Desconfianza ciudadana

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Raúl Contreras Bustamante 28/06/2014 01:17
Desconfianza ciudadana

El diccionario de la lengua española, define a la confianza como la esperanza firme que se tiene de una persona o cosa. 

El Instituto Nacional Electoral y El Colegio de México publicaron recientemente un informe sobre  la calidad de la ciudadanía en México, que es un análisis relativo a las percepciones y prácticas ciudadanas; así como,  de su relación con diversos sujetos de intermediación y representación políticas.

Los datos del estudio se basan principalmente en dos encuestas elaboradas —a nivel nacional— a 11 mil ciudadanos y en 169 entrevistas a líderes o representantes de asociaciones;  sobre valores, percepciones; prácticas ciudadanas;  patrones de organización; alianzas y peticiones entre actores colectivos de la sociedad civil.

Las conclusiones son muy ilustrativas respecto de la divergencia que hay entre la ciudadanía con sus representantes políticos y también, en relación con la falta de confianza de los gobernados en sus leyes e instituciones.

Los resultados indican que 53% de los encuestados respondió que las personas siempre deben respetar las leyes; 37%, piensa que —en los hechos— la ley se respeta poco; y 29%, considera que no se respeta nada.

Respecto al nivel de confianza en instituciones y organizaciones políticas y sociales, los peor calificados son los diputados y los partidos políticos. En sentido inverso, los mejor calificados resultaron los maestros y sobre todos los demás, el Ejército.

A pesar de los conflictos magisteriales y las fuertes críticas en contra de la calidad de la educación; los maestros siguen ocupando un nivel muy importante dentro del reconocimiento ciudadano respecto de su importante papel en la vida social.

Asimismo, no obstante, el difícil papel que las Fuerzas Armadas han tenido que desempeñar en el combate a la delincuencia, la ciudadanía las mantiene en el más alto nivel de respeto y consideración.

La actuación en el desempeño de los partidos políticos y sus representantes legislativos, registra un rechazo y desconfianza extrema.  El problema es bastante delicado.

En muchas ocasiones, la ley no es producto de la interpretación de conductas sociales reiteradas que requieren normarse, sino que es el resultado de consensos políticos para generar cambios dentro de la sociedad, a veces en contra de lo que la ciudadanía necesita.

Existe un exceso de disposiciones legales. El ciudadano se entera de la aprobación de las leyes a través de los medios de comunicación, pero no tiene manera de acceder a su contenido de manera fácil, lo que hace que sea poco probable su comprensión cabal de los alcances normativos.

Incluso, para el mismo legislador y los juristas —funcionarios administrativos, jueces, abogados— les resulta —en muchas ocasiones— difícil el manejo de tantas disposiciones. En estas circunstancias, la ciudadanía tiene graves dificultades para conocer y observar el derecho.

“La debilidad y la ineficacia operativa del sistema legal, así como, la incapacidad de los agentes del sistema para mostrar un comportamiento digno de confianza, afecta su legitimidad”, concluye el estudio referido.

La actitud abusiva e irreflexiva de los partidos políticos observada durante la aprobación de las reformas y los escándalos por la falta de probidad de algunos de sus miembros, harán que la desconfianza ciudadana crezca.

La encuesta revela un dato aún más preocupante: Si bien 53% de los entrevistados reconoce que la democracia es preferible; 18% declaró que le da lo mismo un sistema democrático que otro, pero 23% declaró que a veces preferiría un sistema autoritario.

Como Corolario, las encuestas revelan que ante el fracaso de la ley y las instituciones democráticas, la ciudadanía llega a tolerar —e incluso, demandar— un gobierno autoritario, que le garantice orden y prometa progreso.

Terrible, ¿no lo cree usted?

 

 

 

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