Serenidad y paciencia

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Pascal Beltrán del Río 08/04/2014 01:45
Serenidad y paciencia

Mientras el gobierno federal intenta concluir la pacificación de Michoacán, la situación de inseguridad en los estados de México, Morelos, Guerrero y Tamaulipas muestra que la lucha contra la delincuencia organizada requerirá de persistencia.

Como he comentado aquí en diversas ocasiones la inestabilidad en el estado norteño remonta a la detención del capo Juan García Ábrego, hace 18 años, pero ha producido rachas de violencia cada vez que se pone en duda el control que ejerce el grupo hegemónico en turno dentro del cártel del Golfo.

Tamaulipas vive hoy las consecuencias de la caída de dos personajes que habían intentado recoger los pedazos del cártel que quedaron sueltos tras de las detenciones de Osiel Cárdenas Guillén, en 2003, y Jorge Eduardo Costilla Sánchez, en 2012, y la muerte de Ezequiel Cárdenas Guillén, en 2010. 

A finales de febrero pasado, cayó en Taxco Javier Garza Medrano, El Porrón o Comandante 14, quien tomó partido por Costilla Sánchez en la lucha que éste entabló con la familia Cárdenas Guillén para hacerse del control de la organización.

De 36 años de edad, Garza Medrano se encontraba en la ciudad guerrerense para participar en una competencia de motocross. Fue detenido, junto con cinco acompañantes, en el hotel Posada de la Misión. De acuerdo con la Comisión Nacional de Seguridad, su detención se dio gracias a una llamada anónima al número de denuncia 088.

A decir de fuentes de seguridad, Garza Medrano era el jefe del cártel del Golfo en los municipios de Tampico, Ciudad Madero, Aldama y Altamira. Visitaba frecuentemente la Ciudad de México para coordinarse con el grupo delictivo La Unión de Tepito. De hecho, dos presuntos miembros de esa organización también fueron detenidos en Taxco.

Había obtenido el liderazgo en la zona metropolitana de Tampico tras de la detención, en Guadalajara, en septiembre de 2012, de Juan Gabriel Montes Zermeño, Gaby Montes o Sierra, lugarteniente de Mario Cárdenas Guillén, capturado unos días antes en Altamira.

La otra detención que produjo la extrema violencia que se ha visto desde principios de este mes en Tamaulipas fue la de Jesús Alejandro Leal Flores, El Simple o El Metro 24, de 31 años de edad. Detenido el martes 1, éste había reemplazado en el liderazgo en Reynosa a Mario Armando Ramírez Treviño, El Pelón o X20, quien fue detenido en agosto pasado.

Un fenómeno que se puede observar de los hechos recientes en Tamaulipas es que los presuntos líderes son cada vez más jóvenes y que sus periodos de mando son de más en más cortos.

También llama la atención que, a diferencia de sus predecesores, estos dos cabecillas fueron detenidos mientras departían con amigos, aparentemente distraídos de sus actividades delincuenciales.

Al momento de las detenciones de Garza Medrano y Leal Flores, al menos media docena de personajes se aprestaban a pelear por sustituirlos en el liderazgo en Tampico y Reynosa, respectivamente.

Oficialmente se habla de 21 muertes ocurridas el pasado fin de semana en diferentes municipios de Tamaulipas —Ciudad Mier, Miguel Alemán, Tampico y Ciudad Madero—, en lo que parece ser el reacomodo de grupos delictivos en la frontera y el sur del estado. Otras versiones ponen la cifra de asesinados en varias decenas.

Lo cierto es que la violencia trastocó la vida de la población civil. Ayer lunes se registró un ausentismo de 50% en las escuelas de Tampico, de acuerdo con medios locales.

Los hechos de este fin de semana muestran que la tranquilidad no volverá por decreto a los estados azotados por la criminalidad.

A diferencia del sexenio pasado, parece haber una mayor coordinación entre autoridades estatales y federales, pero no existe solución sencilla.

Incluso la decisión del gobierno federal de intervenir directamente en Michoacán está probando ser más complicada de lo que se preveía, dadas las resistencias al desarme que ahora se están encontrando entre los grupos de autodefensa.

Al principio del sexenio, el gobierno federal intentó que el combate contra la delincuencia no fuera el tema dominante de su agenda, como claramente lo fue el sexenio pasado, pero la inseguridad ha probado ser obstinada y ha requerido una atención creciente.

En esta lucha no queda más que tener serenidad y paciencia, así como la disposición de ajustar la estrategia cada vez que los hechos lo hagan necesario. Y siempre aplicar la ley.

Afortunadamente, Sinaloa no se ha descompuesto a raíz de la detención de El Chapo Guzmán, como muchos esperaban, pero Tamaulipas parece tener su propia dinámica: la atomización de los grupos delictivos y la sustitución de los liderazgos por personajes cada vez más jóvenes y viscerales.

Por ejemplo, en Tampico el enfrentamiento del fin de semana se dio entre los grupos liderados por dos personajes conocidos simplemente como La Chiva y La Sheila.

Y no hay que perder de vista que viene mayo, el mes con mayor número de asesinatos dolosos en la mitad de los años de 2001 a la fecha, incluyendo 2011 y 2012.

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