La resaca de las festividades

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Raúl Contreras Bustamante 04/01/2014 00:14
La resaca de las festividades

El pasado año concluyó con un ambiente inmerso en la promulgación de diversas reformas constitucionales y legislativas, que han sido celebradas por el gobierno federal y los partidos políticos que las promovieron.

Diversos analistas nacionales e internacionales han comentado que dichas transformaciones legales le brindarán al país un impulso importante para volver a la senda del crecimiento y el desarrollo, siempre y cuando su instrumentación sea adecuada.

Entre tantas noticias y la conmemoración de las fiestas navideñas, el país entró en una relativa calma. La sociedad se dedicó a vacacionar y a reunirse con sus familiares y seres queridos.

Sin embargo, a partir del primer día hábil del año, a los mexicanos se nos comenzó a dar la primera cucharada de una medicina amarga para curar la resaca que nos dejaron tantas reformas.

Subió el precio de las gasolinas, diesel y gas LP; además de los nueve centavos que habían venido incrementándose cada mes, se le aplicó, por sólo una vez, un impuesto ambiental de 10 centavos adicionales por litro a las gasolinas Magna y Premium, por lo que el alza en este mes de enero fue de 19 y 21 centavos, respectivamente, mientras que para el diesel, el incremento fue de 24 centavos por litro.

Adicionalmente, un porcentaje importante de la clase media tendrá que pagar —a partir de enero— más impuesto sobre la renta; no podrán deducir todo lo que gasten en seguros de gastos médicos, consultas, operaciones y tratamientos terapéuticos; renta de autos y otros conceptos que antes podían efectuar. Se pagará  IVA sobre el alimento de las mascotas y la comida chatarra.

Otra medida que seguramente va a levantar dolores de cabeza —y hasta náuseas— es la obligación que se les impone a los pequeños comerciantes establecidos —los coloquialmente llamados “changarros”— de emitir facturas electrónicas.

Esta genial idea presupone que todos los comercios del país (carpinterías, misceláneas, pollerías, sastrerías, tlapalerías, panaderías, plomerías, etc.) tienen acceso a internet, computadora, impresora y que las saben operar.

Quienes diseñaron las reglas de operación de esta obligación olvidaron salir antes a la esquina de la calle para investigar si era real y factible que los comerciantes referidos, tengan las condiciones económicas y las aptitudes necesarias para poder emitir facturas electrónicas. A los microempresarios les representará un considerable costo de inversión dicha medida.

Imagínese, querido lector, si será esto posible de realizar, en lugares apartados del territorio nacional, como la sierra de Zongolica o en la región mixteca, cuando muchas veces no tienen ni para teléfono y el nivel educativo de quienes ejercen ese tipo de comercio es muy elemental.

Entiendo que las autoridades hacendarias ya concedieron una primera prórroga de tres meses para comenzar a exigir dicha facturación, pero se antoja muy difícil que en tan breve lapso se pueda lograr. Esta obligación puede tener un efecto contraproducente que, lejos de lograr tener un padrón ordenado de contribuyentes, origine que muchos de esos comerciantes prefieran pasarse del lado de la informalidad.

Otro regalo de Reyes Magos que los contribuyentes recibimos este año es el pago del IVA en el costo de la transportación foránea; y en el caso de la franja fronteriza, la homologación del 16% al resto del territorio.

En cuanto vayan pasando los días de la “cuesta de enero”, las reacciones se irán presentando con mayor efervescencia y las molestias, quejas y protestas no se van a hacer esperar.

Realmente el gobierno federal deberá hacer gala de eficiencia, eficacia y sensibilidad política para hacer sentir, de manera rápida, a la ciudadanía, que los mayores tributos están siendo gastados con honestidad, trasparencia y sin derroches.

Pero, a pesar de esta cruda realidad, a todos los lectores de Excélsior, les deseo un año 2014 bienaventurado.

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