Muchas leyes, pocas nueces

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Pascal Beltrán del Río 05/06/2014 01:15
Muchas leyes, pocas nueces

En México existe la desafortunada tendencia de aprobar leyes para resolver problemas.

Eso tendría algún sentido si la promulgación de la ley diera lugar automáticamente a acciones correctivas, pero la mayor parte de las veces la legislación queda en letra muerta mientras el problema echa raíces.

Hoy se discute qué leyes deben ser aprobadas o modificadas para acabar con el bullying, igual que hace unos meses se decidió enfrentar la violencia en los estadios simplemente con otra norma.

Podría citar muchos ejemplos de leyes que se promulgaron o se reformaron en función de alguna coyuntura —generalmente para acallar un escándalo público—, pero me detendré en una sola.

A finales de 2008 entró en vigor una modificación a la Ley General de Salud para reconocer los derechos de los pacientes con enfermedades terminales.

Las reformas y adiciones en materia de cuidados paliativos, que fueron aprobadas por 368 votos a favor y uno en contra en la Cámara de Diputados, brindaron a los enfermos terminales el derecho de solicitar la suspensión voluntaria de aquellos tratamientos curativos que pretenden inútilmente prolongar su vida y comenzar otro tratamiento para mitigar el dolor u otros síntomas de la enfermedad e incrementar así la calidad de vida del paciente.

Los cambios también ordenaron la atención médica integral del enfermo terminal y de su familia, por parte de un equipo multidisciplinario responsable de otorgar cuidados paliativos.

Éstos fueron definidos en la ley como “el cuidado activo y total de aquellas enfermedades que no responden a tratamiento curativo; el control del dolor, y de otros síntomas, así como la atención de aspectos sicológicos, sociales y espirituales”.

Entre los derechos que el legislador dio a los enfermos terminales está el “solicitar al médico que le administre medicamentos que mitiguen el dolor”, así como “optar por recibir los cuidados paliativos en un domicilio particular”.

Todo lo anterior suena muy bien. La redacción tiene un sentido de humanidad y se hizo conforme a las tendencias internacionales en la materia, reconocidas por la Organización Mundial de la Salud. Pero, en realidad, los derechos otorgados —como sucede en muchos casos en México— se han quedado en el papel.

En julio de 2010, año y medio después de promulgada la reforma, el doctor Gustavo Montejo Rosas, jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos y Clínica del Dolor del Hospital Civil de Guadalajara, señaló que México tenía un retraso de 40 años de rezago en cultura paliativa, en comparación de países donde hay una especialidad de la medicina enfocada a dichos cuidados.

En la zona metropolitana de la capital jalisciense, había cinco equipos para brindar cuidados paliativos a los enfermos, cuando en realidad era necesarios mínimo 16, señaló Montejo.

Otra especialista, la sicóloga Cristina González, del Hospital General de México, en un texto coescrito con otros colegas el año antepasado sobre el estado de los cuidados paliativos, apuntó que en nuestro país “es poco su impacto”; e informó que la visita domiciliaria realizada por parte de esa institución se reanudó en 2011, por mandato de la ley, pero que apenas había alcanzado las 20 visitas entre enero y mayo de 2012.

Hay que decir que el Civil de Guadalajara y el General de México son dos de los hospitales en el país que más han avanzado en el otorgamiento de cuidados paliativos.

Otro de ellos es el Instituto Estatal de Oncología de Veracruz, en Xalapa, donde labora el especialista José Germán Matla González.

En charla telefónica, me dijo que “apegándonos a la legislación de 2008” y a las necesidades de un país donde fallecen 80 mil personas al año por cáncer no existen las unidades de cuidados paliativos que debería haber.

“Hay muy pocos estados que han hecho esa labor. Generalmente ha sido por iniciativa propia y no por cumplimiento de la normativa”, comentó.

De entrada, faltan especialistas, como algólogos. “Aquí en el estado no debe de haber más de diez”, afirma el doctor Matla, cuya unidad, al máximo de su capacidad, atiende actualmente a cinco enfermos terminales.

Veracruz es de los pocos estados que se ha dado a la tarea de capacitar a médicos, enfermeras y trabajadoras sociales en cuidados paliativos.

Un tanatólogo que conocí hace unos años por un caso de enfermedad en la familia me dijo algo que me dejó marcado: “Ningún paciente terminal tiene por qué sufrir dolor. Existen los medicamentos para evitarlo, aunque hay que buscarlos en el mercado internacional. Y también existen intervenciones quirúrgicas cuando los medicamentos no son suficientes”.

La pregunta es por qué, si lo mandata la ley, los cuidados paliativos no están llegando a todas las personas que los requieren. Incluso, por qué los fármacos y la atención están muchas veces sólo a disposición de las personas que pueden pagarlos.

Además de los enfermos de cáncer, la atención para superar el dolor es requerida crecientemente por pacientes con males coronarios, renales, crónico evolutivos y de inmunodeficiencia.

Sin embargo, en éste y en otros casos, los legisladores quedan satisfechos cuando aprueban leyes que los hacen ver bien ante la opinión pública, aunque no les importe que la ampliación de derechos no esté apoyada en el otorgamiento de recursos y la existencia de normas oficiales o políticas públicas que hagan realidad esos derechos.

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