Aires de esperanza

La gran actuación de los tres protagonistas salva la película

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Pedro Cárdenas 23/03/2014 00:06
Aires de esperanza

Jason Reitman nos trae otra película de amor. Sin embargo, el amor que muestra su nuevo filme significa dolor y salvación para una mujer que no estaba muerta, pero se había olvidado de que estaba viva. La cinta es una adaptación de la novela de Joyce Maynard. Nos sitúa en Estados Unidos en 1987 en New Hampshire. Adele (Kate Winslet) es una mujer que ha perdido la ilusión por vivir. Las cuatro paredes de su casa son una cárcel en la que Adele, abandonada por su marido, prácticamente depende de su único hijo Henry (Gattlin Griffith), un adolescente de 13 años que se esfuerza en hacer que su madre consiga seguir adelante. Hasta que aparece Frank (Josh Brolin), que pese a ser un prófugo de la justicia puede que sea el antídoto que necesita Adele. La película trabaja con los principios de ansiedad, depresión y codependencia, todos experimentados por Kate Winslet, quien interpreta su papel a la perfección. La actuación de Gattlin también es acertada. La forma en que Henry ve la relación con su madre es interesante, pues deja ver la frustración del niño por no ser un hombre todavía, sin embargo Jason Reitman opta por moderar la complicada relación fraternal. A la mitad del largometraje, el filme se transforma en un drama romántico plano, lo que hace que confunda al espectador. La película se alenta bastante. Reitman se estanca con la trama y crea un melodrama predecible, no hay rastro de ironía, humor negro ni suspenso. El largometraje no es considerado malo, ya que la gran actuación de los tres protagonistas la salva y la historia es original. Está bien hecha a nivel técnico y con una buena banda sonora aunque usan una canción más veces de las necesarias. En ocasiones no pasa nada, y no se puede evitar caer en el aburrimiento. Asimismo, aunque los flashbacks son esenciales para explicar la narrativa de tiempo presente, son excesivos.

No obstante, te deja con un buen sabor de boca aunque muy hollywoodense el final. La moraleja de la película es que la gente puede cambiar y aprender de cada una de las relaciones que se nos presenten.

 

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