufragando tratamientos más costosos, o, en el caso de la lactancia, una alimentación que hubiera sido gratuita. Tenemos acá el extremo terrible de médicos que literalmente venden fármacos directamente al paciente en sus consultorios privados, eligiendo, por supuesto, el que les permite un margen de ganancia más jugoso; nada más alejado de una práctica médica honesta y ética. Necesitamos articular una política pública clara que permita contrarrestar los nocivos efectos de un comercio que, si bien es cierto respeta el marco normativo, está causando sangría económica en todos los sectores sanitarios y, quizá, efectos colaterales difíciles de evaluar, como la “epidemia” de padecimientos renales que hemos atestiguado. Por supuesto las recientes decisiones en el sector salud de compras consolidadas de medicamentos abonan hacia una práctica más sana y transparente, pero hay mucho más en el camino; además del urgente fortalecimiento de la industria nacional.

 

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