Lo confuso…

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Paola Domínguez Boullosa 14/05/2014 00:03
Lo confuso…

                Los conceptos están incluidos en las palabras.

                Henri Bergson

 

Hay asuntos que merecen mucho menos tiempo de aquel que le invertimos… y obsesionados, intentamos hacernos entender, sin comprender que no es a nosotros a quien no se nos entiende o sí, sino más bien al concepto mismo que encierra nuestras palabras.

Más allá de las deficiencias o habilidades con las que todos podamos contar en el momento de transmitir una idea, se nos olvida que para hacernos entender, primero debemos tener bien claro la definición del concepto que deseamos sea comprendido o aquel que deseamos transmitir.

Porque hay temas, muchos y variados, que requieren, ante todo, de una definición de conceptos, esto quiere decir —en primera instancia—, que es necesario saber qué idea y definición tenemos y tiene la otra persona del concepto en cuestión, a esto se le llama “qué entiendes por entiendes” en el argot del coaching. Y créame es sumamente necesaria su práctica.

Las experiencias personales tienen ese enorme poder de redefinir los conceptos y las definiciones de la lexicografía tradicional, se puede decir que los seres humanos somos expertos por necesidad o simple sutileza en alterar las definiciones semánticas según la práctica de ciertas palabras en nuestra vida. Por eso, lo que para uno significa una cosa, para otro no lo es.

Y esta práctica tan común suele llevarnos a tomar decisiones equivocadas, compromisos involuntarios y a promesas fallidas, y sobre todo a expectativas falaces que terminan por sucumbir ante la realidad del concepto del otro. Porque lo cierto es que cada uno de nosotros entendemos la vida y la describimos a partir de nuestra propia experiencia, por eso la justicia tiene tantas definiciones y tantos límites, o no… como la infidelidad…

Así, hoy lo invito a poner en práctica la conceptualización de aquellas cosas con las que negocia en su vida, porque en la medida en que pueda definirlas en su amplitud y limitantes, es probable que comience a experimentar acuerdos más sanos y confiables. Y cerciórese de conocer también las conceptualizaciones ajenas.

No existe nunca un buen acuerdo que evite pronunciarse sobre las bases del mismo, no hay acuerdos válidos cuando se intenta dar por sentado lo primordial, lo prioritario. Por eso, cerciórese de conocer las bases y la definición de los conceptos de todos los compromisos que asuma en su vida.

Aclare y defina antes de que el tiempo se encargue de hacerle comprender a usted y al otro del error en el que incurrían al pensar y sentir, que pensaban y sentían, lo mismo con respecto a algo. Porque nadie puede definir ni comprender las cosas en la magnitud que usted las comprende, como tampoco usted puede hacerlo con respecto a las definiciones ajenas, por eso pregunte: qué entiendes por entiendes, porque solemos entender cosas que no son, en nuestro afán de complacer nuestros propios intereses.

Y no... resulta ser que la vida no se construye de definiciones ambiguas tratándose de asuntos importantes, la ambigüedad no puede formar parte de aquellos acuerdos que exijan de usted un compromiso voluntario. Nada pierde con cerciorarse de que las definiciones coincidan, a lo menos así podrá saber los alcances de aquello a lo que desea obligarse.

Imagine por un instante todas las discusiones y malentendidos que pudiera haberse evitado si se hubiese tomado el tiempo de dar a conocer y conocer los conceptos prioritarios que erigen la vida y las acciones propias y ajenas… mucho, mucho tiempo…

Cada vida es una redefinición de conceptos y la propia vida también lo es a cada instante, porque todos, todos los días tenemos la oportunidad de experimentar y redefinir aquello que nos distingue y nos es prioritario, por eso nunca confíe en que el otro conoce sus conceptos ni tampoco confíe en que usted sabe los conceptos sobre la vida de los demás, porque si bien, todos tenemos una somera idea sobre lo que puede ser o no… es sólo eso, una idea simple y poco clara de lo que el otro es.

Conózcase y conozca más aquello que define su vida y la vida ajena, porque solo así podrá esperar que se cumpla con lo acordado. No pierda más tiempo en discusiones sin sentido, si no está de acuerdo en la definición de los conceptos ajenos puede respetarlos, rechazarlos o encontrar la manera más inteligente de redefinir en común un concepto nuevo que satisfaga ambas necesidades, al final de eso se tratan los acuerdos que ofrecen buenos resultados… tener las reglas claras del proceder, empezando por los conceptos que encierran sus palabras.

Como bien decía Goethe: “Los sentimientos delicados que nos dan la vida yacen entumecidos en la mundanal confusión…” Y ahí seguirán mientras no se tenga la valentía suficiente para preguntar lo que el otro entiende por lo que está diciendo, si somos nosotros quienes escuchamos, hay que conocer exactamente qué se nos quiere transmitir, para poder elegir qué palabras se usarán en respuesta. Mientras, seguiremos confundidos en el juego de palabras que termina siempre en el intento de defender lo indefendible, de parecer que se cree lo imposible y en sentir que se siente lo mismo, aunque nunca lo queramos consentir.

Usted elije si la confusión le parece placentera o simplemente respeta y se retira… porque hay conceptos incluidos en palabras que no vale la pena aceptar… o sí… usted elige...

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